Causalidad o casualidad. La mayoría de las personas a las que se le hace elegir entre estas dos opciones opta por causalidad. Hace bien sentir que uno tiene las riendas de su vida entre manos. Las historias laborales, sobre todo cuando uno está haciendo sus primeros palotes, están plagadas de oportunidades a las que uno debe estar preparado. La oportunidad es la casualidad, estar preparado y atento, es la causalidad.

Un poco de estos dos condimentos tuvo la puesta en marcha de la carrera profesional de Eugenia Castro Almeyra, ex asesora CREA, hoy en la administración y asesoramiento de inversiones agrícolas del grupo AgroLajitas, que hace siembras compartidas en unas 25.000 hectáreas (70% commodities y 30% especialities) en Tucumán, Salta, Santiago del Estero, Catamarca y Jujuy. “Estoy viviendo un sueño, hago lo que me gusta y gran parte de eso se lo debo al know how que adquirí en AACREA”, sentenció, convencida y orgullosa, la ingeniera agrónoma.

Sus primeros ocho años de vida Castro Almeyra vivió con su familia en Las Lajitas, que, por entonces, era un pueblo rural “muy pueblo”, que estaba iniciando su expansión. Su padre administraba un campo allí, recuerda haberlo acompañado a recorridas. “Había muchos extranjeros invirtiendo en la región y tomaban administradores argentinos, yo iba a un colegio público donde tenia contacto con todas las clases sociales del pueblo, y a la tardecita o la noche, en las reuniones, conocía gente de lo más extraña, que hablaba otros idiomas, mayormente inglés o alemán”, apuntó Castro Almeyra, que tiene los mejores recuerdos de la vida de pueblo. “Cuando sos chica es lo mejor que te puede pasar, todo está cerca, te movés sola, andás a caballo o en bici, vas a la cosecha, jugábamos con mis hermanos en el campo, tengo muy lindos recuerdos de entonces”, repasó. Son tres hermanos, ella es la más chica y la única que se dedicó al campo.

Cuando terminó la secundaria, Castro Almeyra sabía que quería estudiar agronomía o zootecnia, pero ninguna de las carreras estaba en Salta capital, donde estaban viviendo. “También se asomaba medicina como una opción, pero me desalentaron diciendo que no tenía ningún contacto, ni familiar médico, que todo iba a ser muy cuesta arriba”, recordó Castro Almeyra.

Como Agronomía no estaba en Salta se mudó a Tucumán, donde hizo toda la carrera y se quedó a vivir hasta el día de hoy. “Elegí la agronomía porque me gustaba mucho la idea de no hacer todos los días lo mismo, no me veía inmersa en una rutina de abrir y cerrar un negocio, o cumplir horarios; con sus pro y contras prefería tener una vida más libre, sin ataduras de horarios, además, me gustaban los animales, especialmente los caballos”, contó Castro Almeyra. Aunque reconoció: “En un punto idealicé una vida de campo como algo espectacular, que después no fue tan así”.

Todo empezó en un bar

Pero volviendo al péndulo que va de la causalidad a la casualidad, aquel idilio con el movimiento CREA empezó en un bar. “Mientras terminaba la carrera (que cursó entre 1999 y 2005) yo trabajaba en un bar de moza en el que siempre se juntaban miembros de un grupo CREA, un compañero detectó que eran de algo vinculado al campo y dejó que yo los empezara a atender a ver si me servía; los atendí durante dos años, ¡eran mi mesa de consulta para rendir los exámenes, les preguntaba de todo!”, recordó Castro Almeyra, entre risas.

Los que se juntaban eran miembros del grupo CREA Los Pereyra, que cuando Castro Almeyra se recibió, le ofrecieron su primer trabajo dentro del grupo. “Cuando me recibí, yo no era nadie para los del campo en Tucumán, no tenía contactos, por eso siempre les digo a los que están empezando que no necesariamente tenés que ser del palo o venir de familia de campo, a mí no me conocía nadie, sin embargo, me ofrecieron hacer seguimiento de ensayos, algo de lo que no tenía ni idea, tampoco tenía auto, pero ellos me facilitaron todo, me apadrinaron, hoy en día siento que son los padrinos de mi carrera”, resumió la ingeniera agrónoma.

Ese trabajo como ensayista duró un año. Al año siguiente, 2007, se empezó a formar el CREA “El Rodeo” y Castro Almeyra se postuló como asesora. “Fui de cara dura, tenía 23 años, me presenté y empecé una carrera de 10 años que no cambio por nada en el mundo”, refirió. Y sentenció: “AACREA te da red de contactos y know how invaluable, para cualquier joven que se recibe es espectacular, ojo, quizás si entrás en una empresa tenés más ventajas económicas y comodidades, pero el retorno a la inversión de ese tiempo que uno puede hacer siendo joven es espectacular, es el mejor MBA que se puede hacer”.

Actualidad: siembras asociadas

Durante varios de los años que estuvo en CREA, Castro Almeyra se fue especializando en agronegocios para llevar adelante la gestión empresarial. “No era lo que había proyectado cuando empecé la carrera, pero cuando lo descubrí encontré mi verdadero amor, los agronegocios son lo que más me gusta hacer”, confesó Castro Almeyra.

Durante la última etapa en CREA (2014-2017) tuvo la posibilidad de trabajar como tutora en el Programa de Dirección de Empresas Agropecuarias (PDA) de la Universidad de San Andrés en convenio con CREA. “Ya tenía más de 30 años, casi 10 vinculada a CREA y me sirvió para terminar de confirmar que dedicarme a los agronegocios me permitían tener una vida familiar más armónica, porque cuanto tenés hijos todo cambia”, reflexionó Castro Almeyra que actualmente, además de asesora de inversiones es productora junto a su marido.

Consultada sobre lo que más le gusta de lo que hace hoy, Castro Almeyra ponderó el hecho de “ser el nexo entre distintos puntos de vista para la toma de decisiones todos los años”. “Nos tenemos que poner de acuerdo, pero para eso, hay que evaluar no sólo escenarios técnico-productivos, también se evalúan presupuestos y escenarios en los que puede cambiar el clima, los precios, las retenciones, el dólar, el dólar divisa o el blue, son tantas variables que lo hace sumamente entretenido y desafiante”.

Además de todo eso, hay que sopesar los intereses y momentos de los inversores (los más grandes son una docena). “Para coordinar todo eso estás obligado a apelar a todas las competencias no sólo técnicas, y eso, es motivante a cada paso”, reafirmó.

Madre y agrónoma

“Cuando empecé a ser asesora CREA no tenía hijos, mi marido también es agrónomo, los estábamos habituados a viajar y pasar afuera algunos días o encontrarnos en algún punto intermedio, no me parecía una vida difícil”, recordó Castro Almeyra al ser consultada sobre ser agrónoma y madre.

De hecho, cuando entró al Movimiento CREA, hace 15 años, eran 3-4 mujeres asesoras en todo el país de más de 200 asesores en total. “Siempre me trataron muy bien, me respetaron y hasta te diría que nos malcriaban”, se rió Castro Almeyra.

Cuando llegó el momento de ser madre, la dinámica cambió. “Ya con el embarazo se complica para hacer viajes largos, recorridas y pasar horas bajo el sol, esa etapa durante los embarazos fue compleja tenía que parar mucho”, recordó. También recuerda viajar con los hijos (que ahora tienen 11 y 6). “Me iba al campo con ellos, tenía una buena niñera que los cuidaba y atendía mientras yo trabajaba y eso me permitía seguir”, contó.

Breve paso por la función pública

A inicios del 2017, le llegó una propuesta desafiante. Fue convocada para trabajar en el Programa Cambio Rural del Ministerio de Agroindustria de la Nación. El programa dependía de la Secretaría de Agricultura liderada por Ricardo “Ricky” Negri, con quien Castro Almeyra ya había trabajado en AACREA.

A inicios del 2017, le llegó una propuesta desafiante. Fue convocada para trabajar en el Programa Cambio Rural del Ministerio de Agroindustria de la Nación.

A inicios del 2017, le llegó una propuesta desafiante. Fue convocada para trabajar en el Programa Cambio Rural del Ministerio de Agroindustria de la Nación.

“Me costó mucho tomar la decisión, yo no era del palo y vivía en Tucumán, aceptar una propuesta como esa implicaba dejar muchísimas cosas, no era sólo un cambio de trabajo, sino también dejar mi casa y mis hijos por muchos días a la semana para ir a Buenos Aires, en ese contexto, mi marido y su apoyo incondicional me convencieron de que yo era capaz de poder hacerlo”, recordó, agradecida, Castro Almeyra.

El trabajo era reposicionar el Programa como herramienta de extensión para el desarrollo de pequeños y medianos productores. “Fue un trabajo sumamente intenso, requería muchos cambios, acuerdos y todo esto en muy poco tiempo”, relató Castro Almeyra. Y prosiguió: “A diferencia de cualquier otro trabajo, el Estado es un elefante grande y pesado”.

“Destaco que era un muy lindo equipo, muy comprometido, trabajamos muchísimo en análisis de políticas y fondos del programa, elaboramos buenos planes de trabajo, actividades y sistemas de control en la ejecución de acciones en territorio”, recordó Castro Almeyra.

Casi llegado el 2019, las cosas estaban en marcha, se había cumplido la tarea y se fue. “Sigo teniendo una gran relación con muchos que aún están en el programa”, dijo.

Claves para invertir hoy

“La diversificación y la asociatividad son dos componentes claves en los agronegocios de hoy”, disparó Castro Almeyra que desde 2010 trabaja para AgroLajitas. Y aclaró: “Ojo, con diversificar no me refiero a que un productor siembre distintos cultivos en un mismo campo, porque el riesgo climático no lo esquivás, porque el que pone la plata siempre sos vos y porque las decisiones siempre salen de una cabeza, con diversificar me refiero a trabajar de manera compartida, asociada y así tenés la posibilidad de invertir lo mismo, pero de manera repartida, diluyendo los riesgos”.

“Gran parte de las empresas con las que trabajo podrían hacer solas lo que hoy elijen hacer de manera asociada y compartida, y lo hacen así porque minimizan el riesgo agrícola”, graficó Castro Almeyra. Por otro lado, los inversores, “no sólo ponen la plata, también aportan su know how, y eso es muy valioso, porque cada uno viene con un conocimiento específico de algún negocio, el cual pone sobre la mesa, sea un exportador de especialities, o vendedor de insumos, por ejemplo”.

En la diversificación, también se evaluó y evalúa cada tanto la posibilidad de agregar valor localmente para reducir el costo de flete (1000 km o más dependiendo la región), muy oneroso siempre, más en épocas en las que los granos no valen tanto (puede representar hasta el 30-40% del precio). “Nos hemos planteado alternativas, pero nos cuesta pensar el cómo, porque las inversiones son cuantiosas y hay tantos cambios de reglas de juego que siempre nos han tirado para atrás, da temor un contexto tan inestable”, lamentó Castro Almeyra.

Tecnificación del norte

Así como ha ido pasando en diferentes lugares del país, también el norte argentino se fue tecnificando y “amigando” con las innovaciones que permiten medir, cuantificar y tomar decisiones más acertadas.

“(Desde que empecé) veo más profesionalización en los esquemas productivos, antes no había tantos ingenieros ni administradores como ahora, las cosas se hacían porque siempre se habían hecho de una manera, como legado”, contó la ingeniera agrónoma. Claro, hacer lo mismo en un contexto dinámico no es lo más recomendable. “El hecho de que haya habido tantos problemas con insectos y malezas resistentes, además dos secas seguidas fuertes, dejó afuera del negocio a los que no son eficientes, ya no se pueden hacer las cosas como lo hacían los abuelos o los padres, ese contexto obligó a que incluso las empresas familiares tuvieran que aggiornarse”, dijo Castro Almeyra.

Quedó lejos en el tiempo aquella moza que trabajaba en el bar para solventar el estudio, esperando, agazapada, que surja alguna posibilidad mientras terminaba la carrera. Pero las motivaciones e inquietudes siguen siendo las mismas. “Soy una enamorada del sistema productivo que administro, me parece espectacular porque todos vamos a riesgo, cada uno pone y se lleva lo suyo, sea trabajo, plata o conocimiento, todos arriesgamos, un desafío que tengo es poder llevar este sistema de asociativismo a otro país, sea Paraguay, Brasil o Uruguay”, cerró… perdón, soñó.

Fuente: Clarín

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