El Papa Franciscoconfesó que un tema que le preocupa mucho es la difusión de la homosexualidad “entre el clero y la vida consagrada”. La declaración está destinada a causar agitación porque Francisco es consciente de que en una Iglesia cuya principal crisis actual son los mayúsculos escándalos de abusos de sacerdotes pederastas que castigan y debilitan al mundo católico, no puede eludir la presencia de numerosos curas (y, en menor medida, también monjas y religiosos) con tendencias y prácticas homosexuales.

Francisco sostiene que el fenómeno, ampliamente enraizado en las instituciones eclesiásticas, “es una cuestión muy seria”, en un libro-entrevista (“La fuerza de la vocación”) sobre la vida sacerdotal, del misionero español Fernando Prado, que estará en venta esta semana en Italia.

El filósofo polaco Andrzel Kobylinski, que fue académico en la Universidad Gregoriana de Roma (llamada “la usina de cerebros” de la Iglesia) y actualmente es catedrático en la Universidad Católica de Varsovia, afirma que la situación más que seria es realmente alarmante porque “la homosexualidad en el clero ha ya dividido a la Iglesia”.

Kobylinski señala que los últimos estudios que ha leído destacan que la difusión de la homosexualidad en los seminarios y entre los sacerdotes “está causando un éxodo de heterosexuales del sacerdocio”. “Debido a la homosexualidad crecerá siempre más la desintegración del catolicismo”, agrega el profesor.

Era inevitable que la cuestión de la homosexualidad difundida entre los más de 400 mil curas católicos en el mundo, estallara en el debate tras la oleada montante decasos de pedofilia y abusos sexuales del clero a niños y menores. Francisco decidió convocar en la primera semana de febrero próximo a un centenar de presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo en el Vaticano para tratar el fenómeno de los abusos que daña tanto el prestigio de la Iglesia de 1.300 millones de bautizados.

En la entrevista, el Papa argentino sostiene que “la cuestión de la homosexualidad es tan seria que hay que discernir adecuadamente”, A partir de los candidatos en los seminarios. Francisco reflexiona que“en nuestras sociedades parece incluso que la homosexualidad está de moday esa mentalidad de alguna manera influye en la vida de la Iglesia”.

Jorge Bergoglio declara que el fenómeno le preocupa más porque “en un momento no se enfocó bien”, pero no da detalles sobre la magnitud y el origen de ese error.

“Es una realidad que no podemos negar”, reconoce. Sus palabras y su actitud contrastan con aquella célebre respuesta que dio en el avión cuando regresaba a Roma de su viaje a Brasil, en el comienzo de su pontificado. Ante una pregunta sobre la homosexualidad, respodiö: “Si una persona es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad: ¿Quien soy yo para juzgarlo?”.

Aquella frase desató un movimiento de simpatía de los grupos homos y de muchos sectores progresistas, porque la posición del Papa era distinta de la tradicion rígida de la Iglesia,que oficialmente condena la homosexualiad. En tres puntos claves del Catecismo de la Iglesia Universal se trata la cuestión. El artículo 2358 dice que muchos hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales “profundamente arraigadas”. Esta inclinación es para la Iglesia, “objetivamente desordenada”.

O sea que la doctrina católica condena directamente “la inclinación profundamente arraigada”, anterior a la práctica sexual desviada. Para la Iglesia Católica, “las personas homosexuales están llamadas a la castidad” y fulmina como pecado grave el ejercicio del sexo contra la ley natural. Una afirmación interesante es que según el Catecismo universal el origen psíquico de la homosexuliad “permanece en gran medida inexplicado”.

¿Un freno a la apertura que encabezó Francisco?

La reflexión del Papa en el libro-entrevista significa para algunos analistas que Bergoglio pone el freno a las innovaciones que en algún momento pareció promover, sobre todo en el primer Sínodo de la Familia, en el que fue presentado un documento de muy amplias miras acerca de la cuestión homosexual, bochado por la mayoría de los obispos.

El Papa se centra en sus reflexiones en la formación de los jóvenes candidatos a sacerdotes o a la vida religiosa. “Tenemos que cuidad mucho la formación, la madurez afectiva y humana. Tenemos que discernir con seriedad y escuchar la voz de la experiencia que también tiene la Iglesia”. Cuando esto no se discierne adecuadamente, “los problemas crecen", dice. Francisco deja en claro que los afectos homo, “no deben ser aceptados en la vida consagrada o la vida sacerdotal”.

A continuación, Jorge Bergoglio señala que la Iglesia “recomienda que las personas con esa tendencia arraigada no sean aceptadas ni al ministerio ni a la vida consagrada. El ministerio (sacerdotal) o la vida consagada no es su lugar.

Para completar el alineamiento total, el Papa señala que “a los curas, religiosos y religiosas homosexuales hay que urgirles a vivir integramente el celibato y ser exquisitamente responsables, procurando no escandalizar a sus comunidades y al santo pueblo fiel a Dios, viviendo una doble vida”. “Es mejor que dejen el ministerio o la vida consagrada antes que vivir una doble vida”.

La escritora Lucetta Scaraffa, columnista de punta del diario vaticano L’Osservatore Romano, observa los retardos y los escándalos de la Iglesia con la óptica de la emancipación femenina. Dispara muy fuerte. “En el clero son numerosos los pedófilos y los gay”. “Muchos se hacen curas por miedo a las mujeres, que para la Iglesia no existen”.

Scaraffa ahonda en la concepción de la Iglesia respecto al cuerpo. “¿Cómo pueden hablar si ignoran a la otra mitad del género humano?”.

Unica mujer en la primera línea de los columnistas y periodistas dentro de la Santa Sede. Scaraffa considera que la Iglesia “está sofocada por la teología, que le impide conocer la vida”. Su rechazo e ignorancia de las mujeres, la otra mitad del cielo, explica por qué “la Iglesia no ha afrontado la revolución sexual infiltrada dentro de ella”. Muchos curas “están convencidos de que la castidad es una represión que aporta neurosis y para curarse todo está permitido”. Agrega: “así no se puede terminar con el fenómeno de la pedofilia”.

El número de curas homosexuales es elevado porque muchos se hacen sacerdotes para no confrontarse con las mujeres.

Es probable que el Papa esté usando el freno de mano para aliviar los enfrentamientos internos en la Iglesia, sobre todo por la oleada disidente que se ha incubado en la Iglesia norteamericana. Los medios de comunicación siguen poniendo en la picota casi todos los días en algún lugar del mundo, a nuevos casos de sacerdotes pederastas y de sus superiores que los protegen.

Las cosas han llegado a un nivel que el Papa decidió dar una vuelta de tuerca radical convocando a Roma a los presidentes de las asambleas episcopales de todo el mundo. Oficialmente el tema son los abusos sexuales, pero probablemente el debate y las decisiones desbordarán también hacia la homosexualidad practicada por muchos sacerdotes, la vida interna “non sancta” en tantos seminarios y la necesidad de dar un nuevo rumbo a una Iglesia que en materia sexual sigue notablemente retrasada.

El académico polaco Kobylinski escribió hace poco que la homosexualidad es “el nudo gordiano” de los católicos, que lleva cada vez con más frecuencia “a las divisiones y polémicas entre los discípulos de Cristo y a la misma Iglesia”.

Kobylinski sostiene que este fenómeno “es fundamental para el futuro de la Iglesia”. “No existe el catolicismo sin los sacramentos. Si los católicos no comparten más una visión común de la homosexualidad, hay que preguntar como salvar la misma concepción del sacerdocio y de los sacramentos”.

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