viernes 17 de mayo de 2024
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Una mirada desde la alcantarilla

Bajo la arboleda: Soledad Waterloo, ramificaciones de un deseo

Invitación a los sueños

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Bajo la arboleda

Soledad Waterloo, ramificaciones de un deseo

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Desde el llano

Recuerda haber aprendido a andar en triciclo desde muy chica, cree acordarse de escenas puntuales mientras pedaleaba: ver árboles inmensos, mirar en detalle el movimiento de las ramas con la brisa, la necesidad de escapar cuando por alguna pequeña disputa escuchaba un poco más fuerte el tono de voz de los adultos.

Soledad era niña y era inquieta pero encontraba la calma bajo el reposo de los relatos, cuentos que escuchaba de las voces grandes y cariñosas, relatos que ella inventaba en su acercamiento a la literatura, la escritura y su pose como de quietud, pero por dentro el ritmo de las aves o de los volcanes, lo subterráneo que no se ve si estás lejos.

Ya de grande, como un felino que gatea con todo el tacto abierto, una mujer experimentando qué cuerpo siente y qué busca. Unos versos de Mary Oliver mientras converso con ella:

Solo tienes que dejar que ese delicado animal que es tu cuerpo ame lo que ama.

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La conozco a Soledad de la facultad porque es profesora de literatura y después porque compartimos docencia en la Escuela Normal. Un día me regaló una latita redonda como las que tenía mamá con pastillas de anís cuando yo era niña, en el centro un ungüento para los dolores. Olor a jengibre y menta, no sé qué más, le agradezco y la empiezo a observar con más detalle durante estos cinco años en una distancia que nos aproxima. Hoy Sole es la creadora de Ananké, una marca de cosméticos hecha con ingredientes naturales, hoy Sole es una mujer que emprendió una búsqueda que continúa asombrándola.

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Necesitaba silencio, una conexión conmigo misma para saber cómo comunicar. Entre diferentes terapias, Soledad advirtió que el silencio la templaba. Un año estudió el silencio y sus repercusiones en ella. En la infancia dice que cree haber mirado tanto los árboles porque para ella comunicaban algo “me podía imaginar historias y a mí misma en otras circunstancias”. Por eso sigue volviendo a Maciá, a las ciudades del interior donde creció para recuperar esa forma de mirar las cosas vivas.

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Última hija de una familia donde todos eran grandes, Soledad aprende a escribir de muy chica, escucha a su madre leerle poemas y aprende a reconocer letras y ritmos. En la escuela la eligen para que escriba en los actos, despedidas y discursos. Después en otra etapa, se distancia y busca el artificio. Cuando retoma el camino creativo, estudia Literatura y busca la sinceridad en los textos, lo que la cautiva es la forma humana en la que las cosas se dicen, el cómo de aquellos álamos, de los eucaliptos presentes en los vientos y de las personas presentes en sus palabras.

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A la docencia le agradece los vínculos, y en ese camino como profesora entiende la importancia de las fragilidades en los entornos donde se debe encastrar. Así que observa cómo su cuerpo siente también la exigencia de los tiempos institucionales, las incomodidades de los impulsos propios y la necesidad de reconocer un arrastre de ansiedades antiguas que permanecían agazapadas. El silencio, entonces, se asienta en la lengua de quien debe hablar, de quien se espera que diga y después de vaivenes, decide tomar licencia de la docencia por un tiempo hasta el despegue definitivo después de nueve años al frente de las aulas.

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La lectura fue fundamental para interpretarse, pensó en escribir una tesis doctoral sobre el silencio en espacios atiborrados de ruidos, leyó y se escuchó no decir porque buscaba los modos de hacerlo como necesitaba en ese momento, dice que aún hoy busca esa forma escurridiza y cambiante. Mientras, en paralelo, la investigación sobre las creaciones de productos naturales para la piel de Ananké crecía, empezó de forma lúdica, y continuó como la tarea artesanal sobre la que tenía un poder, que era el poder de cambiar las cosas, el de ser demiurga, y el asombro con el que descubría que aquellas primeras cremas hacían sentir bien a otras personas.

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“Plantas nativas, cosas más sencillas, fórmulas que probaba desde lo intuído más lo leído y lo que probaba con un círculo afectuoso y cercano. Después fui creando cosas más sofisticadas, la pandemia fue el tiempo en el que dedicaba este tiempo ahí. Luego vino la etapa de ver el financiamiento cuando Ananké se hizo más tangible y el mercado a visualizar más amplio. La época fecunda de los emprendimientos hizo también que hoy nuestro país sea un territorio con muchísimas propuestas, algunas que perduran, otras que crecen, otras que decaen. Pero también con las redes, las publicidades, las demandas de ser visibles en todos lados conllevan un agotamiento para quien crea una marca siendo una sola persona.”

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Arena para gladiadores. Dice, Soledad.

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Tenía que salir armada con las mejores estrategias de comunicación, y yo tenía que pensar en la persuasión y en hacer que el emprendimiento sea autosostenible. En ese momento da con un grupo de asesores que daban reuniones gratuitas donde explicaban los planes viables de inversiones pero resulta ser una experiencia fallida, y por eso, Sole resalta que Ananké no es sólo un producto, sino que contiene multitudes de espacios y tiempos.

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En el mundo de la cosmética, hay muchos requisitos, sellos que autentiquen el trabajo, procesos burocráticos y demás. En el sorteo de obstáculos, una frase fuerte que vino del grupo “asesor” fue que Ananké era inviable. Y a Sole que la potencia de las palabras no le da lo mismo, recuerda las circunstancias para decir porqué continuó con la idea. Porque aún pareciéndole inviable a otrxs, la marca, su marca crecía y funcionaba.

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Otra frase “el dinero no es todo”.

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Supuestos entre paréntesis

Hubiesen ayudado los inversores que al principio ningunearon el proyecto, pero también es cierto que recibir ese envión contemplaría la intromisión de personas que quizás no compartían el mismo espíritu, la mirada sobre el desarrollo de un producto, la manera de vincularse desde el propio cuerpo con lo creado. Entonces otra vez pensamos en el mundo empresario desde dos ópticas que parecen irreconciliables en algunos recodos, porque a las mujeres se les ponen más frenos. Es menos probable que alguien se anime a un varón a desestimarle de entrada algo que viene creciendo. Y menos, de abrir el espacio a conversar de estas propuestas laborales con una copa de vino en los últimos horarios, cuando en las oficinas linderas ya no queda nadie. La insinuación sexual a las mujeres persiste y está afirmada como una dinámica de la que muchas veces es preferible no hablar. Porque si la mujer la menciona, es cuestionada “¿pero por que fuiste, para qué te quedaste, en serio no te diste cuenta?”. Una sucesión de cuestionamientos que silencian a quien padece esta forma de abuso. Y por el otro lado, la viveza de “si nadie más te vio, si no pasó nada, quién te va a creer, acaso, ¿la seducción es un delito?”. Qué queda implícito en este modo, que si la mujer crece es gracias a que negoció (incluso sexualmente) con un varón, a quien también le debe el éxito. Bueno, no.

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Las redes de mujeres que crecen junto a otras

Los lugares de poder generalmente están ocupados por hombres, y cuando algunas mujeres queremos llegar a solventarnos, es también más engorroso. Si somos mujeres que no tenemos propiedades, que no venimos de familias pudientes, si no tenemos con qué respaldar el pedido de préstamos bancarios, el sistema es inaccesible. Nos expulsa.

En esta trama, aparecen otras mujeres que habiendo ya pasado por lo mismo, habiendo sorteado o estando en el proceso, tiende una mano. Compartimos información y experiencias, a través de Ananké conocí (y por ahí no personalmente) a muchas mujeres que emprenden y que me cuentan su trazo, que me consultan o me dan ánimo, entonces renuevo la fe en nosotras, las que nos aventuramos por un sueño aún en condiciones que no son las propicias, porque nunca lo son, pero las hacemos posibles.

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Pequeños paisajes

Una parte del cuerpo: las manos, son muy expresiva, siempre miro las manos.

Un animal: mi gata Muma.

Un aroma: la tierra mojada después que llueve

Un momento del día: la mañana temprano, cuando preparo el mate

Un color: el blanco

Una tela: el algodón puro

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Entre propósitos y comodidad

Cuando el trabajo y el sueño se unen, hay una idea de libertad que refuerzo y es la incomodidad de tener que decidir mis días y mi aventura. No cambio por nada ser quién elige, después del arduo trabajo, qué día puedo posponer unas horas el despertador, qué jornada intensificar las horas más hacia lo productivo, que también es creativo. Busco encontrar el equilibrio.

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Soledad aborda su empresa con una perspectiva ecológica, enseña desde las redes a leer los componentes de las cosas que usamos en nuestra piel. Conserva sus inquietudes y las comparte, nos invita a buscar qué necesitamos, nos recomienda siempre miradas interdisciplinarias. En sus productos elige los envases, los aromas, las mezclas. Escribe breves epígrafes con su perspectiva. Ofrenda una invitación.

*

Otro poema de Mary Oliver

Invitación

Oh, ¿tienes tiempo

para demorarte

un poco

y salir de tu día

ocupado, importante

para ver a los jilgueros

que se han reunido

en un campo de cardos

para una batalla musical,

para ver quién canta

la nota más alta,

o la más baja,

o es el más expresivo, el más alegre,

el más tierno?

Sus picos fuertes y desafilados

beben el aire

mientras se esfuerzan

melodiosamente

no por tu bien

ni por el mío

no con la intención de ganar,

sino por puro deleite y gratitud

créenos, dicen,

es una cosa seria

el solo hecho de estar vivo

en esta fresca mañana

en el mundo roto.

te lo ruego,

no pases

sin detenerte

sin prestar atención a esta

actuación un tanto ridícula.

Podría significar algo.

Podría significar todo.

Podría ser lo que Rilke quiso decir cuando escribió:

Debes cambiar tu vida.

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