Los asalariados son los grandes perdedores de 2018. El proceso devaluatorio y la inflación, que volvieron a trepar a niveles históricos de 2002, provocaron directamente una pérdida del poder adquisitivo en las familias que no pudieron ser compensadas siguiera con el mejor de los acuerdos paritarios. Por ello, el resultado se perfila para un 17 a 0.

La caída del salario real no es un invento. Hasta el propio Gobierno admite el problema a través de la información publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos -Indec-. Según el último informe, los sueldos registran una caída promedio de 16,8 puntos porcentuales en términos interanuales y se proyecta para cerrar en 17% acumulado este año.

Claramente, no hay recomposición salarial que alcance a morigerar el impacto de la suba de precios o, dicho de otro modo, de la pérdida de valor de la moneda nacional. Las familias hoy compran menos con lo que ganan y esto obliga puertas adentro a cambiar los hábitos de consumo, con el cinturón más apretado y sin llegar a fin de mes en el peor de los casos. Sin dudas, el partido está perdido.

Con o sin intención, la administración de Cambiemos es responsable de esta situación por los desbarajustes macroeconómicos. De hecho, salieron a reconocerlo desde el momento en que otorgaron a beneficiarios sociales una compensación en dos partes y propusieron a los sectores privados pagar un bono de fin de año para aliviar el impacto de los bolsillos adelgazados y calmar la tensión gremial propia de esta altura del año.

El ajuste está hecho y los costos laborales ya bajaron. En cierto sentido, era un histórico pedido de parte del sector empresario que lo viene reclamando, pero que ahora debe afrontar las consecuencias de una recesión, que achica el mercado interno, los obliga a a desprenderse de trabajadores y les pega donde más duele: la sustentabilidad misma de las empresas, sobre todo las pymes.

Lo grave de este partido es que el resultado no termina en 2018. El arrastre de la derrota continúa en 2019, con una economía que seguirá deprimida y una inflación que en el mejor de los casos descenderá a 25% en el próximo diciembre. La recuperación de los salarios no será inmediata y se anticipa una larga batalla en los próximos años, que se disciplinará socialmente con el desempleo.

Indudablemente, el impacto en los sectores sociales más vulnerables es contundente. Con esta pérdida del poder adquisitivo, cada vez más familias cruzaron la línea de la pobreza y la indigencia. Y lo peor aún es que volver a recuperarse no será nada fácil, porque no sólo los asalariados perdieron el partido, sino que que muchos jugadores quedaron afuera.

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