Lula es culpable es de liderar las encuestas. Hoy es lo único que podemos tener como certeza es que el dirigente popular más importante de Brasil podría ir a la cárcel -casi seguro así será- en el marco de una obscena operación judicial, con fallos que no pasarían un final de Abogacía y una presunción de inocencia que ha sido vulnerada por todos los ángulos. Si una sola prueba, y con el sólo efecto de que no participe en las elecciones, el expresidente brasileño podría ir tras las rejas en cuestión de horas.

Pero, ¿qué hay detrás de todo? ¿Cómo nació la causa por el tríplex que presuntamente alguna vez perteneció a Lula, pese a que no haya evidencia de ello? ¿De dónde deriva? Días atrás Netflix puso al aire la primera temporada de "O Mecanismo", una serie de ocho capítulos que ilustra cómo nació la causa "Lava Jato", un entramado corrupto que la Justicia buscó desarticular a través de una investigación iniciada por un policía jubilado, quien se obsesionó por dilucidar una red de desvío de fondos que involucraba a empresarios, políticos y cambistas.

Pero ¿qué es el mecanismo? Sin intenciones de "spoilear" nada podríamos sintetizarlo así: es la condición necesaria de un presidente para poder gobernar. En Brasil y en Argentina también. O al menos la que explícita o implícitamente aceptó el propio Lula, quien como principal líder de la coalición gobernante miró para un costado o no vio cómo se ejecutaba un entramado corrupto que incluía a propios y ajenos.

La serie recoge referencias repetitivas sobre un mecanismo sin ideologías, que no entiende de derecha o de izquierda. Una mesa de empresarios que gestiona coimas, con todos. Con el oficialismo y con la oposición. Un poder paralelo, que decide obras multimillonarias, con anuencia de funcionarios del Gobierno del PT. Pero que también lo hubiera hecho con Temer o con cualquier líder de la oposición que hubiese llegado a la primera magistratura. Una degradación que va, como lo dice el propio protagonista de la serie, de lo "macro" a lo "micro". Una matriz de conducta que se vincula a las altas esferas del poder institucional y a las pequeñas cosas de todos los días.

Si bien el guión recurre a algunos golpes bajos, y la supuesta imparcialidad de los directores, de a ratos desaparece, sí es posible entender que "El Mecanismo" es eso: es el pacto de silencio que se hace con ciertos sectores para poder gobernar. Es el mismo mecanismo corrupto que regía en la obra pública kirchnerista en Argentina, pero que también rige hoy con el macrismo. Porque las coimas de Odebrecht tocan a Julio De Vido, pero también a Gustavo Arribas. Juegan a otro nivel, mucho más allá de las ideas. Mueven millones, operan jueces, compran portadas y venden almas.

La presunta lucha a ese mecanismo hoy es la excusa de los sectores más conservadores, en conjunto con el partido judicial brasileño, para cargarse un candidato popular. Pero mientras sigue operando, de fondo. Y todos, los que dicen combatir la coprrupción, y la que la niegan rotundamente, son funcionales mientras acepten que es condición necesaria para poder gobernar, sea de izquierda o derecha el que se siente en el sillón presidencial.

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