Hace 19 años, en el mismo edificio -ubicado en Vélez Sarsfield y Monte Caseros de la ciudad-, pero que en ese entonces tenía otro nombre -Clemente XI, una cárcel de menores-, tres internos murieron en un sangriento motín y fue noticia en todo el país.

Con estas crónicas policiales lo reflejaban los diarios La Nación y Clarín en su edición del 20 de mayo de 1999:

LA NACIÓN - Sangriento motín en un penal de Entre Ríos

Era medianoche y acababa de terminar, en Telefé, "Sentencia de muerte", la película protagonizada por Jean-Claude van Damme. En el film, un grupo de presos, cansados de sus guardiacárceles corruptos, decide tomar la prisión. Se apagó la televisión y los reclusos de la cárcel de menores entre 18 y 21 años Clemente XI, de esta ciudad, entraron por parejas en sus celdas.

Diez minutos después, cuando los carceleros cerraron los calabozos, estalló el motín más sangriento de esta provincia: tres detenidos, entre los 18 y 20 años, murieron, y tres guardias resultaron heridos, tras mantener tomado durante toda la noche el penal, situado a 12 cuadras del centro.

Al menos uno de los muertos fue abatido por la policía que rodeó la cárcel, y otros dos, según fuentes oficiales, fueron asesinados dentro del penal por los menores presos para zanjar viejos rencores. Todo fue un intento de fuga, informó el director del Servicio Penitenciario provincial, Juan Domingo García.

Ayer, a las 8, los amotinados, 10 de un total de 64, se entregaron vencidos por la policía provincial y por los efectos del alcohol medicinal que robaron de la enfermería, mezclado con medicamentos y levadura de cerveza.

Desde la 0.30 de ayer, los vecinos de esta ciudad de 30.000 habitantes, donde el último robo a mano armada ocurrió hace un año y medio, siguieron por radio el motín, sin poder creer que la cárcel, fundada en 1904, era un infierno de balas.

Un pesadorecién llegado, conocido como Jaimito, de 20 años, fue señalado por la policía como el cabecilla de la revuelta. El fue quien apoyó en el cuello del guardia Alberto Gil una faca(arma con filo) cuando cerraba su celda. Entonces, se descontroló todo. Otros nueve se le plegaron, desarmaron a Gil y tomaron la guardia, donde había otros cuatro celadores y dos oficiales.

Cuatro celadores lograron huir con los primeros tiros, pero Gil y sus compañeros César Mondragón y Eduardo Calderón quedaron en manos de los presos. La policía rodeó el lugar, pero nada impidió que los detenidos saquearan la oficina del director, Raúl Dante Rodríguez, y la sala de armas.

Se llevaron más de 30 Itaka, fusiles FAL, escopetas lanzagases y una decena de pistolas calibre 9 milímetros. "Fue una desgracia que pudo haber terminado en una masacre. Menos mal que estaban tomados y drogados y se rindieron", reflexionó García.

Más de 800 tiros

Cinco disparos de escopeta, advertibles en las paredes y los muebles, fueron parte de los más de 800 tiros que se dispararon en la madrugada.

Jaimito, recién salido de un centro de rehabilitación antidrogas de Buenos Aires, y detenido el fin de semana último en Paraná, organizó la acción, según las fuentes.

Coparon la enfermería, donde buscaron envalentonarse con alcohol, y, confundidos, hasta bebieron una botella de piojicida con Rohypnol.

Otros quemaron las oficinas de la administración y violaron la caja fuerte, donde sólo encontraron 24 pesos.

Los que se plegaron prendieron fuego la secretaría del penal y el entrepiso de madera del casino de oficiales, donde duermen los guardias.

"Una chata, conseguime una chata", gritaban a los policías encapuchados de negro del Cuerpo de Operaciones Especiales, un grupo antimotines integrado por tiradores de precisión.

A la 1, el periodista radial Roberto Caminos se ofreció como mediador. Lo recibieron ocho jóvenes armados. El líder le apuntó con una Itaka. En bandolera tenía una ametralladora y una pistola en el cinturón.

"Conseguinos un auto y dos rehenes, queremos irnos." El periodista salió ileso, pero no pudo cumplir la misión. Los amotinados exhibían por la ventana a los rehenes mientras les apuntaban a la cabeza y gritaban que querían un automóvil.

Evasión fallida

Los presos hicieron saltar de un disparo el candado que cerraba el portón de los fondos de la cárcel y trataron de escapar en la camioneta del penal. Pero el vehículo no arrancó.

Ese momento fue aprovechado por el guardia Gil, que, aunque esposado, huyó bajo fuego cruzado. Su compañero Calderón hizo lo propio, aunque recibió un balazo y un corte en la pierna.

Los reclusos, en tanto, tiraban al aire y también a sus propios compañeros, según la policía. Así habría muerto de un balazo en la cabeza Cristian Peralta, de 18 años. El charco de sangre coagulada todavía era visible al mediodía, cuando La Naciónrecorrió el penal en ruinas. Era un ladrón local de poca monta, "demasiado poco para sus compañeros", dijo un celador.

El cadáver fue sacado a la calle por los menores tendido sobre un colchón. Lo mismo hicieron con otro detenido, Alejandro Sosa, de 19 años. La policía no disparó.

Pensaban resistir. Esparcieron centenares de balas en el piso, para tenerlas a mano en caso de una toma del penal por parte de la policía, acopiaron munición hasta en los floreros del altar de la Virgen de Aranzazú. Pusieron una trampa cazabobos en una celda, colgando una pistola amartillada de un cordón, para que se disparara cuando alguien abriera la puerta.

Los presos trataron de alejar a los 50 efectivos que los rodeaban y dispararon sobre ellos. Más de 50 tiros dieron contra las paredes, puertas y ventanas. Otros tantos astillaron el grueso portón y las paredes del frente de la cárcel.

Hubo ráfagas desde uno y otro lado. Estallaron decenas de granadas de gas lacrimógeno. Ya amanecía cuando uno de los detenidos, Horacio Vega, de 20 años, salió con un grupo, apuntando a la cabeza del guardia Mondragón. Fue con él caminando por la vereda hasta la esquina, y a los gritos pedía un auto. Al regresar al interior del penal, el balazo de un francotirador de la policía acabó con su rebeldía y quedó tendido en la poceada y angosta calle Vélez Sarsfield. Mondragón aprovechó para escapar. Ya estaban jugados.

El sol estaba en lo alto y no habían conseguido huir. "¡Entréguense, están rodeados, no pueden escapar!", gritó el altavoz de un oficial enmascarado.El juez Jorge Brasesco llegó poco después. Finalmente, ya sin rehenes, los presos se rindieron.

Los 64 presos fueron alineados boca abajo en la calle. En un colectivo y un camión fueron trasladados a la cárcel de Gualeguaychú. Tras ocho horas de disparos, todo había terminado.

Antecedentes

  • Marzo/abril 1996:durante una semana, más de 5000 presos de cuatro unidades penales de la provincia de Buenos Aires mantuvieron una rebelión, con decenas de rehenes. Terminó el 7 de abril, con un resultado de nueve muertos, ocho de ellos en Sierra Chica.
  • 22/6/96:en un intento masivo de fuga en la cárcel de General Roca resultó muerto uno de los reclusos.
  • 14/11/96:hubo decenas de heridos durante un motín en Villa Devoto. Unos 700 internos tomaron dos plantas de la unidad durante cinco horas.
  • 21/1/99:siete presos murieron asfixiados en Córdoba, tras prender fuego colchones de sus celdas. Hay policías acusados de no haberlos asistido.
  • 12/4/99:en el Registro de Ubicaciones de La Plata, 16 menores se amotinaron y tomaron como rehenes a cinco guardias.

CLARÍN - Violento motín en una cárcel entrerriana: 3 presos muertos

Dos presos murieron tirados sobre un colchón, en la puerta del penal. Otro fue baleado cuando intentaba escapar. Sus compañeros finalmente fueron detenidos tras ocho horas de amotinamiento, en las que la cárcel de la ciudad entrerriana de Victoria pareció un infierno.

El motín empezó en los primeros minutos de ayer. El objetivo de los diez presos que lo protagonizaron habría sido fugarse. Para eso, tomaron como rehenes a tres guardias, coparon la armería de la cárcel y se tirotearon con un grupo especial de la Policía.

Todo terminó pasadas las ocho de la mañana. Cuatro guardias fueron llevados al hospital de Victoria con heridas leves, mientras los hombres del grupo especial, con las caras tapadas por pasamontañas, obligaban a los presos a salir de la cárcel y tirarse boca abajo en el piso.

Rehenes

Según el ministro de Gobierno de Entre Ríos, Faustino Schiavoni, el motín fue liderado por un preso que estaba de paso en la Unidad Penal Clemente XI de Victoria. Encarcelado junto a 66 jóvenes de entre 18 y 21 años, este hombre esperaba que lo trasladaran a la cárcel de máxima seguridad de Gualeguaychú.

Lo cierto fue que antes de la 1, cuando terminaban de ver la película Sentencia de muerte, diez presos armados con facas -cuchillos artesanales- tomaron como rehenes a los guardias Eduardo Calderón, César Montenegro y Alberto Gil.

Se metieron en la armería de la cárcel y agarraron ametralladoras, escopetas y pistolas. Luego fueron a la terraza y, a los gritos y disparando al aire, exigieron que les dieran dos camionetas para escapar.Nadie atendió sus pedidos. A las tres de la mañana, desde Paraná -a 110 kilómetros de Victoria- llegó un grupo especial de la Policía, que rodeó el penal. Mientras, los presos intentaron hacer arrancar una camioneta de la cárcel, pero no pudieron.

Poco después de la llegada de la Policía, empezó un tiroteo. El frente del penal y la mayoría de sus ventanas se llenaron de agujeros. Las casas cercanas a la cárcel también recibieron disparos, aunque ningún vecino fue herido.

Alrededor de las cinco, uno de los presos intentó escapar por una puerta, pero murió baleado. Anoche no se sabía quién le había disparado. Tampoco quién mató a otros dos presos, que fueron sacados del penal por sus compañeros usando colchones como camillas. Sus cuerpos fueron descubiertos después del tiroteo.

Antes del final, el periodista Roberto Caminos entró a la cárcel para actuar como mediador. Los presos estaban bien armados. Uno tenía una escopeta, una ametralladora y en la cintura llevaba una pistola. Lo único que querían era una camioneta. Me dijeron: Estamos jugados y vamos a matar a todos, contó Caminos.

Por fin, cerca de las ocho, la Policía logró dominar a los amotinados y liberar a los guardias que estaban como rehenes. Uno de ellos recibió un balazo en un pie.

El ministro Schiavoni informó que los tres presos que murieron se llamaban Cristian Peralta, Alejandro Sosa y Horacio Vega. Ahora, el juez Jorge Brassesco empezará a investigar quién los mató en el mayor motín que recuerden los 30.000 habitantes de Victoria.

OTRO ANTECEDENTE DE 2005

Un interno de la cárcel de Victoria y un guardiacárcel perdieron la vida producto de un enfrentamiento desatado a raíz de un motín en la Unidad Penal Nº 5 de esa ciudad, publicaba La Voz el 25 de enero de 2005. Además hay cuatro heridos y se desconocen los motivos del levantamiento que fue controlado cerca de la cuatro de la madrugada.

A las 0,30 se escucharon gritos y disparos en dicha cárcel en al que se encuentran alojados 50 internos, 12 de los cuales participaron del motín. De los lesionados, tres pertenecen al Servicio Penitenciario y uno es un reo. Todos son atendidos en el hospital Fermín Salaberry de Victoria. Aún se desconocen las identidades de los fallecidos.

Grupos especiales de la Policía y las autoridades de la fuerza de seguridad provincial y del Servicio se hicieron presentes en el lugar, y una vez controlada la situación, se ingresó para conocer cómo se desarrollaron los hechos dentro del penal que en el año 1999 tuviera un episodio similar, encabezado por el interno Javier Jaimito Larrosa. En esta oportunidad, cuatro internos perdieron la vida, luego de que se tomara como rehén a varios guardiacárceles. (LAVOZ901.COM.AR).

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