El aumento sostenido de ingesta de bebidas edulcoradas con azúcar convirtió al país en uno de los principales consumidores a nivel mundial. Los 137 litros anuales por persona significan un "aporte de 13 kg de azúcar”, señaló la Subsecretaría de Bienestar Ciudadano del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Además, en otro estudio realizado en 2016 por el Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil, se constató que "los argentinos incrementaron el consumo aparente de gaseosas y jugos en un 70% en los últimos 20 años”.

Esto es un verdadero problema en el marco de un país con 54% de su población con sobrepeso y obesidad. Es necesario mejorar los patrones de ingesta de líquidos e inclinarse por las alternativas más saludables, fundamentalmente el agua, que no aporta calorías ni aditivos.

Existe mucha evidencia científica que muestra que estas bebidas no producen saciedad, por lo que su alto consumo no disminuye la ingesta de otros alimentos y además, se incorporan calorías vacías que no aportan nutrientes, aportando por cada vaso entre 90 y 120 Calorías.

“La otra opción”

Las bebidas light o bajas en calorías son una buena opción para las personas que están “a dieta” porque reducen o no aportan calorías y en reemplazo del azúcar, se les adicionan edulcorantes no calóricos. Sin embargo, hay estudios que sugieren que el consumo de sustancias sustitutas del azúcar [como los endulzantes no calóricos] altera la capacidad del organismo de medir la cantidad de calorías que necesita obtener a través de los alimentos. Así, mientras nuestro sentido del gusto nos dice que estamos comiendo algo dulce y, por lo tanto, hipercalórico, nuestro cerebro sigue pidiendo más calorías y nos lleva a comer más favoreciendo el

El mejor aliado para quienes quieran bajar de peso o evitar aumentarlo sigue siendo el agua. Preferir aguas saborizadas caseras con combinaciones tales como limón y jengibre, pepino y limón, durazno, pomelo y romero, manzana verde y canela.

Por Natalia Cian, nutricionista.

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