En el marco del Ciclo de Charlas Periodísticas 2019 organizadas por la Revista Análisis, Canal 9 Litoral y el Hotel Howard Johnson Mayorazgo, este viernes expusieron las periodistas Mariana Carbajal (Página/12) y Miriam Lewin (Todo Noticias) sobre "Abusos y poder en la sociedad". La oportunidad también recogió la presentación del libro "Yo te creo, hermana", de Carbajal. La jornada se realizó en el salón del 8° piso del Hotel.

Presentadas por la periodista local Evangelina Ramallo, primero Carbajal tomó la palabra para hablar sobre la obra de la que es autora, que incluye como uno de los testimonios el de la propia Lewin como sobreviviente de dos centros clandestinos de detención y víctima de violencia sexual.

Estamos en un momento en el cual vivimos una revolución; tal vez no tomamos dimensión. Y es a partir del activismo, el florecimiento de los feminismos, que están queriendo cambiar todo. Y una de las características es que los reclamos de las mujeres y las disidencias están permeando en todos los ámbitos. Se meten. Tengo la imagen del agua que penetra y pasa por debajo de la puerta y nada lo frena”, introdujo la periodista referente de la temática de género, quien recordó que se está a la víspera del 34° Encuentro Nacional de Mujeres “que ha sido un semillero para generar conciencias”.

“La lucha por nuestros derechos tiene un recorrido, una genealogía. El `Ni una menos´ tal vez lo que hizo fue encontrar cohesión en un reclamo en el cual la sociedad se puso de pie y acordó que era el momento de decir basta a la violencia machista, a los femicidios, y a partir de ahí se abrió otra puerta”.

Recordó luego que en 2014 publicó el libro Maltratadas. Violencia de género en las relaciones de pareja, a partir de la historia cercana de una amiga. “Eso me llevó a escribir el libro, porque supe que todavía es necesario hablar del tema y seguramente a muchas mujeres le va a servir. Salió un año antes del `Ni una menos´”, recordó. Tras esa obra, siguió Yo te creo, hermana, que se dio en un contexto donde comenzaron a realizar denuncias distintas mujeres por abusos de músicos de rock; el movimiento No nos callamos más, y del caso Thelma Fardin.

“Fue la idea de armar este relato coral, una especie de caleidoscopio, donde mi voz no aparece más que en la introducción para darle voz a otras que tienen voz, pero que a veces no se las quiere escuchar; y con la idea de tejer en estas historias y mostrar las violencias más diversas, los micromachismos, discriminaciones más sutiles, esas que naturalizamos”, subrayó. Y trajo a colación lo sucedido esta semana con el periodista Guillermo Andino, quien relató que había acordado la fecha de nacimiento de una de sus hijas con el obstetra, aunque luego salió a aclarar que no sucedió de tal modo. Sobre esto, Carbajal puso la mira en el punto de: “Cómo lo cuenta, ni siquiera él tomó conciencia del impacto que podía tener. Y hoy nos damos cuenta, yo lo agradecí ayer por Twitter, porque gracias a él muchas personas se dieron cuenta de la existencia de la violencia obstétrica, y que está escrita desde hace 10 años en una ley, pero existía de siempre”.

“Estamos en un momento en que parte de esta revolución que estamos viviendo los focos del mundo están viendo qué esta pasando acá, desde que impacta en el fútbol y tenemos por primera vez fútbol profesional femenino a partir del reclamo de una jugadora sobre sus derechos laborales; o que en los sindicatos hay comisiones de género. Sabemos que todavía falta mucho”, destacó.

El libro busca que sea un espejo para otras mujeres, donde puedan leer que lo que les pasó, porque algo de eso les pasó en la vida. Pero también para los varones, con la idea de que por ahí puedan tomar conciencia de sus conductas. Estamos en un momento en que nos estamos replanteando conductas, actitudes, y puedan también reescribirse. Y para que entiendan, nos entiendan, por qué a veces estamos tan enojadas cuando salimos a la calle”, expresó.

“Soy un capítulo vivo del libro de Mariana”

A su turno, Miriam Lewin contó su duro testimonio: “Yo soy un capítulo vivo del libro de Mariana. Ella me entrevistó porque soy sobreviviente de una situación que atravesamos muchísimas mujeres en la época de la dictadura. Algunas podemos contarlas, otras desgraciadamente no, otras mujeres están desaparecidas. Soy sobreviviente de dos centros clandestinos de detención y durante mucho tiempo no tomé conciencia de que fui víctima de violencia sexual. Porque la verdad es que todas las mujeres que militábamos en la década del 70 dábamos por sentado que si éramos arrestadas, secuestradas ilegalmente, íbamos a ser violadas; era lo menos grave que nos podía pasar. Estábamos resignadas a que nos dieran un tratamiento diferente por ser mujeres, pero no de privilegio, sino al contrario, que fuéramos victimizadas, y así sucedió”.

“En su mayoría éramos adolescentes, y estar prácticamente estaqueada en una mesa, desnuda, torturada por un grupo de varones, no es lo mismo que para un hombre; no digo no que era duro para ellos, pero es evidente que la situación vejatoria, la profunda vergüenza que genera escuchar comentarios sobre nuestros cuerpos; el hecho de que nos obligaran a bañarnos, cuando nos dejaban bañarnos, con la puerta abierta bajo la mirada de un desconocido al que no podíamos ver porque estábamos de espaldas o teníamos un antifaz; o que nos colocaran la picana de maneja vejatoria en el interior de nuestros órganos sexuales; o hacer nuestras necesidades con la puerta abierta para vigilarnos, todo esto tiene evidentemente una mayor intensidad en la psiquis o subjetividad de la mujer que de un varón”, explicó.

Y remarcó: “Por eso nosotras durante mucho tiempo también guardamos silencio sobre lo que nos había ocurrido, porque confundíamos la situación de tortura, como después lo hizo la Justicia, con esta situación de violencia sexual”. Luego de que la Corte Internacional de La Haya determinara “que los delitos sexuales cometidos en cautiverio o situaciones de guerra o de conflicto eran crímenes de lesa humanidad y no prescribían, y necesitan ser probados de otra manera, en Argentina, en los juicios que se reanudaron a partir de que cayeron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, se empezó a preguntar específicamente por orden del jefe de los fiscales si las mujeres habían sido víctimas o testigos de hechos de violencia sexual”, recordó.

La periodista trajo a colación también el libro que escribió junto a Olga Wornat, Putas y guerrilleras: “Creo que sentí la necesidad de volcarlo; recorre historias de distintas características, con distintos grados de violencia explícita contra las mujeres en los 70 en diferentes centros clandestinos, y llegué a la conclusión de que había sido una herramienta del Estado terrorista para disciplinarnos a las mujeres que nos habíamos corrido de esos lugares que ellos habían designado para nosotras, como madre, esposa, novia, la mujer sumisa que obedecía y seguía al marido”.

En una parte de su exposición, subrayó sobre la violencia sexual que sufrieron: “Yo pensaba que mediaba el consentimiento, hasta que me di cuenta que es imposible hablar de consentimiento dentro de un centro clandestino de detención, y que era imposible hablar de consentimiento para una mujer secuestrada, incluso estando ya en, entre comillas, libertad. Porque después de una violación, acoso, abuso, por parte de un integrante del grupo de tareas una no tenía dónde ir a hacer la denuncia, no había con quién hablar y ni siquiera nosotras como pares éramos una escucha entrenada, habilitada y sensible”.

Asimismo, señaló que “tuvo distintas formas la violencia sexual en esos años”. “No quiero dejar de hablar de lo que sucedía en el interior de las organizaciones supuestamente revolucionarias, que eran profundamente machistas. Había muy pocas mujeres que accedían a lugares de conducción, en general tenían menos grado dentro de las estructuras de la organizaciones y se las sometía a seguir a sus maridos cuando eran trasladados”.

Siempre nos decían que el feminismo era una desviación pequeño burgués porque el día que se hiciera la revolución, de hecho los derechos de la mujer iban a ser respetados y la condición de iguales que teníamos. Y ahora soy consciente de que esto no era y no es así”, observó.

“Muchas mujeres todavía guardan silencio, muchas llamaron a hacer un boicot al libro cuando lo sacamos, exmilitantes, porque son cosas de las que no se hablan. Incluso nos criticaron el título. Muchas mujeres enfermaron, porque no pudieron hablar, porque no pudieron reconocer que no hubo consentimiento. Y en esto hay mucho paralelismo con lo que les sucede a las víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes, médicos, docentes, etc; ese chico o chica que recibió un regalo, un pequeño privilegio... el abusador no avanza con violencia física en general, envuelve, seduce, lo hace cómplice, después se torna violento y a lo mejor amenaza para lograr el silencio”.

“El abusador logra que la víctima se sienta culpable, cómplice, que sienta vergüenza, y por eso el proceso es mucho más difícil y le cuesta más denunciar. Y una mujer privada de todos sus derechos en un centro clandestino de detención, que no sabe dónde están sus hijos o sus padres, y viene un hombre y la protege, le da un plato de comida, le dice que la va a hacer llamar a su casa, si ella acepta fantasea que hubo consentimiento, ella siente que le abrió la puerta al avance sexual de este hombre. Y el fiscal Pablo Parenti me dijo algo que siempre voy a recordar: dentro de un campo de concentración no se puede hablar de consentimiento, aunque la víctima dijo que lo hubo”.

Luego siguieron preguntas de la periodista Ramallo hacia las expositoras, y por parte del público, con lo cual siguieron dialogando sobre la perspectiva de género, el lenguaje inclusivo, el tiempo que toma poder poner en palabras las situaciones de dolor sufridas, entre otros.

Cabe recordar que la actividad forma parte de la agenda, que se desarrolla con entrada libre y gratuita, organizada por la Revista Análisis -en el marco de su 30° aniversario-, su sitio digital, Canal Nueve Litoral y el hotel Howard Johnson Mayorazgo.

El ciclo comenzó el 18 de julio con la presencia del dibujante y humorista gráfico Miguel Rep, que presentó su último libro: Evita, nacida para molestar. El 16 de agosto, en tanto, expuso el periodista Hugo Alconada Mon. El 13 de septiembre fue el turno del también periodista y escritor Miguel Bonasso.

Fuente: analisisdigital.com.ar

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