Mónica Farabello

¿Por qué marchan los feminismos? ¿De qué se quejan? ¡A los hombres también los matan! Estas son sólo algunas de las frases sin sustento que escuchamos las mujeres una y mil veces cuando nos manifestamos en contra de un sistema patriarcal, desigual y violento.

Pamela Piedrabuena es una más de las miles de mujeres violentadas por sus parejas o ex parejas.

Con J.D.A (por motivos judiciales se debe mantener a reserva la identidad del denunciado, hasta tanto sea imputado) mantuvieron una relación estable durante más de 5 años; tuvieron 3 hijos y un proyecto en común. Pero los golpes no aparecen de un día para el otro: antes se insinúan y manifiestan distintas violencias.

La violencia económica sobre los hijos de la pareja fue el primer indicio de que algo andaba muy mal. Pamela conversó con Ahora ElDía y relató que fue ella quien siempre trabajó. “Yo tenía horas en la escuela porque soy docente. Muchos años tuve jornada completa y en otras etapas de mi vida tenía un segundo trabajo en negro como ayudante de una secretaria de un médico muy reconocido de la ciudad”, relató la víctima de violencia de género.

Según lo expresado por Pamela, él nunca contó con un trabajo fijo por lo que era ella quien se hacía cargo de la manutención de los hijos y también del pago del alquiler.

A medida que los hijos nacieron, la disponibilidad horaria de la víctima era cada vez menor y las exigencias cada vez más altas.

Tuve que renunciar a mi trabajo hace cuatro meses porque ya no daba más con todo. Él me volvía loca por teléfono todo el día; tengo un hijo con trastorno de hiperactividad, tengo que llevarlo al psiquiatra, yo también estoy yendo al psiquiatra, la medicación es cara y por ahora la obra social me sigue cubriendo, pero no sé cuándo me la van a cortar”, se lamentó Pamela.

A esta situación de extrema vulnerabilidad se le suman las deudas. Ya son tres los meses sin pagar el alquiler: “Ya tengo una orden de desalojo”, alertó la denunciante, quien además debe lidiar con todos los trámites judiciales, policiales y médicos por cómo le quedó la cara tras la terrible golpiza.

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La noche del horror

Pamela relató su tragedia en primera persona a Ahora ElDía: “Discutíamos todo el tiempo. Él no aportaba nada para los chicos y de la cuota alimentaria se estaban haciendo cargo los abuelos, pero sin trabajo no me alcanza para comer y pagar el alquiler. Estoy llena de deudas.

Esa noche de finales de mayo me animé a enfrentarlo y en un segundo estaba en el piso de la trompada que me pegó. Pensé que se me había salido el ojo, entré en pánico y ni siquiera me acordaba el número de teléfono de la Policía.

Llamé a mi mamá y le dije que J.D.A. me había golpeado. Dos de mis hijos vieron todo, aunque ellos ya están acostumbrados a la violencia del padre.

Él fingía llorar y me decía ‘mirá lo que me hiciste hacer’. Esa noche volví a las 3 de la mañana a casa. Mis hijos quedaron con mi mamá y yo estuve en la Policía y en la revisación médica.

Después de ir y venir a la Policía varias veces logré la perimetral, por lo que él no puede acercarse a menos de 200 metros por 90 días.

No puedo tener el botón antipánico porque tengo un celular viejo y no puedo instalarlo. Ahora escucho la puerta de casa y salto de pánico porque de los maltratos psicológicos ya estaba acostumbrada, pero esto es otra cosa. Me vivía diciendo: ‘Si no fueses mujer te cagaría a trompadas’, y asimismo yo negaba que él podría llegar a ser violento. Yo veía actitudes agresivas, pero nunca pensé que podía pegarme; él tiraba cosas, rompía cosas de ira, pero nunca me había pegado”, detalló la víctima de violencia de género.

“Yo sé que él va a decir que yo lo provoqué, pero no es así. La próxima que me encuentre me va a matar, porque ahora le puse una perimetral. Tengo miedo por mí y por mis hijos”, alertó Pamela, paralizada por la situación.

La causa recayó en manos del fiscal Lucas Pascual quien la recibió este jueves en su oficina.

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Fractura en la cara y burocracia

Este sábado se venderán tortas fritas en el club Juventud Unida para juntar fondos para la operación y los traslados de Pamela.

En el Hospital Centenario le realizaron las placas y una tomografía donde confirmaron las distintas fracturas. Pamela tiene literalmente la cara hundida. Desde el nosocomio local la derivaron al Sanatorio Adventista de Puiggari (por la cobertura de Iosper) por lo que deberá enfrentar gastos que no puede solventar en el contexto en el que está viviendo.

También resaltó la ayuda municipal que recibe con bolsones de alimentos, pero claramente no es suficiente para la situación que atraviesa ella y sus tres hijos: los mellizos de 6 años y el menor de 3.

Pamela pide ser asistida, que las autoridades la ayuden y que la Justicia actúe con celeridad. J.D.A. sigue en libertad y ahora la Fiscalía comenzará a investigar la responsabilidad que pesa sobre el hombre.

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