Al igual que lo hizo para contribuir a aliviar la capacidad del sistema de salud frente a la pandemia del coronavirus, la Iglesia ofreció sus casas de retiro y lugares de hospedaje para recibir a los presos que la Justicia envíe a prisión domiciliariapara evitar las condiciones de hacinamiento en las cárceles.

Así lo anticipóel obispo Juan Carlos Ares, presidente de la Pastoral Carcelaria del Episcopado, al reiterar que la Iglesia se ofreció a participar de un espacio de diálogo para resolver la crisis planteada en torno de la pandemia del coronavirus en las cárceles y la polémica que generó la liberación de detenidos. Aclaró, sin embargo, que no fue convocada.

"Por más que esté preso, una persona no pierde la dignidad", dijo monseñor Ares, que es también obispo auxiliar de Buenos Aires y por su trabajo pastoral visita con frecuencia la cárcel de Villa Devoto, entre otras unidades penales. Las reuniones del Gobierno con las autoridades del penal y los presos se realizan en la capilla de la cárcel, pero la Iglesia no interviene ni participa de las negociaciones.

Frente a las polémicas decisiones de muchos jueces, el obispo advierte que no solo debe dar respuestas la Justicia. "Hay mucha presión sobre el Poder Judicial. Las sociedades quieren que las condenas se cumplan y eso está bien. Pero es necesario que también actúen el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo, con medidas extraordinarias", señaló.

No arriesgó a reclamar medidas concretas, pero distinguió entre "los presos por delitos contra la integridad, como una violación, y los detenidos por causas con condenas menores o que efectivamente presentan enfermedades de riesgo frente al coronavirus", tomando distancia de los pedidos del oficialismo por presos por corrupción, como Amado Boudouy Ricardo Jaime.

La posición del obispo Ares y el ofrecimiento de la Iglesia para albergar detenidos y prevenir el hacinamiento resumen una mirada comprensiva de las condiciones de los presos, en sintonía con los gestos y pronunciamientos del papa Francisco.

No hay todavía un detalle de los sitios de hospedaje ofrecidos por la Iglesia, pero la casa de retiros conocida como La Montonera, en Pilar -donde todos los obispos se reúnen dos veces por año para las asambleas plenarias-, tiene capacidad para albergar entre 200 y 250 personas en sus dos construcciones, comentó Ares.

En su último pronunciamiento, cuando estallaron los motines en las cárceles bonaerenses de Florencio Varela, Batán y Marcos Paz, los obispos de la Pastoral Carcelaria advirtieron sobre la crisis humanitaria y el hacinamiento, como dos problemas graves que vienen de arrastre. "En la provincia de Buenos Aires hay 52.000 presos, la mitad de los presos del país y no se construyen nuevas unidades. Solo María Eugenia Vidal inauguró un nuevo penal en Campana para los presos que reciban su primera condena, pero eso no alcanza", explicó el obispo a La Nación.

Reunión con Alak

Ares contó que en diciembre pasado hubo una reunión con el ministro de Justicia bonaerense, Julio Alak, en una instancia de diálogo, como parte de las mesas provinciales que el Episcopado promueve desde 2014 en distintas diócesis del país, con representantes de los gobiernos, los juzgados y los ámbitos educativos y del área del trabajo. Esas mesas nunca se convocaron a nivel nacional.

"Se hicieron esfuerzos, pero en la provincia de Buenos Aires la cantidad de presos se duplicó", reveló el obispo, al confirmar que en las viejas cárceles, como las de Olmos y Sierra Chica, la capacidad está desbordada.

"La pandemia nos agarró con todas las deficiencias, no solo sanitarias, sino también carcelarias", explicó monseñor Ares, de 56 años y a quien Franciscodesignó obispo auxiliar de Buenos Aires en noviembre de 2014.

"Como dice el Papa, esta pandemia nos hace caer en la cuenta de que somos frágiles, estamos todos en la misma barca y nadie tiene mayor importancia que el otro. Todos tenemos que remar juntos. Y lo que pasa en las cárceles es reflejo de lo que vive la sociedad", expresó.

Varias organizaciones de la Iglesia, como la pastoral carcelaria de la diócesis de Quilmes y los Misioneros Claretianos, reclamaron "soluciones a la crisis humanitaria de los penales bonaerenses", luego de conocerse el primer caso de coronavirus en la Unidad Carcelaria 42 de Florencio Varela.

Ante el avance del coronavirus, la Comisión de Pastoral Carcelaria del Episcopado advirtió que "las cárceles y complejos penitenciarios son uno de los ámbitos que merecen mayor cuidado y atención, no solo por ser espacios de encierro sino, y sobre todo, por el hacinamiento en que se vive hace años". Además de Ares, integran el organismo los obispos de Viedma, Esteban María Laxague , y de Goya, Adolfo Ramón Canecín .

Con unos 20 capellanes en las cárceles federales y unos 40 en las unidades penales bonaerenses, a los que se suman equipos de capellanías con otros sacerdotes, religiosos, laicos y voluntarios, la Pastoral Carcelaria recorre habitualmente los pabellones para asistir a los presos, los agentes penitenciarios y sus familias. "

Los obispos recordaron en la declaración que Francisco incluyó en el reciente rezo del Vía Crucis en el último Viernes Santo las meditaciones y oraciones realizadas en el Centro Penitenciario Due Palazzi, de Padua. Y llamaron a "generar acciones concretas en favor de la dignidad de las personas privadas de libertad y particularmente de quienes pertenecen a los sectores sociales más vulnerables".

Fuente: La Nación

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