* Por Gustavo Tarragona. Politólogo. Contacto: gpotarragona@gmail.com

El pasado martes 29 de octubre, el diplomático argentino Embajador Rafael Grossi fue electo Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Una noticia que pasó casi desapercibida, entre la dinámica política de la región y nuestros propios desafíos y problemas internos.

El OIEA fue creado en 1957, en plena Guerra Fría, luego de las terribles experiencias de Hiroshima y Nagasaki y donde además comenzaba a darse una carrera entre las dos superpotencias (EEUU y la URSS) y otros estados por el dominio de la tecnología nuclear.

En ese contexto, los objetivos de creación del OIEA fueron (son) promover el uso de la energía nuclear con fines pacíficos y por otra parte controlar su utilización en proyectos destinados a fines bélicos (disuadir la construcción de bombas atómicas).

El Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN) es un tratado firmado en Julio de 1968, y en vigor desde de 1970, que restringe la posesión de armas nucleares y forma parte por tanto de los esfuerzos de la comunidad internacional para impedir la proliferación de armas de destrucción masiva. Sólo a cinco Estados se les permitió la posesión de armas nucleares: los Estados Unidos , el Reino Unido, Francia, la Unión Soviética (sustituida por Rusia), y la República Popular de China. La condición especial de estos cinco "Estados Nuclearmente Armados” se definió a partir de que eran los únicos que habían realizado un ensayo nuclear hasta 1967.

Con este Tratado, el OIEA estableció un sistema de salvaguardas internacionales, que son un conjunto de requerimientos y procedimientos aplicables tanto a los materiales nucleares como a los equipos e información de interés nuclear, con el fin de asegurar que tales elementos no tengan como finalidad un uso no autorizado.

Por otro lado, es importante tener en cuanta que la Argentina ha venido desarrollando desde 1950 una clara y exitosa política de Estado (quizá la única) en cuanto al desarrollo y dominio de la tecnología nuclear. Así, en 1958 nuestro país construye el primer reactor nuclear de A. Latina; en 1974 se inaugura Atucha I; en 1984 se finalizó la Central Nuclear Embalse y en 2014 Atucha II. Por otro lado, empresas como INVAP exportan tecnología y know how hacia diferentes lugares del mundo (sin ir más lejos, el año pasado se firmó la venta de un reactor a Holanda).

Rafael Grossi es Doctor en Relaciones Internacionales, Historia y Política Internacional por la Universidad de Ginebra. Diplomático, egresado del ISEN (Instituto del Servicio Exterior de la Nación) en 1984 y formado en la por entonces recientemente creada Dirección de Asuntos Nucleares y Desarme (DIGAN). Desde ese momento se transformó en un especialista en desarme y no proliferación del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina, desempeñando diferentes cargos relaciones a éstas temáticas.

Podemos decir que su designación al frente del OIEA expresa los más de sesenta años de historia nuclear argentina, una historia construida en base al principio del uso pacífico de la energía nuclear, la investigación y la cooperación internacional.

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