Con la suba de casos de Covid-19 y una campaña de vacunación lejos de estar completa, el debate está centrado en cómo contener la segunda ola con el menor impacto económico posible. Ayer, el ministro de Economía, Martín Guzmán, sentó su posición. “Hoy la economía no podría soportar un nuevo cierre total”, sentenció en diálogo con CNN.

Según su visión, “una cuarentena estricta, como la que se implementó en marzo de 2020”, está prácticamente descartada. Su opinión está en sintonía con la de varios colegas suyo del Gabinete, así como la mayoría de los gobernadores. La preocupación de Guzmán es fiscal: una cuarentena como la de marzo y abril de 2020 pulverizaría la recaudación tributaria y estimulará la necesidad de un gasto público mucho mayor, vía IFE o ATP, al que tiene Guzmán hoy en mente. Al final del día, implicaría más emisión monetaria y mayores presiones cambiarias.

“Desde el punto de vista de las restricciones de circulación va a ser otra historia de lo que fue en marzo de 2020. Pensemos que la economía está diseñada, preparada, funciona con circulación. Entonces, por más que haya pandemia, el efecto sobre la economía es menor. Fijémonos en lo que está pasando ahora: todavía estamos en pandemia. Pero llevamos nueve meses consecutivos de actividad económica creciendo”, destacó el titular del Palacio de Hacienda.

Los economistas privados creen que una Fase 1 es poco probable, pero creen que eso no es sinónimo de una continuidad inalterada de la recuperación del nivel de actividad. Por un lado, se verificarán algunas restricciones menores a la movilidad y tampoco debe descartarse que algunas personas se autolimiten, también. El incremento de la movilidad de los últimos meses, entonces, podría detenerse.

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Inflación

Asimismo, la suba de la inflación, con salarios reales aun a la baja, le quitan combustible al principal motor de la economía: el consumo privado. Según casi todos los pronósticos, la inflación se mantendrá elevada en la zona de 3% o 4% mensual en abril y mayo. Habrá que ver cómo impactan las nuevas paritarias.

Si bien se descuenta un “efecto estadístico” muy positivo (desde marzo, las cifras se comparará con el pozo de la Fase 1), el crecimiento mensual podría ralentizarse algo.

Apuntamos a una reducción gradual y consistente de la inflación. Teníamos una proyección de que el primer trimestre iba a ser más alto que en el resto del año. Extrapolar los primeros tres meses a todo el año sería un error. El 29% es el objetivo de política macroeconómica. En 2020 las proyecciones del mercado eran entre 50% y 60%. Nosotros apuntamos a 33% y 40% y fue 36%”, repitió Guzmán, ayer. Si bien la tasa de 29% está casi descartada por todos, algunos privados estiman que la inflación mensual podría desinflarse un poco hacia mediados de año.

Tarifas

Sobre las tarifas de luz y gas, Guzmán dijo: “Todo el mundo plantea las problemáticas desde su función, y hay alguien que tiene que mirar todo en la economía y ese soy yo”. Pareció un mensaje a los funcionarios del área energética, que están bajo su órbita y no siempre incluyen la restricción presupuestaria en sus consideraciones.

Guzmán dejó en claro que los subsidios no son “un gasto de calidad”. Así lo expresó: “Si aumenta el gasto en subsidios para tarifas, en relación al PIB, significa que estamos destinando más recursos a algo que no es un gasto de alta calidad. Necesitamos destinar más recursos a la ciencia, al desarrollo, a la educación, a la salud pública, a la infraestructura pública, estamos trabajando para eso”. No dio mayores precisiones, pero señaló que si las tarifas subieran solamente un dígito para todo el mundo, “no se estarían cumpliendo el Presupuesto ni el programa macroeconómico y eso no se va a hacer”.

Cómo se instrumentará esa segmentación es un enigma. “Posiblemente se parta en dos un aumento general, y después, en el marco de una Ley de Emergencia Tarifaria que anunció el Presidente, haya reducciones o quita de subsidios para quienes menos lo necesitan o no lo necesitan”, dijo el guardián de las cuentas públicas. “Si se congelasen las tarifas también le haría daño a Argentina. Hay que ir a un equilibrio y para eso estamos trabajando”, ratificó.

El FMI

Sobre el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), Guzmán ratificó lo que el mercado ya había descontado: el nuevo programa aún está lejos. Mientras no haya vencimientos en dólares pesados, Guzmán seguirá usando el tiempo extra para insistir con la necesidad de lograr un acuerdo positivo (en su visión) para Argentina. Además de un cronograma de pagos lo más diferido posible, buscará que sea lo menos vinculante posible. En criollo, que juntar los dólares para cada vencimiento no sea un tema de Estado y que la incidencia del FMI en el diseño de la política económica sea baja.

Sobre la posibilidad de cambiar los lineamientos del programa que firmaría Argentina (uno de Facilidades Extendidas o EFF, en inglés) y extender el plazo de repago, Guzmán dijo: “No es una negociación técnica entre el staff del FMI y el Gobierno argentino. Es una discusión de carácter geopolítico. No hay tiempo suficiente si uno quisiera un acuerdo pronto”. Por eso, sugirió la idea de que el nuevo acuerdo incluya “cláusulas tales que si después cambian las líneas de crédito del FMI y Argentina se pueda beneficiar de eso, estaríamos frente a un acuerdo más favorable que si no estamos en esa línea”.

“La única razón por la que hoy necesitamos un acuerdo es porque no podemos pagar entre septiembre de 2021 y 2024 al FMI US$ 45.000 millones. Lo peor de todo sería hacer un acuerdo apurado basado en premisas que le hagan mal a Argentina”, ratifico Guzmán.

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