martes 18 de junio de 2024
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Una mirada desde la alcantarilla

Anotaciones con olvidos

Una mujer que no sabe tanto de sí misma es una niña

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Sobre los olvidos

La mujer busca reconocer

quienes son estos

que ante ella mostramos alegría

mete las manos en los bolsillos de su saco tejido

aprieta papeles de caramelos, pañuelos, bolitas de la lana que se meten entre los dedos.

Buscará un mapa o una lupa, el rastro que esparce el diente de león marchito

todos los vientos atraviesan los hilos.

La mujer sonríe. El hombre le dice mami y ella enjuega sus párpados. Entiende quién es él y lo bautiza con su nombre como la primera vez con el agua bendita.

Dos niños corren entre sus piernas, olfatean los tobillos, trepan por sus muebles. La mujer los mira y ríe. Pensará en pájaros, en la vez que su cuerpo fue también libre, en las veces que alguien le dijo nena y tocó su pelo con la palma abierta de la mano como una sábana limpia. Perdura en su memoria la sensación: una raya abierta en el rio, el largo de su pelo abriéndose como alga, la piel suave bajo el sol.

Abuela, mirá, sé rodar en el piso. La niña grita desde el fondo y su corazón traduce la emoción de las palabras. Esa nena es su nieta, ella la abuela que no recuerda los nombres de una familia que siguió creciendo mientras su memoria falla.

La mujer mete las manos en las mangas, busca las fotografías que tiene siempre en las paredes. Pregunta quién es la chica que está en su casa cocinando, porqué queda a dormir en su habitación, a qué hora la buscan, cuáles son estos días iguales, cuántos los años, dónde los muertos. Toca con su lengua las encías y siente tornillos fríos, recuerda un diente de leche bajo la almohada, sus hermanos esperando un hada, la cama fría de tan nueva.

La luna mueve las sombras de las cortinas claras.

Afuera un árbol mece limones, un gato desliza su hambre, los autos apuran las luces rojas.

La mujer no duerme. No sabe quién es. Tiene pantuflas nuevas. Las mira. Prueba abrir la heladera con un palo de escoba. Golpea las paredes. Lanza maldiciones contra las arañas.

La chica que la cuida llama a sus hijos, les pide un aumento, les dice que la asusta. Los hijos pelean entre ellos, nadie quiere una mujer que no sirve para nada, que en los almuerzos se hace pis encima.

Los nietos no advierten la vejez de su abuela, ni sus olvidos. Si gateara, la invitarían a jugar, no les importaría no entenderle.

Balbucearían insultos contra las palomas y contra los lápices.

Dibujarían nombres con forma de oso. Se llamarían jungla o río. La invitarían a la abuela a sumergirse en un océano. La encontrarían en la isla. Harían juntos una cueva con las mantas. Esperarían a que estén todos dormidos para escapar.

Meterían sus cabezas por un túnel. Serían de nuevo nada.

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