lunes 10 de junio de 2024
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Una mirada desde la alcantarilla

Anotaciones y sueños

El sinsentido

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Anotaciones y sueños

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Los sinsentido

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Los sueños suelen ser intraducibles, escapan a la lógica de las palabras, se disuelven antes de poder plasmarlos. De chicas, cuando queríamos contar los malos sueños, mamá nos decía que no lo hiciéramos en ayunas, temía que se cumplieran. También cuando teníamos un sueño por realizar, nos recomendaba silencio, que la envidia de los otros no lo desinflaran, como si las ansias nos hicieran chocar contra espinas.

Crecí creyendo un par de cosas que conservo: que los sueños tristes sugestionan, que hay maldad hasta en quienes son buenos y que siempre es mejor guardar silencio.

En un cuento de Claire Keegan, una mujer irlandesa llega sola a vivir en la casa que hereda de un cura con quien tuvo un hijo y lo perdió, cree que la muerte de ese hijo se debe al castigo de haberlo hecho en pecado. La gente del pueblo dice cosas horribles de ella. Hasta que piensan que tiene poderes para curar dolores, hacen filas interminables y le ofrendan leña, mermeladas, pescados. Un día se cansa y vuelve a ser despreciable para quienes se vieron incluso beneficiados por su capacidad de sanarles ciertas dolencias: quemaduras, dolores de muela, culebrilla, mal de ojos. Una serie de males en los que la gente suele creer, incluso el sacerdote del pueblo recurría a ella pese a en los sermones dar otra lección.

Me gusta mucho esta autora, la captación del detalle, la oralidad puesta en palabras como si se oyera, el cuerpo de los personajes hasta hacerlos palpables, la trama de una historia principal que se desenvuelve atravesando otras historias mínimas que no son nunca irrelevantes, la construcción del paisaje.

Pero además de mi sumisión y admiración ante el talento de esta autora en particular, creo que las historias siempre crecen en sombras con los sueños. Su narración siempre puede funcionar como anticipo, como una invitación a una lectura no literal de lo que sucede en ellos. Una lectura que no sigue la lógica de la realidad.

Hace poco una amiga me contó que se le llenaba la casa de pájaros, que le daba miedo despertarse por temor a que sea cierto, yo pensé que le daría alegría porque en mi casa siempre hubo algún jilguero y jamás asocié a lo terrible su presencia.

En estos tiempos todo lo que sueño y que me cuentan que sueñan me parece más probable que lo que efectivamente sucede cuando despertamos, un recital de alguien que no canta, un símbolo devastado en escenarios, patitos con pelucas en otras cabezas, la celebración macabra de la pobreza, una sucesión de eventos desafortunados que desearía que sean pesadillas de una mente atormentada y no esto, que efectivamente acontece.

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