Vivian Maier es un claro ejemplo de lo que es el reconocimiento póstumo. Nació en Nueva York el 1 de febrero de 1926 y trabajó como niñera, pero lo que nadie sabía es su afición por la fotografía. Una lástima porque hace unos años descubrieron su trabajo y generó una ola de admiración.

En 2007 un aficionado a la historia llamado John Maloof buscaba información para un libro y fue a una subasta en la que adquirió un archivo de fotos por 380 dólares. Pero el material no le servía, de modo que reveló solo una parte y comenzó a venderlo por Internet. Allí ocurrió el batacazo.

El respetado crítico e historiador de fotografía Allan Sekula vio el material y contactó a Maloof para que no siguiera dispersando las fotos. Ahí fue cuando éste entendió el valor del registro en su poder e inició un detallado trabajo de investigación, recuperación y protección del archivo de Maier.

A lo largo de su vida, esta fotógrafa desconocida llegó a acumular hasta 10 mil negativos que, según opinan los expertos: “Las fotos parecen mirar profundamente en el alma de la época y preservar la experiencia cotidiana de las personas”.

Sucede que la mirada aguda e inquieta de Maier se dedicó a registrar a la gente en las calles así como lugares y momentos pintorescos de las grandes ciudades en las que vivió.

Desde entonces, su trabajo cautiva el mundo del arte al punto que ganó la atención de medios internacionales con exposiciones en Londres, Nueva York, Los Ángeles, Oslo y Hamburgo.

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Fuente: Minuto Uno.

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