José Leandro Sánchez dice que cuando aprenda a escribir bien publicará un libro con sus verdades. Se cansó de la burla, de los insultos, de las críticas y de esas miradas prejuiciosas de sus vecinos, por lo que decidió mudarse, irse de Nogoyá (Entre Ríos), donde vivió 14 años, para trasladarse a casa de una hermana mayor en Colón, a 150 kilómetros. Se fue solo, sin su mujer ni sus dos hijas.

«Me puse una gorra, anteojos, un pañuelo tipo barbijo y me rajé, ya no aguantaba más la presión. En un momento no podía estar en las calles, te juro… Primero me pedían fotos y me decían que me apoyaban, que me entendían, que era el famoso del pueblo más querido, pero después, por tantas mentiras en mi contra, me tiraban lo peor y hasta se metieron con mi familia. Dije basta y me fui de Nogoyá, tenía que empezar una vida nueva, de cero», revela Sánchez, de 41 años.

Pero, ¿quién es José Leandro Sánchez? Para todos los que oyeron, lo vieron o leyeron sobre él es el recordado changarín, que el buscador de Google agrega «Mentiroso» y «Fake». El 19 de marzo de 2019, Sánchez fue el hombre más buscado en internet, quien monopolizó portales, noticieros y magazine televisivos, desfilando por una media docena de ciclos en un llamativo y voraz raid por Capital Federal.

Se hablaba por entonces de que «Argentina necesita de estos hombres», «de la grandeza de los humildes» y se lo llegó a apodar «El héroe de Nogoyá». ¿Qué había pasado? El changarín que se ganaba la vida pintando casas y vendiendo pan había sido noticia -cerca del mediodía de aquel martes 19- por haber encontrado un maletín con 500 mil dólares en Nogoyá, que había devuelto a su dueño, un misterioso empresario que le ofreció a cambio un millón de pesos. Pero él hombre del hallazgo no los aceptó. «Sólo quiero un trabajo en blanco«, había hecho vox populi.

«Un hombre, un tal Gustavo Schultz, bajó de su camioneta roja hablando por celular, parecía estar discutiendo, y tenía en sus manos un maletín que abandonó en una calle concurrida del barrio comercial Villa 3 de Febrero», repetía -por entonces- ante quien se lo consultaba. Testigo de esa secuencia confusa,Sánchez –siempre según su relato– fue por el maletín, lo abrió, se obnubiló con la marea verde y se espantó con un revólver entre los billetes.

Pasadas las 20 de ese mismo día martes 19 de marzo de 2019, se daba la primicia que todo era falso y se derrumbaba la imagen de ídolo que Sánchez había construido con convencimiento y nervios de acero. «Estoy en condiciones de decir que todo es mentira. No hay empresario, ni camioneta, ni maletín, ni dólares ni revólver. Nadie vio nada», aseguraba el fiscal de Nogoyá Federico Uriburu ante la sorpresa de propios y extraños.

De un día para el otro, José Leandro Sánchez era el hombre más conocido de Nogoyá, pueblo entrerriano de 40.000 habitantes. Pasó de ser el orgullo del lugar a la deshonra. «Pedí perdón hasta el cansancio. Iba por la calle y paraba a todos los que me miraban y les explicaba que lo que hice fue por desesperación, porque necesitaba trabajar, porque quería darle algo a mi familia necesitada. Y me lo entendían. Eso lo fui haciendo durante semanas, hasta que las cosas fueron mejorando», recuerda el changarín desde Colón, donde se encuentra cuidando un complejo de bungalows.

Pasa revista por aquellos días vertiginosos y los grafica como una pesadilla. «Yo no daba más, laburaba pintando casas y en una panadería desde hacía cuatro años, en negro, y estaba muy angustiado, cansado de las falsas promesas, tanto por mi situación personal como por todo lo que había inventado. No lo podía creer. Cuando quise volver atrás ya era tarde, estaba jugado. Hasta a mi mujer le conté la historia del maletín y, claro, después me quería matar«.

Sánchez había confiado en su jefe de la panadería,, donde venía trabajando hace varios años. «Me había asegurado que me efectivizaría pero pasaba el tiempo y nada, nunca nada. Yo quería una obra socialpara mi hijita Agustina (8), que siempre tuvo un problemita respiratorio y creo que me harté de las promesas de este señor, imagino que eso me llevó a inventar ese cuento que insisto, ni yo lo puedo creer«.

Después de remontar la cuesta y volver a tener un poco de paz en Nogoyá, su tierra querida y adoptada (él nació en un municipio llamado Maciá) durante abril y mayo del año pasado, con vecinos que lo reconocían y le pedían una selfie («Es el que apareció en la tele», «Mirá, es el changarín», «¿Nos sacamos una foto?») .

Otro escándalo

Otra noticia poco amable lo volvió a depositar en la vidriera de los escándalos. Habría denunciado a un cura de apellido Benavídez, que fue apartado provisoriamente por algunos escándalos, por haber recibido dinero a cambio de masajes y servicios sexuales.

«Ese invento me terminó de enterrar, una denuncia que yo no hice de la manera que trascendió. Lo que sí yo dije es que ese cura, que trabaja en un colegio y al que yo le había pedido trabajar como portero, tenía la costumbre de pedir cosas a cambio. Tenía esa manía, viste, perola denuncia me la modificaron y dijeron que yo había arreglado cobrar una plata a cambio de masajes y favores sexuales. Una mentira absoluta. Terminé pidiéndole disculpas al cura por toda la bola que se había armado, todo un invento de la policía, que me tenía bronca, celos, envidia por ser conocido y salir en la tele«.

La enrevesada situación en relación al párroco desembocó en la indignación del pueblo de Nogoyá hacia José Sánchez y su familia. Esta vez no había vuelta atrás. «A mí me trataban mal en la calle, me denigraban, me humillaban y ya no me daban changas, yo era una mala palabra. Pero lo peor fue que a mi hija la volvían loca en el colegio: sus compañeritos se burlaban, le decían que tenía un papá mentiroso, estafador y hasta que yo era puto. Se hizo insostenible y la cambié a otra escuela y mi nena se vino abajo, sufría de depresión infantil. Me sentía culpable por todo lo que estaba atravesando mi familia… Paola mi mujer estaba muy enojada».

Su vida como periodista «ciudadano»

En septiembre del año pasado Sánchez viajó a Colón solo, decidido a buscar nuevos horizontes. Necesitaba lavar una imagen de desprestigio que se hizo pública en buena parte de la provincia de Entre Ríos. «Estuve en la casa de mi hermana Mariela varios meses sin salir, cuatro o cinco. No quería que me viera nadie, estaba muy deprimido, sin fuerzas, pero también pensaba en las macanas que me mandé… Reconozco que me equivoqué fiero y aprendí la lección».

Pasaron los meses de encierro hasta que el changarín empezó a moverse por las calles de Colón de incógnito. Anteojos, gorra y una conducta austera. «Necesitaba laburar y cuando me presentaba a algún trabajo de albañilería decía ‘Soy José Sánchez’ y ahí la gente me reconocía y no me daban trabajo… Entonces decidí llamarme Ramón y empecé a buscar changas siempre medio tapado hasta que conseguí en una construcción. Y así estuvo varios meses. Era Ramón para todo el mundo y yo estaba cómodo, hasta que saltó otra noticia falsa y volví a estar en boca de todos«.

Mientras «Ramón» trabajaba puertas afuera, José Leandro Sánchez aumentaba aceleradamente su número de seguidores en Facebook. «Decidí convertirme en una persona de gestión y ayudar desde mi red social con las cosas que sucedían en Colón. Quería hacer periodismo social, viste… Ponían un semáforo en tal esquina, yo lo publicaba; veía a un grupo de borrachines que molestaban, lo mismo; si enganchaba a alguien en moto sin casco o a alta velocidad, también… si encontraba un perro perdido, ayudaba a encontrar a su dueño. Así empecé a tener un montón de seguidores que a su vez me proveían de información».

Más fakenews

«Lo hizo de nuevo: el changarín de Nogoyá inventó un crimen y alarmó a una ciudad entera», tituló Clarín el pasado 17 de junio. «Colón urgente. Mataron a uno en el barrio San Francisco hace instantes. El asesino está prófugo», escribió en su cuenta. La noticia se multiplicó en las redes y motivó un rastrillaje policial mayúsculo. Tras varias horas de averiguaciones, confirmaron que la noticia no era verdadera y la policía fue a buscar a Sánchez para recriminarle su actitud.

«Me engañaron, me mandaron una noticia falsa que compartí sin chequear. Un pibe de confianza me hizo una mala jugada y lo que en realidad era una gresca callejera que terminó en la nada, yo lo convertí en un asesinato con un prófugo. Me quería morir, ‘¡Otra vez no me puede estar pasando!’, me repetía una y otra vez. Le expliqué eso a la policía y dije que no volvería a compartir una noticia de esa magnitud sin demostrarla».

Vivió días turbulentos Sánchez porque los vecinos, enterados de quién se trataba, lo encararon: «Ahora sabemos quién sos, acá no vengas a mentir porque te vamos a echar, ¿entendiste». Sin enojarse, él volvió a explicar a quien lo increpara que «fue un malentendido, alguien que me hizo una broma pesada».

Otra vez a remarla, a cuidarse, a no cometer ningún desliz. «Yo soy un laburador, lo único que quiero es ganar plata para mandárselas a mis hijas (Agustina de 8 y Candela de 5). Hace un tiempo ya que estoy más estable laboralmente, cuidando desde marzo un complejo de cabañas y me pagan $ 800 por día más el alojamiento por ser sereno durante las noches. Extraño mucho a mi familia, a mis hijas y cuando pase la pandemia, las voy a ir a buscar y me las traigo para acá».

Reflexiona el changarín sobre lo difícil que es recuperar la credibilidad con amigos y con la familia. Después del episodio del maletín, su nombre estaba en todos lados y se enteró que una escuela de La Rioja, que quería ayudarlo, impulsó una juntada de firmas para que Sánchez fuera al «Bailando», el programa de Tinelli.

«Me dijeron que había un millón de firmas y me habían dicho de esa escuela riojana que todo estaba encaminado, que era un hecho. Yo confié y lo conté en una nota radial, pero al final nunca se dio mi participación y volví a quedar como un mentiroso. ¿Qué tuve que ver yo? No soy un santo, ni un inocente, pero soy un tipo decente, laburador y sobre todo un buen padre».

AS-Clarín

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