En una elección presidencial histórica, el líder izquierdista Andrés Manuel López Obrador se impone hoy en México por una amplia ventaja según las primeras encuestas a boca de urna, y le imprime así un giro ideológico inédito a la segunda economía de América Latina, impulsado por el hartazgo de los mexicanos con la corrupción, la violencia y la desigualdad, y su palpable frustración con los partidos políticos tradicionales.

López Obrador, "AMLO", como es conocido, líder del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), se impone en la contienda por suceder al presidente Enrique Peña Nieto y obtiene el 49% de los votos, según un sondeo del diario El Financiero.

AMLO sacó una amplia ventaja sobre Ricardo Anaya, candidato de una coalición liderada por el derechista Partido de Acción Nacional (PAN) y el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), y José Antonio Meade, candidato oficialista del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Bloomberg y Consulta Mitosfky anticipan un resultado para el izquierdista entre un 43 y 49% de los votos; entre un 23 y 27% para Anaya. Sobre Meade, se afirma que obtendrá entre un 22% y un 26%; el candidato ya reconoció la derrota y dijo que López Obrador "ganó la mayoría de los votos".

Envuelto en una tensa espera, México aguarda la llegada de los primeros resultados oficiales del Instituto Nacional Electoral (INE), el llamado "conteo rápido", para confirmar la tendencia de las encuestas. Decenas de miles de mexicanos comenzaban a poblar el Zócalo, en el centro de la ciudad, para festejar el nuevo panorama político que dejaban las urnas.

Tras una contienda teñida por la violencia, la "campaña sucia" y la polarización del país, López Obrador comenzó a retocar su discurso al ensayar un llamado a la unidad, al afirmar, luego de votar, que el país debía iniciar una "etapa de reconciliación nacional".

"Se va a decidir entre más de lo mismo, o un cambio verdadero", sentenció López Obrador, al emitir su voto. Era su tercer intento por la presidencia, tras las derrotas de 2006 y 2012.

Horas después, millones de mexicanos le daban un triunfo, le asestaban un cachetazo al PRI y al PAN -a los que muchos ponen en la misma bolsa bajo el nombre "PRIAN"- y terminaban de construir un vuelco político jamás visto en México: por primera vez, la izquierda se encaminaba a capturar el poder, y se preparaba para gobernar al país desde Los Pinos.

"Los que llevamos tiempo en esto tenemos la esperanza de que ya haya un cambio, porque ya estamos hartos de todos los partidos. Sobre todo el PRI", afirmó, un rato despues de votar, Elva Martínez Muñoz, 55 años, profesora de educación física. Toda su vida a la izquierda. Admira a Cristina Kirchner y a Dilma Rousseff. Y es devota seguidora de Andrés Manuel López Obrador, de quien elogia "su honestidad, su franqueza", y a quien ve con "con mucha actitud para hacer un cambio", dijo, mientras esperaba a que saliera de uno de los bunker de Morena en la ciudad. Tras años decepciones, a esa hora ya estaba más cerca que nunca antes de festejar el desenlace de una elección.

"Vamos bien, vamos bien, vamos bien. Vamos a esperar el resultado", dijo López Obrador al salir en auto de esa oficina de Morena, en el barrio de Roma Norte de la ciudad. Ante una pregunta de La Nación, dejó un saludo para la Argentina, y dijo que espera tener una "buena" relación con el Presidente Mauricio Macri.

Desde muy temprano, más de 89 millones de mexicanos comenzaron a darle forma a una participación electoral que apuntaba a ser inédita, impulsada por los jóvenes, que representaban casi el 40% del padrón. El voto "millennial" apuntaba a ser decisivo para torcer al resultado de la contienda. El país eligió una cantidad inédita de cargos -3400, incluido el presidente, 128 senadores, 500 diputados, y alcaldes, gobernadores y legisladores locales-, tras una campaña teñida de sangre en la que fueron acribillados más de 145 políticos, según la consultora Etellekt.

Atentos a los históricos temores a un fraude -que parecían disiparse a medida que transcurría la jornada electoral-, los partidos inscribieron a 2,7 millones de fiscales, y hubo miles de observadores extranjeros desparramados por todo el país.

Preocupados

Ignacio Casas, un argentino de 42 años, casado con una mexicana, quien vive desde hace una década en México, votó ayer por primera vez en una elección presidencial en el país. Como otros mexicanos, dijo que se sentía "un poco preocupado" por el ascenso de López Obrador. Había votado por Ricardo Anaya, quien lideró una atípica coalición integrada por el PAN, el partido tradicional de la derecha, con el partido de la izquierda que dejó López Obrador, el Partido de la Revolución Democráctica (PRD).

"Me parecía la opción más razonable", dijo Casas. "No sabemos qué va a pasar, y ese es en gran parte el motivo de la preocupación", agregó.

Muchos mexicanos decidieron su voto el mismo día de la elección. Era el caso de Eduardo Corona y Cristina Escalante, ambos de 25 años, quienes discutían por quién volcarse mientras miraban el partido entre España y Rusia por los octavos de final del Mundial. Antes de ir a las "casillas de votación", se inclinaban por un "voto útil": Anaya, a quien las encuestas colocaban en el segundo lugar. Ninguno veía con buenos ojos a López Obrador, pero tampoco estaban convencidos con el resto de los candidatos.

"No me interesa que gane Andrés Manuel, para nada. Va a traer incertidumbre al país. No quiero ser Venezuela", dijo Corona, expresando un temor arraigado en una fracción del electorado. "Si logra la mayoría en el Congreso, estamos perdidos", afirmó.

Cerca de las oficinas de Morena, en el barrio Roma de Ciudad de México, Kirén Miret, 38 años, periodista de El Financiero, era una de las mexicanas que iba a votar por primera vez a López Obrador. Descreía de las advertencias populistas que muchos lanzaban sobre el líder de Morena. "Él quiere trascender como la persona que cambió a México", afirmaba.

Miret dijo que el país llegó muy polarizado a la elección en busca de "un cambio de fondo" tras el enroque que protagonizaron el PRI y el PAN en el poder este siglo. Era difícil encontrar en la Ciudad de México -bastión de López Obrador- a alguien que se volcara por el candidato oficialista, José Antonio Meade, quien debió cargar con la pesada herencia que dejó el presidente Enrique Peña Nieto.

"Es un momento irreconciliable con el PRI", dijo Miret. "Tuvimos la oportunidad de la alternancia, pero el PAN lo hizo muy mal. El voto castigo tiene que hacerse presente y por eso AMLO tiene tanta ventaja", describió. Anoche, esa ventaja comenzaba a transformarse en realidad.

Fuente: La Nación.

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