Como en un juego de mesa, los jugadores de este país avanzan un casillero y retroceden dos. Lo que se gana por un lado, se pierde por el otro -y por duplicado-. Sin una estrategia o un programa que guíe hacia dónde y cómo avanzar, todo intento resulta en vano. El juego termina siendo como la "carrera de la rata", en la que uno lucha, al menos, por permanecer. Sin embargo, en este tablero, en el mientras tanto varios participantes quedan en el camino.

Trabajadores, empresas, familias, son parte de esta encrucijada, que deben atravesar como pueden, con las armas propias como mayor defensa. Inevitablemente, la puja por intereses queda al descubierto, al igual que la relación de fuerzas de los sectores vivos del país. Los parches, en este contexto, son eso, simples reparaciones para un problema de trasfondo que no se terminará de resolver hasta que no haya voluntad política para hacerlo.

El bono de 5.000 pesos que decretó el Gobierno nacional para el sector privado, representa una parte de este juego, que atañe a aquellos que lo hacen desde la formalidad, condición que está atada con alambre en muchos casos. Se trata de un intento fugaz por compensar parte de lo perdido por el rebrote inflacionario, pero con la particularidad de que pone a las empresas, sobre todo pymes, en el centro de la escena al tener que concretarlo independientemente de la apremiante situación.

Sin dudas, la ficha quedó de manos del sector empresarial, que tiene ahora la responsabilidad de hacer frente, de donde sea, de un pago urgente, con los plazos y modalidad que acuerden, pero sin dejar de hacerlo. La intención es enmendar los salarios que, a la pérdida de poder real de compra de los últimos años, se sumó desde agosto otro golpe. No hacerlo sería, más que un incumplimiento, la autocondena de la mirada social, que ahora espera de las empresas ese aporte, ese "esfuerzo que debemos hacer todos".

El problema es que la capacidad de respuesta del sector privado no es uniforme en toda la Argentina y los sectores, ante variables macroeconómicas deterioradas y en constante ebullición. Hay empresas que podrán concretarlo, a pesar de algunos discursos de queja "pour la galerie". Pero son las pequeñas y medianas empresas las que quedan a la intemperie, con la nueva responsabilidad de afrontar un costo sin el reaseguro de un horizonte claro. "¿Cómo pagar un bono cuando en determinados rubros se solicita la declaración de emergencia?", es una de las preguntas que se hacen al interior de los directorios.

Son las pymes y microempresas, fundamentalmente aquellas ligadas al mercado interno, las que están en la encrucijada, de hacer todo lo posible para no morir en el intento. "Es injusto que las pymes se hagan cargo de nuevo de esta situación", lamentó un empresario entrerriano por estos días, a modo de síntesis. Pues ya no sólo se trata de luchar por permanecer, cuidar el capital humano, buscar alternativas para reducir costos y generar estrategias comerciales para ganar mercado en un escenario recesivo. Ahora, a los costos económicos, se suma una obligación cuasi moral.

Quienes no quieran ser apuntados por los dedos o agregar un condimento más a los contextos laborales conflictivos por las dificultades del presente, sentirán la responsabilidad moral de pagar este bono, al menos hasta en cinco cuotas, como acordaron los comercios. El deber de cumplir ya no es sólo con el decreto presidencial, sino también con la persona que a diario le ven la cara, e incluso, hasta puede ser su familiar o el padrino o madrina de sus hijos.

Desde esta perspectiva, la mayoría de las empresas terminará por abonarlo, aún a sabiendas de que puede costarle caro y de que no es la solución para sus empleados. Aún así, el gran interrogante que permanecerá latente es hasta cuándo. En sus adentros saben que el cambio de modelo es irresistible, incluso cuando esto implique ir en contra de sus convicciones y de reconocer el error de que uno propio no los llevó a buen puerto. De todas maneras, quienes llevan años en el juego, saben que las reglas cambian y que la clave es permanecer en el tablero, se avance o no de casillero.

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