viernes 12 de abril de 2024
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Una mirada desde la alcantarilla

Acaso luces

Anotaciones entre poemas de Washington Atencio

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“Somos las historias que nos contamos a nosotros mismos. Escribo íntegramente para saber qué pienso, qué miro, qué veo y qué significa. Lo que quiero y lo que temo”.

Joan Didion

*

Comemos sobras y cosas que no alcanzamos a probar la noche anterior, miramos un programa de televisión que hace un informe con pianistas, mamá come poco, se lleva pelo rubio atrás de sus orejas, friega sus labios con la servilleta después de cada bocado, habla siempre pero cuando aparecen las teclas escucha, toma agua de la canilla servida en un vaso, no quisiera tomarla así, sé que le gusta usar su botellita que llena y lleva a todos lados, pero la reto. Disfruta de tomar agua de la canilla de Paraná, no de Viale que es tan salada, porque ella creció con sus padres en esta ciudad en la que ahora vivimos cuatro de sus cinco hijos y donde ella nunca volvió más que con su recuerdo. Me dice que la profesora de piano que tuvo de joven junto a su hermana les decía que pusieran sus manos como si contuviera una naranja debajo, que si no las pellizcaba. Yo miro su piel, le pregunto por las manchas nuevas, una pulsera que le regaló mi hija le dejó dos puntitos rojos como cerezas. Mi madre es una mujer que escucha la música y recuerda. Su padre ganó una lotería y con esa plata le compró el piano que después ella vendió para casarse. Yo digo cosas irónicas que no me dan risa, cosas que quisiera haber evitado incluso sabiendo que eso me dejaría sin existencia, sin palabras, en lo que vimos en la película Soul con Francisca, está e después de la muerte y también el antes de que las almas ocupen cuerpos “Seminario del yo”.

*

Pienso en la liturgia entre las madres y las hijas, la refundación de la vida. Hace unos cincuenta años, dice mamá, estaba pariendo a tu hermano. Fue bueno siempre, agrega.

*

Recupero notas de hace un año mientras estaba embarazada de Dalmiro, escribí recordando mi preferencia por ese hermano, la misma devoción que siento por mi hermana. Tres en el mismo fraterno amor.

*

A mi costado está el libro de Washi, mi amigo, Acaso luz. Lo tengo como a las flores que miro si necesitan que les cambie el agua, como a las plantas en frascos de vidrio. Hay libros quietos y después está este. Un libro de un amigo es un puñado de poemas que tienen respiración.

“solo hay dedos

pequeños destellos

aferrándose a una

mano”

*

Mi hermano tuvo un accidente y mamá siempre dice que volvió a nacer, este libro de Washi habla de eso desde una experiencia que también casi le corta el aliento. ¿Dónde aparece la poesía si no es en el límite entre lo que se mantiene vivo y lo que está en el filo que nos deja sobreexpuestos en la fragilidad? ¿y las hojas en blanco? ¿las palabras que no pueden pronunciarse?

*

Cuando quiero decir lo que amo me pasa que estoy mucho tiempo sin poder escribir, sin poder hablar, sin poder mencionar. Me gusta observar. Francisca tiene las piernas comidas por mosquitos, se rasca, aparece un punto rojo, después la sangre. Una curita encima hasta que se despega. Abajo una cascara, después la piel nueva. En las cosas que amo hay un proceso similar. Francisca tiende amablemente su carisma. Las cosas que no podían estar juntas, vuelven a unirse.

*

Con sus hermanos ríen en el pasto, la perra de Erne parece una nena, tiene orejas como colitas de pelo. Entre las cuatro caras hay brillos.

*

En la noche buena mi hija sentó en la falda de mi hermano, le conto que papá noel la había defraudado, le dijo cosas que nos hicieron reir a todos. Al otro día, mi hermana la reconcilió con su regalo, anduvo en bicicleta por primera vez con ella, las filmé y el sol arrastró el brillo de las hojas sobre el pelo de ambas.

en la vereda

un sol

nos desgaja

Otros versos de Washi. En otra siesta, en otra forma de aferrarse a la vida.

*

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