*Por Dr. Martín Blettler (Biólogo, Investigador del CONICET)

Según el informe “Humedales del Delta del Paraná, indicadores para evaluar la sustentabilidad de la actividad ganadera”, elaborado hace algunos años por el Taller Ecologista de Rosario, el proceso de agriculturización vigente en las últimas décadas, asociado principalmente a la utilización de transgénicos (por ejemplo, soja), fomentó el desplazamiento de un importante porcentaje de la actividad ganadera desde la Pampa Húmeda hacia tierras consideradas “marginales”, como los pastizales inundables del Delta y Paraná Medio. Este fenómeno, sumado a la elevada productividad natural de estos ambientes, condujo a la transformación del tradicional sistema de ganadería extensiva estacional en uno de ocupación permanente. Entre 1997 y 2007 se pasó de 160.000 a 1.500.000 cabezas tan solo en el Delta. Se estima que hoy estas cifras se mantienen.

El impacto ambiental de la vaca

Desde un punto de vista ecológico, la introducción de vacas en islas del río Paraná, representa la invasión de un gran herbívoro que compite directamente con aquellos nativos (como ciervos, carpinchos, etc.). Esto, a su vez, pone en riesgo a muchas otras especies nativas en forma directa o indirecta, cambiando la estructura de la comunidad vegetal nativa, la morfología de suelos, calidad de agua, reduciendo así la calidad del ambiente.

Muchos son los impactos directos causados por la explotación ganadera en las islas del Paraná. El ganado defeca preferentemente en cuerpos acuáticos, lo que resulta en elevados niveles de nitrógeno y fósforo en agua. Altas concentraciones de estos nutrientes no solo plantean problemas de toxicidad directa para la fauna y flora acuática, sino que también pueden provocar eutrofización. La eutrofización, también conocida como “eutrofización cultural”, designa el enriquecimiento artificial y excesivo en nutrientes de un ecosistema acuático. Ésta reduce notoriamente la calidad del agua en arroyos y lagunas isleñas.

La resuspensión de sedimentos finos, junto con el enriquecimiento de nutrientes, representan una amenaza significativa para los ecosistemas de llanura del Paraná, principalmente lagunas. La vaca camina sobre lagunas rasas en busca de alimento resuspendiendo sus sedimentos finos, ocasionando una reducción de la penetración de la luz solar y la consecuente reducción de la productividad primaria (plantas acuáticas).

Por otro lado, muchos productores utilizan el fuego como herramienta para el manejo del pastizal. El objetivo es eliminar la biomasa seca acumulada y permitir el rebrote de las especies de primavera-verano, así como “limpiar” ciertos sectores de difícil acceso. No hace falta mencionar los problemas ambientales, sociales y directos a la salud humana que ocasionan las quemas, principalmente cuando se realizan en períodos secos (aguas bajas) y se salen de control. Los incendios ocurridos recientemente son un elocuente ejemplo.

La presencia de ganado afecta los frágiles suelos de las islas a través del aumento de la erosión y la compactación, ocasionando cambios morfológicos drásticos. Las consecuencias ecológicas se estas alteraciones son la pérdida de vegetación ribereña, reducción en profundidad y ensanchamiento de arroyos internos, reducción de la estabilidad de las márgenes de los cuerpos acuáticos, menor infiltración de los suelos (por compactación) y su consecuente aumento de la escorrentía terrestre, simplificación de hábitats, pérdida de biodiversidad, etc.

A los impactos anteriores debe sumarse el rápido deterioro ambiental dado por el constante ramoneo selectivo de la vaca sobre la vegetación natural de las islas. Donde la vegetación ribereña ha sido degradada o eliminada por la acción del ganado, los suministros de materia orgánica en la corriente pueden agotarse, causando interrupciones en los flujos de energía del ecosistema, así como pérdida de biodiversidad vegetal.

Cambios necesarios

Queda claro que ciertos cambios en las practicas productivas son necesarios y urgentes, si se quieren mitigar los efectos de la vaca sobre los ambientes naturales isleños del río Paraná. Si se logra reencaminar la actividad ganadera hacia nuevos enfoques y paradigmas sustentables, se podrá contribuir a la conservación de los tan importantes bienes y servicios ecosistémicos que brindan los humedales a la sociedad y al planeta. En definitiva, la conservación de los humedales es lo que garantizará que la actividad ganadera, junto con otras actividades productivas, puedan seguir realizándose en el futuro y que se preserven a su vez los bienes y servicios ecosistémicos antes mencionados.

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