En el marco del inicio del juicio contra el sacerdote Justo José Ilarraz, acusado de abuso sexual y corrupción de menores en el Seminario de Paraná, víctimas de otros casos de abusos eclesiásticos, familiares e integrantes de organizaciones sociales asistieron a los Tribunales para brindar su acompañamiento a los denunciantes de Ilarraz.

"Estamos acompañando a las víctimas, dando la cara y poniéndole el cuerpo a la denuncia y al pedido de justicia y verdad", expresó Pablo Huck, quien denunció por abuso al sacerdote Marcelino Moya, en diálogo con Canal Nueve Litoral.

"Tenemos nombres y apellidos y buscamos que de alguna manera, con el acompañamiento de la sentencia judicial, no solo se encarcele y se ponga en su lugar a estos delincuentes, sino que también se genere conciencia social sobre los abusos. Que la gente que haya sufrido un abuso encuentre una motivación en poder sacar estas cuestiones oscuras a la luz", manifestó.

Por disposición del tribunal, al tratarse de delitos de instancia privada, las audiencias serán a puertas cerradas. Sin embargo, los jueces tampoco permitieron que los periodistas presentes tomaran imágenes de Ilarraz dentro de la sala, antes del inicio de la audiencia. "No estuve dentro de la sala ni tuve acceso al debate, pero creo que es una imagen fuerte e incluso política que un cura esté sentado en el banquillo de los seres terrenales, de todos nosotros. Por ahí habrá estado la negociación", sostuvo Huck.

"Más allá de que la foto esté o no, es importante que se dé este paso. Estamos hablando de delitos denunciados desde 1995; estamos en 2018, o sea que es todo un logro llegar a esta instancia. Por supuesto, se espera el veredicto condenatorio, que sería el mensaje claro de la Justicia, de que es justa", subrayó.

"En mi caso particular, que fue exactamente igual a otros, el acompañamiento de la Iglesia fue nulo", señaló Huck.

Asimismo, se refirió a las autoridades de la Arquidiócesis de Paraná: "La Justicia debería actuar en consecuencia de la responsabilidad que han tenido. En el caso de Ilarraz hubo una investigación interna en el '95 y el '96, o sea que los referentes de la Iglesia tomaron conocimiento de los hechos y nunca lo denunciaron. Hay un claro encubrimiento".

"Esto no es una característica puntual del caso Ilarraz. Se ha descubierto en la Iglesia como institución, incluso en casos resonantes como en Boston, en Estados Unidos. Es la forma que usan: traslado, ocultamiento y negación de los delitos", concluyó.

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