El 23 de octubre de 1730 marca un antes y un después en la vida de aquellos primeros pobladores del Pago de la Otra Vanda. Una presencia fundadora de la Virgen del Rosario. Se los contamos en las siguientes líneas.

Los ab-orígenes de estos pagos

Abundancia de ganado y frutos de la tierra, sumado al traslado de Santa Fe a su lugar actual, en 1651, acrecentaron la ocupación de esta zona. Zona habitada por una encomienda de indios Tocagües, sumados a los blancos y en lucha con los aborígenes primeros pobladores y dueños de la tierra, los Chana Timbues, parcialidad Charrúa.

Juan de Garay, a su llegada repartió las tierras entre los colonizadores, vecinos de Santa Fe que fueron los primeros en ocuparlas. Una forma de consolidar las nuevas poblaciones era procurarles el oratorio o la capilla alrededor del cual se instalaban.

Así surgen Rosario y Paraná. En ambos casos, los vecinos de esta ciudad, reunidos en sesión capitular, tomaron la decisión de asignarles sendas imágenes de la Virgen del Rosario, configurándola así como su patrona; y, en el primer caso, originando incluso el nombre que con los años la identificaría.

María en San José del Rincón

En pleno siglo XVIII, donde se presentaron las mayores dificultades para la fronteriza Santa Fe de la Vera Cruz y sus poblados del norte y el oeste, como los de San José del Rincón y las estancias del Salado, esta fue la opción para detener el avance de los abipones obligaba a los habitantes a abandonar sus viviendas en busca de sitios más seguros.

Una de las imágenes de la Virgen del Rosario estaba entronizada en la pequeña Capilla del Salado Grande, fundada en 1695 por el franciscano Juan de Anguita. La austera edificación religiosa se erigía en la proximidad de la reducción de vilos y tocagües -del grupo calchaquí-, que el fraile había establecido en 1692 con indios que habían aceptado vivir en esa condición.

La capilla atendía espiritualmente a los aborígenes reducidos y a los vecinos asentados en las estancias del Pago del Salado Grande, uno de los cuatro que formaban parte de la jurisdicción de Santa Fe. Y que probablemente fuera el más importante en el siglo XVII, ya que se estimaba que en esa zona existían pobladas “más de ciento cincuenta estancias”, según surge de una nota del Cabildo a Bruno Mauricio de Zavala, gobernador del Río de la Plata, enviada en 1718.

Sin embargo, esa zona, muy expuesta a la beligerancia aborigen, sufriría un progresivo despoblamiento. Las gentes que las habitaban migrarían hacia el sur, al Pago de los Arroyos, lo que daría lugar a un grave retroceso en el proceso de ocupación productiva de la tierra.

La Imagen de la Virgen comienza a peregrinar

Al comenzar el siglo XVIII, ante las sucesivas invasiones indígenas, la imagen de la Virgen fue mudada primero a algunos oratorios de estancias mejor resguardadas. Y finalmente fue llevada, con sus ornamentos, a la Iglesia Matriz de Santa Fe.

De allí salió más tarde, con el acuerdo del Cabildo, rumbo a la capilla instalada en el Pago de los Arroyos, donde se habían refugiado los vecinos que huían de los peligros del Pago del Salado Grande. Esta nueva Capilla de la Virgen del Rosario se constituiría en germen de la población y el origen del nombre de la actual ciudad de Rosario.

Criollos, Cayagüates, Tocagües y Vilos en los orígenes de Paraná

Por su parte, en la Bajada, se instalaban vecinos de San José del Rincón, atemorizados por la agresividad de los aborígenes.

Entre 1632 y 1662 El Gobernador del río de la Plata Alonso de Mercado celebraba otro pacto con tribus de Cayagüates, Tocagües y Vilos, representado por sus caciques y el Padre Nicolás Carbajal, por este convenio las poblaciones se reducían y poblaban un lugar situado frente a Santa Fe en la otra banda del Paraná a dos leguas.

En la misma época el Cabildo de Santa Fe le concedió al Maestre de Campo Francisco Arias de Saavedra una encomienda de indios tocagües y le señalo como lugar de asiento el sitio de la Bajada.

Estas fueron las primeras poblaciones estables en esta zona. Y en 1659 Cristóbal de Garay y Saavedra vende la tercera parte de la estancia que tenía en ésta banda del Paraná al colegio de los Jesuitas, por esto ellos fundaron una importante estancia de ganados que se denominó San Miguel y levantaron una capilla u Oratorio bajo esa advocación.

En las barrancas próximas al lugar en que después se estableció el pueblo, la compañía organizó la explotación de los yacimientos calíferos y de yeso existentes. Por superposición de títulos se inició un largo pleito entre la compañía y los herederos de Hernandarias y los Jesuitas.

El Pago de la otra banda, como se lo llamaba tenía un reducido caserío ubicado sobre el puerto del mismo nombre. Dependía para la atención espiritual de los curas de Españoles y Naturales de Santa Fe, que delegaban sus atribuciones a algunos misioneros y sacerdotes que recorrían la campiña. Particularmente el Padre Miguel de Barcelona que arribaba periódicamente a la Bajada a una capilla que los pobladores habían levantado dedicado a la Inmaculada Concepción, se supone que a fines del Siglo XVII y en el lugar que hoy ocupa la Catedral.

Un decreto que inicia la historia de Paraná

El cura de Españoles sostenía que antes de 1730 ya había solicitado al obispo licencia para erigir una capilla en la otra banda, donde decía que hacía mucho tiempo que tenía a su Coadjutor y Cura el padre Miguel en una capilla muy corta y que en ese momento el sargento Mayor Esteban de Mendoza se había ofrecido para levantar una más grande en lugar de la reducida que existía.

En 1729 por orden del gobernador del Río de la Plata Bruno Mauricio de Zavala es constituida una compañía de milicias con la población de La Bajada (Compañía del Paraná) para participar de una expedición santafecina contra los indios del Chaco y al año siguiente, debido a un nuevo ataque indio, fueron construidos dos fuertes en La Bajada.

Va a ser este mismo gobernador, quien se dirige al Cabildo Eclesiástico, a cargo de la Diócesis y pide se subdividan algunas parroquias extensas. El Cabildo resuelve crear por decreto del 23 de octubre de 1730, las parroquias rurales y dos curatos de naturales anexos, todos de Buenos Aires. En Santa Fe crea el de los Arroyos y el de la otra vanda del rió Paraná.

El 8 de noviembre de 1730 se fija en las puertas de la Catedral de Buenos Aires el edicto y se llama a concurso de oposición para proveer de Párrocos a los nuevos curatos. Para la Bajada se presenta el Pbro. Francisco Arias Montiel, pide algunos elementos desusados en la Catedral, autorización para pedir limosnas para su iglesia y que se dispusiera la entrega de los ornamentos de la Capilla del Rincón que se adjudicaron a su parroquia.

Toma posesión el 27 mayo de 1731 y el 6 de julio de 1732, en el informe dirigido al gobernador Zabala, encabeza su pedido como Iglesia del Paraná, usando por primera vez este nombre para el pago de la otra vanda, como se lo conocía en ese momento.

"288 años después sigue cuidando a nuestra gente, ella, Nuestra Señora del Rosario, patrona y fundadora de la ciudad".

Fuente: Catolicus.com

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