La economía argentina atraviesa por un momento crítico, donde quedan a la vista las vulnerabilidades propias del país, pero también los errores de diagnóstico y las políticas de Estado implementadas por esta gestión nacional. La crisis cambiaria obligó al Banco Central a replantear la estrategia para frenar el dólar, pero a costa de una recesión que se siente en las familias y las pymes que generan trabajo.

Con la llegada de Guido Sandleris al frente del BCRA, tras la repentina salida de Luis Caputo, los argentinos creamos una nueva bola de nieve, que crece a pasos agigantados y se renueva cada siete días, sin dejar especulador en el camino. Se trata de las Letras de Liquidez -Leliq-, que tientan a las entidades financieras con tasas de interés hasta el 74%.

Una vez más, el Gobierno encuentra en los instrumentos en pesos con rendimientos inigualables en el mundo la manera para contener a los grandes inversores que habían empezado a desconfiar de la sustentabilidad del país y se iban masivamente al dólar para cubrirse. Esto, que provocó en menos de seis meses tres corridas cambiarias, descolocó a propios y extraños de la administración de Mauricio Macri.

Así entonces, con un éxito entre comillas, el Banco Central pudo durante la semana pasada bajar el tipo de cambio de 42 pesos a casi 38. La estrategia de las bandas de flotación, sumada a la política monetaria restrictiva bajo la aspiradora de la Leliq, hizo contener a la divisa estadounidense. Sin embargo, las consecuencias sobre la economía quedan al descubierto. No es menor que sea incluso el Gobierno el que reconozca los "meses difíciles" que se vienen. Lo peor no pasó.

En simples palabras, las altas tasas de interés ante un proceso inflacionario recrudecido, son un freezer para las actividades productivas. Sobre todo lo son para las ligadas al mercado interno que, por cierto, padece los síntomas de la caída del consumo y de la inversión productiva por la pérdida del poder adquisitivo y el aumento de los índices de desempleo, pobreza e indigencia.

Tentar a los pequeños, medianos y grandes ahorristas con tasas de interés que parten del 74% en Leliq, siguen al 60% en Lebac y más de 50% en plazos fijos en pesos, significa sacar de circulación una gran masa de billetes. Según dicen, esta política monetaria tan fuerte, que también promete congelar la base monetaria hasta el año que viene, permitiría controlar la inflación. Sin embargo, muchas dudas son las que persisten, más aún cuando reina la incertidumbre.

En este contexto, todos los sectores piden a viva voz que el Banco Central reconsidere su política y comience paulatinamente a bajar las tasas, más allá de la pequeña señal que dio esta semana a modo de prueba. Los empresarios, primeros en la lista, advierten que con este nivel es insostenible seguir produciendo y mantener la cadena de pagos, al tiempo que resulta cada vez más difícil garantizar el empleo. Los trabajadores, así, son una variable de ajuste.

Muchos son los que se preguntan cuánto resiste la bola de nieve de las altas tasas en medio de una nueva "Era del Hielo", con salarios, industrias y comercios enfriados, que necesitan cuanto antes un plan concreto y efectivo que dé previsibilidad y reconstruya el horizonte que toda Nación proyecta para poder seguir. Descongelar el país es el deseo de todos, cuándo, cómo y para quiénes es la gran incógnita.

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