Un periodista que estaba desaparecido fue hallado muerto en un hotel alojamiento. La escena de muerte era impactante y llamó la atención de los investigadores: estaba maniatado y con una trenza de goma sujetada a un trozo de madera alrededor del cuello, que se supone usó para un juego sexual.

Martín Licata, el periodista desaparecido desde el sábado, murió ese día en un hotel alojamiento del barrio porteño de Flores. La mamá reconoció el cuerpo en la morgue judicial por una cicatriz en el abdomen.

El sábado, a las 11.30, el joven de 27 años entró al albergue pero, dos horas más tarde, su acompañante, una joven de 25, se fue sola. Al irse dijo que él se estaba duchando. Minutos después, las empleadas de limpieza encontraron el cuerpo.

La Unidad de Criminalística Móvil y personal de Homicidios de la Policía de la Ciudad trasladaron a la víctima a la morgue porteña, pero como entre sus pertenencias no estaba el documento, los investigadores tardaron en confirmar su identidad.

Mónica Ibáñez, la mamá del periodista, fue la que denunció la desaparición de su hijo, pero no lo hizo el sábado sino recién el martes, preocupada porque no le respondía sus llamados y porque no existían motivos "para que él no volviera a casa".

Los investigadores le pidieron a la mujer que los acompañara a la morgue para reconocer el cuerpo. Una seña fue clave: una cicatriz en el abdomen. La hermana y los primos la contuvieron. En paralelo, los peritos reconfirmaron la identidad del joven a partir de las huellas dactilares guardadas en el Registro Nacional de las Personas (Renaper).

Licata escribía bajo el seudónimo Martín D’ Amico ensayos y análisis político para la revista Hegemonía y para el portal de noticias Kontrainfo. También estudiaba Filosofía en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Los forenses deberán determinar la causa de su muerte y los investigadores, la responsabilidad de su acompañante.

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