La implementación de la emergencia alimentaria y sanitaria es imprescindible como primer paso para atender las necesidades básicas de amplios sectores de la población con alta vulnerabilidad y en riesgo de subsistencia.

Su puesta en marcha es necesaria en virtud de la crisis que atraviesa el país en materia de desempleo, pobreza y parálisis productiva creciente pero este contexto también constituye una oportunidad para impulsar a sectores específicos, para que puedan reaccionar rápidamente y convertirse en protagonistas de sus realidades.

Cultivando derechosconsiste en el armado de huertas familiares que dan prioridad a la producción de alimentos sanos y nutritivos para el consumo propio, logrando el autoabastecimiento. Y en una segunda instancia, será posible también insertar los productos excedentes en el circuito económico y productivo local.

Con esta iniciativa, el objetivo particular es lograr que las mujeres integrantes del grupo familiar puedan producir buena parte de las necesidades nutricionales de los mismos, ejerciendo, de esta manera, la soberanía alimentaria.

Asimismo, se busca lograr que se empodere un sector social muy importante mediante la posibilidad de transformar su condición actual en trabajadores y trabajadoras autónomos u organizados en cooperativas.

Las políticas de apoyo a estas actividades también necesitan ganar lugar en la agenda pública. Es sumamente necesario reglamentar la ley 27.118 para el fomento de la Agricultura Familiar y los modos en que se resolverá su financiamiento. Incluso, para que en articulación con municipios, el encuentro entre los agricultores familiares y los consumidores se genere en mercados de proximidad, para que los alimentos locales de calidad sean parte del dispositivo de seguridad alimentaria.

El pequeño productor y la agricultura familiar pueden transformarse en actores importantes de la política alimentaria, sobre todo si los productores logran además de autoabastecer a sus familias, colocar en los mercados más próximos frutas y verduras de calidad para impulsar redes de intercambio y fortalecer circuitos no tradicionales de consumo familiar.

El acceso a la tierra en relación a la la soberanía alimentaria otorga una posibilidad de proveer a la comunidad de productos seguros, frescos, de calidad y más económicos por la baja incidencia del flete e intermediarios.

La provincia de Formosa, por ejemplo, articula conjuntamente con los municipios y atiende las emergencias alimentarias a nivel municipal a través de un programa de compras estatales de alimentos a pequeños productores para los comedores públicos, los establecimientos educativos y las dependencias del Estado.

En el barrio Mosconi Viejo de Paraná, varias familias ya que se sumaron a la propuesta de Suma de Voluntades y crearon sus propias huertas. Todas ellas viven en condiciones de precariedad en cuanto a lo habitacional, no obstante cuentan con los recursos óptimos y necesarios para la realización de las huertas -tierra negra, materia orgánica, disponibilidad de agua- y el espacio físico, por lo cual las plantaciones también se llevan a cabo en vertical, de manera tradicional o en envases elevados.

Cuando las mujeres se ven plenamente involucradas, los beneficios pueden verse inmediatamente: las familias están más sanas y mejor alimentadas; sus posibilidades de generar ingresos se incrementan y este logro concreto tiene un efecto multiplicador también para todas las comunidades, y a largo plazo, para el país entero.

Por Antonella Medina y Sofía Altamirano. Suma de Voluntades

Quienes deseen contactarse con Suma de Voluntades pueden hacerlo a suma.devoluntades@hotmail.com.

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