¿Y si te dijera que esta dieta puede hacerte sentir menos hinchada, inflamada y cansada ? ¿Y si esos dolores de cabeza y articulares se atenuaran? ¿Y qué decir de esos molestos gases ?

Alimentarse bien es uno de los caminos más fiables para proteger y mejorar la salud. Numerosos estudios demuestran que la nutrición ha jugado y juega un importante papel en nuestra vida, incluso antes del nacimiento.

Un comportamiento alimentario desequilibrado e inadecuado sumado a falta de actividad física y a hábitos poco saludables producen inflamación crónica, proceso mucho más complejo que acaba convirtiéndose en una disfunción en sí misma promoviendo la aparición de enfermedades crónicas como diabetes, osteoporosis, enfermedades cardiovasculares, fibromialgia, enfermedades gastrointestinales y hepatobiliares, etc .

La OMS lo define como “La doble carga de la malnutrición”, tan perjudicial es el exceso de calorías y ciertos nutrientes (azúcares, sodio o grasas saturadas) como el defecto de vitaminas o minerales fundamentales para el metabolismo. La alimentación actual, rica en alimentos de escasa calidad nutricional y elevada densidad calórica, no aporta una nutrición óptima que favorezca el estado de salud natural del organismo.

Hay tres pilares fundamentales que se deben cumplir en una alimentación saludable y son válidos para todas las personas: natural, nutritiva, antiinflamatoria. También sumado a lo dicho anteriormente es de suma importancia vivir en un entorno saludable, realizar actividad física moderada y continuada; y un equilibrio emocional adecuado.

Al hablar de alimentos naturaleshay que pensar en aquellos que estén mínimamente procesados. Esto hay que tenerlo en cuenta en cualquier producto y elegir siempre aquello que se asemeje más al producto que estaba inicialmente en la naturaleza. Para comer natural hay que huir de los productos preparados y los aditivos. Y si se compran alimentos ya procesados, se debe buscar lo más artesano y natural. Es recomendable organizar el menú semanal y tomarse el tiempo de hacer preparaciones caseras para no caer en el apuro de la rutina diaria llegando a elegir lo menos conveniente.

La vida actual es sedentaria, cómoda y el gasto calórico ha disminuido considerablemente. Por ello hoy se necesitan menos calorías que antes, pero esto no debe comprometer la cantidad de nutrientes de la dieta. Hay que buscar las opciones más nutritivas pero menos calóricas.

Todos los alimentos refinados son adictivos aportan calorías pero pocos nutrientes y esto favorece la obesidad y la malnutrición al mismo tiempo.

Las grasas cárnicas, las hidrogenadas y lácteas, los aditivos a base de sodio favorecen la inflamación; para evitar esto hay que consumir carnes magras con moderación y no procesadas. La cultura de consumir bizcochos, facturas y demás productos de panadería son la perfecta combinación para producir aumento de peso con mala calidad nutricional promoviendo la acumulación de grasa corporal y la inflamación.

Sin embargo, los pescados principalmente de mar, el aceite de oliva virgen extra y frutos secos son fuente de grasas buenas que contienen ácidos grasos poliinsaturados que el organismo necesita.

También es importante consumir una gran cantidad de antioxidantes. Los pigmentos de los vegetales son sustancias que tienen un elevado potencial antioxidante, por ello un plato de vegetales colorido asegura un gran aporte de los mismos.

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