Uno de los tantos eslóganes instalados por Cambiemos, tanto en campaña como en gestión, es su presunta voluntad de devolverle "federalismo" al gobierno. Sin embargo, en los hechos, el eterno unitarismo argentino ha sido potenciado a niveles extremos. El último Presupuesto presentado por el equipo económico de la Casa Rosada, no hace más que mostrar que en nuestro país somos todos iguales, pero algunos son más iguales que otros.

Si nos remontamos en el tiempo, no demasiado, encontramos la primera medida macrista en este sentido. Fue cuando de un plumazo el presidente aumentó la coparticipación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires -en manos de su propio sucesor, Horacio Rodríguez Larreta, de 1,40% a 3,75%. El objeto: "Asegurar el desenvolvimiento fiscal y patrimonial que permita continuar consolidando la organización y funcionamiento institucional".

Lo cierto es que la medida de Mauricio Macri tuvo sabor a revancha. En los presupuestos kirchneristas el reparto de dinero era muy desigual, en ocasiones, en desmedro de Buenos Aires. En 2014 un estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal -Iaraf- daba cuenta de que cada habitante recibió 25.714 pesos, mientras que un bonaerense, 1.895.

"Hay un gran desafío por delante, que es el de ordenar la relación fiscal entre las provincias y la Nación. La verdad es que la cuestión fiscal fue utilizada como una herramienta de disciplinamiento, de acumulación de poder y no para promover el federalismo, mejorar la vida de los habitantes de las distintas provincias o para trabajar en equipo en buscar soluciones" remarcaba Marcos Peña por aquellos días. En los hechos, nunca nada de esto sucedió.

El proyecto que estudiará próximamente la Legislatura es elocuente: uno de cada cuatro pesos para obras en 2018 llegará a Buenos Aires, con 12.969 millones de pesos en total. Es decir, un cuarto del total de obras del país se centrará en una sola provincia. Pero el operativo es aún más obsceno cuando se estudia el 100% de erogaciones enviadas a los distritos, y su división por cantidad de habitantes. Entre Ríos ocupa en ese rubro el puesto 21 de 24. Acá, donde Rogelio Frigerio suele repetir casi mecánicamente que "el federalismo volvió".

En ese punto la desigualdad es realmente sorprendente: en promedio el Estado nacional invertirá en 2018, 34.308 pesos por cada vecino entrerriano. Pero por cada habitante de CABA erogará 188.786. Es decir, 5,5 veces más. Si se saca a CABA y se suma a todos los distritos el promedio es de 38.724 pesos. O sea, estamos por debajo de la media aún sin el territorio más ampliamente beneficiado por el Gobierno.

Cambiemos usa la billetera y el látigo con el mismo rigor que lo usó el kirchnerismo. El actual gobierno no tienen interés en cambiar una lógica que es intrínseca al propio Estado que representa: capital -plata- y poder -política- van de la mano. No hay ni el más mínimo interés en plasmar en hechos concretos el "federalismo" tan mentado desde el Poder Ejecutivo y desde los ministros de su gabinete.

El principal problema de Cambiemos es que su excesiva -a veces, exageradamente sobreactuada- apertura a los medios, expone a sus dirigentes: días atrás Guillermo Dietrich dijo en Paraná que la finalización de la autovía 18 era una prioridad. Peña un par de días antes había dicho lo contrario. Consultado por las versiones encontradas, el ministro de Transporte dijo "no sé", antes de que un guardia de seguridad saliera al cruce y se lo llevara castigado por incumplir el libreto: no hablar de nada que no sean eslóganes vacíos.

El Presupuesto 2018 muestra una vez más como el poder central se impone por sobre las provincias. Con un efecto agudizador: el operativo "revancha" del macrismo. Ciudadanos de primera y de segunda. Así, con esa crudeza, repartió los fondos Cambiemos en su Ley de leyes para el próximo año. Porque al fin y al cabo, y para los que son creyentes más que nunca: Dios quizás esté en todos lados, pero atiende en Buenos Aires.

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