martes 2 de abril de 2024
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Cosas que salen de los contenedores

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Por Belén Zavallo

Cosas que salen de los contenedores: ojos que no ven.

Pedazos de bolsas, remeras rajadas, manos negras, uñas sin cortar, naranjas abolladas. Cuatro cabezas: un nene de cinco años, la madre más flaca que el nene, el padre, otro chico, huesos sobresalidos de todas las clavículas. Cebollas podridas, dientes de moscas, zumbido de iglesia. Alpargatas, la suela abierta, la boca de un surubí, el anzuelo en la palma. Periódicos: secciones completas de noticias que no pueden publicarse. La fila de cuervos. Abogados penalistas, jueces, sobres en los sacos importados de los magistrados. Alias y número de cuenta. Chantaje. La risa socarrona del poder desde adentro de una caja de leche cuajada. Pisemos estos gusanos. Gorgojos en los fideos que donó el más rico del pueblo. Una pizarra con la lista de los despedidos. Las presillas oxidadas del cinturón de ajuste. El anillo de oro con los nombres de todas las amantes escondidas. El paladar de un zorro. El lápiz labial con olor a cigarrillo. Los chicles de los estudiantes pegados en las tapas de los pupitres. Los dientes que no pudieron cortar la encía por falta de alimentos. Caries y pudrición. Negociemos con la mentira: nueva oficina creada con puesto reluciente (acá no se achica el estado). Sacramentos entre las colas de las ratas: bautismo, unción de los enfermos, enriquecimiento lícito, vino de la bodega boutique en las nucas, cenizas de olivo en los celos fruncidos. Fariseos: finjamos dolor. Desechos patológicos: un nieto con cuatro adeenes. La madre olvidó los rostros de los hombres a los que le amó la billetera. Los padres posibles se esconden bajo el puente. Forman un túnel subterráneo: un pueblo puede pasarse una misma mujer entre las piernas. Nadie habla del asunto: los hombres buenos fingen desprecio. El hijo pródigo vuelve a la casa de la infancia para quedarse con la herencia de las ruinas. Enfermedades e infecciones entre los capullos de mariposa. Criaderos de dengue en los hogares. Nació una monarca prendida del cuero cabelludo. Liendres en los pensamientos. De un contenedor salen muchas cosas. Poemas con vidrios, si das vuelta la página te contagiás de sida. Advertencia para el lector: abandone esta lucha con las palabras, no sirven de nada. Las abejas polinizan estas flores plásticas. Llenemos el plato de la abundancia. Hagamos de cuenta que no vimos qué había dentro del sobre que guardamos en la urna. Llamada al servicio municipal. Retiren de mi domicilio toda la mugre de la calle. En las casas los trapitos no ven el sol, hacemos compost con nuestra mierda. Las cabezas de todos asomadas desde los contenedores: aplaudamos la cadena nacional, tiremos la cadena del baño en un movimiento simultáneo festejemos el avance escatológico. Un movimiento de cangrejo: caminemos marcha atrás. En el horizonte siempre la nación que no es propia, que expulsa, que envenena los recursos naturales pero acá aplaudamos y explotemos las minas y los trabajadores: ojos, pedazos de hombros, partes amputadas para ofrendar en este sacrificio: vendas para afirmar que no vemos nada.

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