Finalmente, el relato del hallazgo y la devolución de 500 mil dólares en Entre Ríos -eso mismo que se creyeron todos-, es mentira. El propio protagonista, José Sánchez, reveló ante las cámaras que inventó todo por necesidad, la necesidad de tener un trabajo registrado, en blanco, que le permitiera vivir mejor a él y a su familia.

Sin dudas, la fábula del changarín de Nogoyá es apenas una de las tantas imágenes de la difícil realidad que atraviesa el país, que resultó verosímil en esta era de la posverdad. La crisis económica y financiera que golpea a millones de argentinos se conjugó con la necesidad imperante de volver a encontrar personas que conserven el viejo valor de la honestidad.

La farsa del entrerriano fue posible ante un escenario en el que reina la incertidumbre, por los despidos, la desocupación, los cierres de empresas, la caída del consumo y la imposibilidad de llegar a fin de mes para miles y miles de familias. "Inventé todo por necesidad, por un mejor bienestar para mi familia", argumentó, entre lágrimas que desnudaron su (nueva) verdad.

A su vez, el cuento fue verosímil en medio de una sociedad que está reacomodando sus valores, los parámetros con los cuales medir lo que está bien y lo que está mal. "Todito lo inventé yo para que la gente me escuchara y me socorriera con un trabajo. Quedé como el mentiroso más grande del mundo por una necesidad de corazón", dijo Sánchez.

Claramente, con el diario de este miércoles, la historia se dio vuelta. Lo que comenzó como una gran gesta de solidaridad y honestidad de devolver lo que no es de uno, terminó en la deshonra de mentir por necesidad, de la vergüenza de admitir que quiso cortar camino para llevar el pan para su familia.

La fábula de Sánchez es un síntoma de la época, donde el sistema de creencias queda al descubierto -cada uno cree lo que quiere- y, como nunca, la verdad es una construcción sujeta a modificaciones. La cara más palpable es la que se evidencia en las redes sociales, donde se entrecruzan los sentimientos de quienes creen, desconfían, condenan o niegan qué hay detrás de todo esto.

Es difícil, sin pruebas sobre la mesa, saber si realmente hay un trasfondo aún más grande, que se despliega a partir del hipótesis de los dólares, el arma y las amenazas. Por esa dificultad es que lo único que sale a la luz es la plena certeza de que Sánchez y su familia padecen las penurias de la crisis argentina, que cobra aún más fuerza ante la rápida trascendencia de la mediatización. Y por esta misma volatilidad, quizá mañana ya nadie se acuerde de él.

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