En la literatura griega la Fama era una divinidad que tenía varias bocas y orejas, en el apacible cielo no era bien recibida porque armaba lo que vulgarmente conocemos como quilombo. Porque la Fama se apoya en el rumor y lo desparrama, no importa si es cierto o no, la Fama con sus bocas, sus orejas siempre alertas y sus ojos cazadores difunde y hace viral las cosas que quiere, una primera versión más épica de Rial, Ventura, Canosa, Yanina Latorre o Ángel de Brito.

Ahora cuando hablamos de la fama, de lo famoso, también aparece la forma virtual, esa ventana desde alguna red social que hace que un nombre, un usuario, que con algunos seguidores se autoconsidere influencia para otrxs. Una fama autootorgada y alimentada de un discurso publicitario: te quiero convencer de mi vida hecha de sueños.

Lo interesante es que aunque no sigamos esos perfiles, se nos parecen. Algunxs pagan publicidad, entonces se filtran. Supongo que esa necesidad de fama en este sentido más bien ególatra trae detrás algunos beneficio: canjes de productos como hamburguesas, ropa, zapatos, cremas, etc.

A mí me divierte mucho este fenómeno a nivel local. He visto las stories de quince segundos una tras otra que se ven como rayitas mínimas en instagram, ahí hablan de cómo se levantaron, qué desayuno están tomando, hacia qué locales se dirigen. Cosas sin importancia en tono trascendental, voces deformadas por la exageración en querer sonar como se habla en la televisión BUEN DÍA, BUEN DÍA, ¿CÓMO ANDAN? POR AQUÍ DESAYUNANDO MANZANAS FLAMEADAS CON MIEL DEL VIVERO QUE TRAE ESTAS COSITAS. Enunciados incongruentes que me ensartan el anzuelo del morbo. Quiero ver más.

Entonces aparece la mujer que se mete al probador y dice este conjunto que es última tendencia, que queda impecable, esta crema que es increíble, estas botas que van con todo. Impecable, increíble, tendencia, imperdible son los adjetivos más usados. Es como un campo semántico acotado que sirve para cualquier cosa, desde lo más superficial, a algún alimento, como a una farmacia o alguna cuestión “medicinal” estética.

Después está el evento, algo que sucedía eventualmente era justamente que no tenía una fecha, podía ocurrir sin seguridad, ahora el evento se predetermina. Un uso que se corre del diccionario y que se instala hasta en los eventos culturales.

Un poema de Emily Dickinson dice:

¡Yo no soy Nadie! ¿Quién eres tú?

¿Tampoco eres Nadie tú?

Ya somos dos - ¡Pero no lo digas!

Ya sabes, luego se percatarían.

¡Qué terrible ser Alguien!

¡Qué público decir tu nombre

Cual Rana todo el santo día –

Para que un Tronco se asombre!

La literatura también está hecha de detalles domésticos, de escenas que abren la intimidad de los personajes, pueden ser también ficcionalizaciones de la vida ordinaria o creaciones artísticas como esas casas con cortinas que se levantan apenas como una falda gracias a la brisa del jardín. Lo que me resulta más interesante y que jamás me aburre es que el lenguaje que la construye siempre es rico, se expande, agranda sus posibilidades, no se reduce nunca a cuatro adjetivos alternativos para todo: esa imagen no es solo DIVINA.

En No soy un pájaro, un libro de poemas y cartas de Charlotte Brontë de la autora de Jane Eyre (1848), encuentro unos versos que dicen: "Y los días quizás pasen en alegre confusión/ y los atardeceres vuelen en sonrosada expansión/ mientras, perdidos en la Fama o en el Binestar/ de la ilusión/ el recuerdo del pasado quizás muera”

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