Hay heridas que son para siempre. Y atrocidades difíciles de imaginarse. El caso de Agustín Cotal reúne estas dos características. Junto a su familia –padre, madre y cuatro hermanos– llegó desde la provincia de Buenos Aires para instalarse en la ciudad en 2003, cuando apenas tenía siete años.

Hizo toda una vida en Gualeguaychú, donde ahora se animó a decir su verdad. Esa que dejó plasmada, hace un par de años en la Policía y poco tiempo después en la Fiscalía de Gualeguaychú.

Los abusos de mi hermano mayor comenzaron cuando él tenía 15 y yo 7 años. Cuando dormía, se acercaba, me bajaba la ropa y empezaba a manosearme. Cuando me bañaba se metía en la ducha conmigo y obligaba a pararme, ponerme contra la pared y así practicarle sexo oral”, contó el joven a El Día.

“También entraba desnudo en la pieza sabiendo que yo estaba ahí, y se repetía la misma secuencia, obligándome a hacer lo mismo. Esto era constante, dos o tres veces por día. Mis padres trabajan todo el día y depositaban toda la confianza en mi hermano por ser el mayor, quien debía ‘cuidarnos’. La casa era grande, entonces había lugar y tiempo para que él hiciera todo esto las veces que quisiera”, relató Agustín, quien todavía sufre las secuelas de los abusos sufridos.

Aún siento dolor, imagínate… tenía 7 años. Dolor físico, y por el hecho de ver cómo mi propio hermano hacía todo eso conmigo. También sentía enojo por no poder reaccionar, ¿qué podría hacer un nene tan chico? El miedo no me dejaba pensar, ni actuar. Él era un monstruo para mí”.

¿De chico nunca pudiste contarlo?

-Nunca tuve a nadie en quién poder descargar todo esto. Sentía que no podía gritar, no podía sacarlo de mí. Tampoco sabía cómo afrontarlo. Hasta el día de hoy me cuesta demasiado hablar de esto. Recién logré hacerlo hace dos años y medio, a los 22, con quien era mi pareja. Tuve que contarle porque comencé a tener ataques de pánico. Sólo pude decirle que mi hermano abusaba de mi cuando era chico, sin más detalles. Pero ese día me sentí más aliviado que nunca. Ya no me sentía tan solo como antes.

-¿Qué pasó cuando hablaste?

-Al dar a conocer la verdad mis familiares le preguntaron sobre lo ocurrido, y él se limitó a decir que ‘era muy chico’, que no se acordaba lo que había pasado. Esto me afectó mucho en cuanto a mi seguridad y confianza. Me cuesta horrores confiar en la gente que trata de acercarse, porque si alguien de tu propia familia hace esto, ¿es posible confiar en alguien que no conocés?

Recién logré hacerlo hace dos años y medio, a los 22, con quien era mi pareja. Tuve que contarle porque comencé a tener ataques de pánico. Sólo pude decirle que mi hermano abusaba de mi cuando era chico, sin más detalles. Pero ese día me sentí más aliviado que nunca.

-¿Por qué decidiste hacerlo público ahora?

-Hace 1 año y 4 meses hice la denuncia en la Fiscalía de Gualeguaychú y sigue todo igual, no ha pasado nada. Yo solamente busco justicia, que pague lo que tenga que pagar… Todo el tiempo me pregunto por qué no reaccioné antes, por qué no tuve valor, por qué mi familia no logra creerme, simplemente dicen entenderme, aunque nadie que no lo haya vivido en carne propia puede entenderlo. Pero hoy a pesar de eso, tengo a mi hermana mayor, mi amiga y a mi pareja acompañándome en este proceso. Eso me hace bien, me da fuerzas.

-¿Qué ves cuando mirás ese pasado?

-Nunca sentí merecer que mi propio hermano haga todo lo que hizo. Sí, sentía culpa por no tener valor de hacer algo al respecto, no me animaba, pero me di cuenta que solamente era un niño, y que generalmente no somos capaces de decir muchas cosas por miedo, por temor a que no nos crean.

Cuando era chico, en el fondo lo sabía pero lo ocultaba. Pero hoy afirmo que siempre fui víctima, víctima de una persona mayor que yo, que sí discernía lo que estaba bien y lo que estaba mal. Siempre sentí que estaba solo para todo. Fingiendo que estaba bien, pero destruido por dentro. Tuve y sigo teniendo ataques de pánico, no entendía qué me estaba pasando hasta que un médico y una abogada que me aconsejaban y asesoraban sobre la denuncia me dijeron de qué se trataba.

-Todos los días convivís con eso…

-Tengo mucho miedo a estar solo. Necesito estar con alguien al lado para no sentir soledad, porque mi cabeza empieza a pensar y recordar todo lo vivido. He llegado a querer quitarme la vida, no quería sentir más dolor.

Hoy es diferente, me siento acompañado y necesito que se haga justicia. También me siento fuerte para decirle a quienes han pasado o están atravesando cualquier tipo de abusos que tomen coraje, que sean valientes y hablen. Con una persona al menos. Pero no se queden callados, no se lo guarden, porque estas cosas nos destruyen un poco cada día. Sin hablar es imposible empezar a sanarse.

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