Confinados en sus casas contra el coronavirus, muchos británicos pasan el día horneando pasteles o su propio pan, hasta tal punto que las compras de harina se duplicaron, los supermercados sufren desabastecimiento y los productores no dan abasto con la demanda.

La harina es "un elemento invisible de la cadena alimentaria... hasta que lo echamos a faltar", dice Alex Waugh, de la asociación británica de molinos Nabim.

Junto con la pasta, el arroz y las latas de conservas, este producto ha sido objeto del frenesí de los consumidores en el Reino Unido por hacer reservas de alimentos tomando de asalto los supermercados.

Sin restaurantes, bares o cadenas de comida rápida que les proporcionen parte de sus comidas, se ven obligados a cocinar tres veces al día y algunos pasan el día haciendo pasteles en familia u horneando pan casero.

En pocas semanas, las compras de harina en el país se multiplicaron por dos para alcanzar los cuatro millones de paquetes semanales, según Nabim.

Al igual que otros artículos de primera necesidad, como el jabón y los productos de higiene, los supermercados limitaron su venta a dos o cuatro paquetes por persona, según las cadenas.

Con los comercios desabastecidos, algunos intentan intercambiar verduras por harina con sus vecinos, a menudo en vano. Otros tratan de comprar directamente de los molinos, pero estos dicen que están "superados" y muchos tuvieron que cerrar sus puntos de venta.

Imposible satisfacer la demanda

"Los pedidos de los comercios se han cuadruplicado y hemos recibido 800 pedidos en línea en dos días, en lugar de la docena habitual", explica David Wright, director gerente de la empresa de molienda G.R. Wright and Sons.

Hay que remontar al menos a los años 1970 y a una huelga de panaderías para encontrar una situación tan tensa en cuanto a la demanda de harina en las tiendas, señala Wright, cuya empresa -propiedad de su familia desde el siglo XIX- emplea a 120 personas.

Waugh, por su parte, cree que la situación actual no tiene equivalente en la historia moderna del sector.

Como resultado, los grupos de molineros operan sus molinos 24 horas al día, siete días por semana, pero a pesar de esto es imposible satisfacer toda la demanda.

En circunstancias normales, los molinos ya funcionan casi a plena capacidad y se necesitarían meses para invertir en nuevas líneas de producción.

Además, el problema gira en gran medida entorno al empaquetado: las fábricas de papel, que producen las bolsas y las imprimen, tampoco pueden seguir el ritmo.

Por no mencionar las medidas de distanciamiento para proteger a los empleados del coronavirus, o la ausencia de muchos de ellos debido al aislamiento.

Precios sin cambios

El Reino Unido había acumulado existencias el año pasado ante el riesgo de un Brexit sin un acuerdo que podría haber interrumpido el suministro de grano desde el continente europeo.

Pero estas se utilizaron antes de la crisis sanitaria, cuando la victoria de Boris Johnson en las elecciones de diciembre dejó a un lado el fantasma de una salida brutal de la Unión Europea.

Sin embargo, esta abundante demanda no significa necesariamente grandes beneficios para los productores.

Aseguran que sus precios no han cambiado, pero que los precios del trigo subieron debido a la "caída del valor de la libra" -las materias primas se comercian en dólares- y a la fuerte demanda.

Para ellos, la situación debería normalizarse en un plazo relativamente corto, ya que algunas cadenas de panaderías como Greggs, con 2.000 tiendas en el país, han cerrado temporalmente a causa de la pandemia.

Cadenas de restaurantes como la italiana Carluccio's también bajaron la persiana, lo que contribuirá asimismo a reducir la demanda. Y Waugh insiste en que no hay escasez estructural en este país autosuficiente en harina y con mucho grano para moler.

Fuente: AFP

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