El decreto antinepotismo firmado por Mauricio Macri, lejos de haber cumplido con su meta, resultó otra medida que sólo fue para la tribuna. Presionado por el escándalo de Jorge Triaca, quien puso a dedo a su hermana en el Banco Nación, más que por pura convicción, el Presidente rubricó una norma que en realidad, lejos de cumplir lo anunciado, sólo calmó las aguas turbulentas de la Casa Rosada.

Los resultados están a años luz de las expectativas: sólo 12 parientes de ministros o funcionarios del Poder Ejecutivo dejaron su cargo desde que el mandatario dio a conocer la medida, y cuya fecha límite para cumplirse es el 28 de febrero. Los demás, amparados por la "letra chica" de la norma, seguirán en sus puestos de trabajo.

Entre los que se fueron está el entrerriano Juan Diego Etchevehere, quien se desempeñaba como delegado del Ente Nacional de Comunicaciones -Enacom- en la provincia. Su condición de hermano de Luis Miguel -ministro de Agroindustria de la Nación- fue la calve para que abandonara el puesto. Junto a él se fueron cuatro parientes de Triaca -su esposa, su cuñado y sus dos hermanas-; Victoria Costoya, esposa de Rogelio Frigerio; Elena Bordeu, media hermana del secretario de la Presidencia, Fernando De Andreis; Andrés Peña y Félix Peña, hermano y padre respectivamente de Marcos Peña, jefe de Gabinete; Francisco Langieri, hijo de Patricia Bullrich, ministra de Seguridad; Matías Santos, hijo de Gustavo Santos, ministros de Turismo; y Rodrigo de Loredo, yerno de Oscar Aguad, actual ministro de Defensa. Nadie más.

Si bien hay casos que están justificados, como el de la hermana de Rogelio Frigerio, Ana, quien es empleada hace 25 años de Cancillería, hay otros que simplemente se ampararon en las condiciones del decreto, que indica primer y segundo grado cosanguineidad. En ese marco seguirán cobrando del Estado, Mario Frigerio -tío de Rogelio, ministro del Interior-; Cecilia Stanley, prima de Carolina, ministra de Desarrollo Social; Alejandra Illia, prima de la vicepresidenta, Gabriela Michetti; Soledad Alonso, hermana de Laura, titular de la Oficina Anticorrupción -área no alcanzada por la norma firmada-; y un hijo y un hermano de José Torello, asesor del Presidente, que sostuvo que pedirles la renuncia era una "decisión personal".

El decreto antinepotismo no cumplió con nada de lo anunciado. Si bien tuvo repercusión en algunos puntos concretos del país, como en Victoria, donde renunciaron tres funcionarios, por lo demás el exhorto del Presidente a seguir su medida no parece haber tenido eco, siquiera dentro de las propias paredes de la Casa Rosada. Porque como nos suele tener acostumbrada la casta política argentina, a la hora de gobernar lo primero es la familia.

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