viernes 24 de mayo de 2024
Ahora

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Ahora. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Una mirada desde la alcantarilla

Anotaciones entre cosas chiquitas

Lo pequeño

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Ahora. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE

*

Me gustan las cosas chiquitas, no me refiero al tamaño, lo chiquito puede ser el auto que me espera afuera de la biblioteca para que no vuelva caminando después de dar talleres. Hablo de ese movimiento entre una y el otro, la taza de té caliente en la mesa de luz a la salida de la ducha, la mesa puesta para todos, la ropa que estaba tirada y que aparece limpia, la chica que miraba una serie sola, con el mensaje de alguien que pensó en otro plan junto a ella. Lo que se tramita en silencio en favor de dos que se comunican sin tantas palabras, ni exclamaciones, con la amortiguación del cuerpo que hace los ademanes precisos. La calma sobre la rodilla.

El domingo, mi hijo de un año se paró frente a la puerta de la casa de mi hermana con unas flores en la mano, ella abríó y estaba él. LLovía y a Cari se le encendió el sol en los ojos.

Dos cosas: alguien que ame tanto a mis hijos como yo, mis hijos amando tanto a alguien como yo.

Una sola cosa: compartir amores.

Tengo amistades gracias a las amistades de gente querida, una comunidad que se expande en afectos. No la usurpación exagerada del vínculo ajeno, sino la mutua apreciación del tiempo con los otros.

Me gustan las cosas chiquitas: un juego de ballenas que flotan sobre la espuma del baño, los chicos sabiendo los nombres de los adultos que ven pocas veces en un mismo año, los dibujos hechos con esmero, las manos inquietas sobre las cosas nuevas, las manos arrugadas empuñando emoción, la suavidad de todas las palmas, el brillo de una panza que crece, el hambre de una risa que se desborda, los ojos finitos de mirar a quienes ama como si viese una estrella inmensa, el vértigo de las casualidades, hijxs que quizás nazcan en las mismas fechas, celebraciones conjuntas.

Me gustan los registros: mi sobrina cumplirá quince años, durante su infancia tomamos té todas las tardes en unas tazas diminutas que compramos en lo de Cigüeña, con Mía miramos Blancanieves, hablamos con la Barbie sirena, juntamos flores silvestres de la plaza, gritamos oh dentro de la iglesia vacía y nos reímos con el eco que levantaba palomas quietas. A la siesta amasamos scones, hicimos caras sobre las masas blandas, comimos las cosas que preparamos juntas. Me gusta ahora reconocerla con otro cuerpo, la mirada lacia como la de un animal que vive tranquilo, el brillo en el pelo largo extendido hasta su cintura, las pestañas guardando vergüenzas próximas.

El inevitable trazo del tiempo sobre todos los niños que crecieron juntos y la ubicación en la memoria de nuestro cuerpo en esa época. Quiénes éramos y lo que hacíamos. Revisar las permanencias, identificar las hebras sensibles, acá se cortó el hilo, acá el amor que parece no tener principio ni fin como algo bien redondo que repite el trazo circular de una amonita.

*

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar