El gobierno de Mauricio Macri dejará un país al borde de la quiebra. La verdadera "pesada herencia" será la que nos quedará a los argentinos luego de que cambie -o no- de color político el que conduzca la Casa Rosada.

Si Macri gana el ajuste será aún más feroz. ¿Por qué? En primer lugar porque el actual presidente y su equipo ya no toman ninguna medida en materia económica. Desde mediados del año pasado el Fondo Monetario Internacional -FMI- tiene la verdadera manija del país. Y en segundo lugar porque con un Estado que ya está en emergencia Cambiemos seguirá abriéndole la puerta a la deuda incontrolable y a la transferencia de recursos de sectores populares a concentrados, vía inflación, tarifazos, aumentos de combustible y otros golpes al bolsillo de los asalariados.

Si, en cambio, asume otro gobierno, el ajuste quizás no sea tan duro, pero sí inevitable. Los compromisos asumidos a corto plazo hacen imposible un plan de expansión económica.

Al margen de la posición personal, de los gustos y preferencias a la hora de hablar, los datos objetivos muestran que Argentina se va a pique. Y esa caída no es producto de absolutamente nada que haya tenido lugar antes del 2015. Los motivos: todas y cada una de las decisiones del gobierno nacional desde esa fecha en adelante.

Y se podrá hablar de corrupción de funcionarios del gobierno anterior, y será cierto. Al margen de las evidentes operaciones judiciales, hubo hechos corroborados y la Justicia actuó. Y se hablará de que quedó mucha pobreza, y será verdad. Y se dirá que existía una crisis energética. Y será mentira. O que "el mundo nos daba la espalda". Y será completamente subjetivo.

Ahora, ¿qué de todo eso cambió? La corrupción enquistada en el Estado continúa: desde el presidente, que enterró fondos en paraísos fiscales, pasando por la vicepresidenta, a la que le robaron miles de pesos de su casa de dudosa procedencia, pasando por ministros que omitieron de modo premeditado datos en su declaración jurada o que mandaron a la muerte a 44 tripulantes en un submarino que no estaba en condiciones. La pobreza aumentó, la crisis energética nunca se comprobó con datos fehacientes y sólo sirvió para favorecer a amigos del poder. Y el mundo nos sigue dando la espalda. Más o igual que el primer día.

Pero en tiempos de posverdad, es bueno disipar las dudas con datos. Objetivos. Irrefutables, indiscutibles, insoslayables. Y aquí van.

-Argentina es el país emergente que más deuda emitió en los últimos tres años: fueron 153.619 millones de dólares.Es por lejos el país que más lo hizo en la región. No caer en default sería un milagro, por el corto plazo de los pagos. La única salida será la renegociación, con lo cual un plan económico expansivo -no es el caso de Cambiemos- sería prácticamente imposible

-En 2018 nuestro país fue el segundo en caída del PBI en Latinoamérica

-La inflación acumulada en la era Macri es del 177%: fue el quinto del mundo con más variación de precios en 2018 -47.6% cuando habían prometido 12%- y no se espera que baje del 30% en 2019, cuando habían prometido 6,5%. Sumando tres años de cualquier corte de los 12 años de kirchnerismo no se llega a esa cifra, sacando de lado que no había datos oficiales.

-El peso se devaluó 100% en 2018: medida que sólo favoreció a los sectores concentrados que exportan y que dinamitó la industria local. Pese a los esfuerzos por hacer creer que "pasaron cosas", todo muestra cómo las corridas fueron absolutamente planificadas.

La pobreza y la indigencia crece día a día: cuando asumió el presidente prometió "pobreza cero". A poco más de tres años, el índice empeora cada vez más. De cada 100 niños, 40 eran pobres en el 2015. En el 2017 ya eran 48. Datos oficiales arrojaron que el primer semestre de 2018 la pobreza fue del 27,3%. Casi un millón de personas pasaron a esa situación sólo la primera mitad del año. Muchas más lo hicieron en el segundo semestre. El gobierno lo sabe, y ya abrió el paraguas.

Industria y Pymes, destinadas a morir: 10 mil pequeñas y medianas empresas desaparecieron en los últimos tres años, acorde a datos de la CAME.

Despidos: en Entre Ríos casi ocho mil familias perdieron su fuente de trabajo el año pasado, sólo en el sector formal. Miles más lo hicieron en el informal.

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