La foto del pequeño niño sirio Omran Daqneesh se convirtió en un símbolo contra la guerra en su país. El pequeño fue víctima de un bombardeo en la localidad de Alepo -en el que murió su hermano de 10 años- y logró sobrevivir. Sin embargo, sigue padeciendo la brutalidad y las consecuencias del conflicto armado. El régimen de Bashar Al-Assad le aplicó un duro castigo.

Su rostro cubierto de polvo y sangre, junto a su expresión desorientada y de pánico en la ambulancia, generó indignación en todo el mundo y dio lugar a nuevas críticas hacia el gobierno central de Siria que emprende una masacre contra su propio pueblo. Lejos de asistirlo, el régimen no le perdonó su gran repercusión y cobró venganza.

El reportero gráfico que tomó la foto, Mahmoud Raslan, explicó qué había ocurrido con el niño. "Perdí el contacto con la familia de Omran. La milicia de Al-Assad arribó y su familia fue confinada bajo arresto domiciliario, donde no pueden ser contactados por los medios occidentales. Su residencia fue cambiada y fueron puestos bajo custodia", relató.

Antes de accionar contra la familia, el régimen reaccionó con furia respecto a la fotografía y el video que circularon a toda velocidad por los medios del mundo. Incluso, intentó convencer al mundo que había sido "falsificada", que era un truco para minar la imagen de Damasco.

La fotografía se convirtió en un símbolo y el régimen comenzó a reprochar la cobertura hecha por los "medios occidentales", con el propósito de tapar el horror que atraviesan las víctimas de la guerra. Esa fama no deseada hizo que accionaran contra Omran y la familia Daqneesh, en lugar de ponerle un freno a la violencia.

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