Por Daniel Masera, enólogo*

“¿Cuál es el mejor vino?". Cuantas veces hemos escuchado esta pregunta aquellos que estamos relacionados con este maravilloso universo del vino, y las respuestas suelen ser muy variadas, según a quien le pidan su opinión. Porque en definitiva siempre será una opinión, lejos de poder demostrarse su verdad o su falsedad, por el sencillo hecho de expresar un parecer de los sentidos.

Creo que, para comenzar a explorar este tema, debemos decir que la cantidad de vinos que existen a lo largo y ancho de este mundo es casi infinita, y no es una exageración, ya que año tras año se van sumando estilos, procedencias, cepas, que se suman a las ya existentes. Partiendo de esta base ya imaginamos que toda opinión, aun de expertos, será relativa. Entonces mejor pensemos en nosotros mismos, en nuestros gustos personales, nuestras inquietudes gastronómicas, y nuestros hábitos de consumo, y así iremos construyendo un perfil del vino que más nos satisface.

Por ejemplo, hablando de hábitos, para quien toma vino todos los días, seguramente elige los más sencillos dentro de su gusto, y de vez en cuando se mima con uno mejor, ya sea el fin de semana o en una fecha especial. Para aquellos que toman ocasionalmente, posiblemente busquen una alternativa de mediana o alta calidad para ese momento.

Hay consumidores de color, es decir de blancos y de tintos, a los cuales seguramente les parecerá mejor un vino del color que acostumbran tomar, y jamás de otro. Es una lástima que los argentinos tengan poca costumbre de cambiar de vino durante la comida, porque se pierden la diversidad que ofrece nuestro país en todos los colores, blancos, rosados y tintos. Es muy lindo ir acompañando platos diversos con vinos diferentes, y así poder juzgar con más amplitud, y no estar siempre atado a un solo color o estilo.

La comida nos ofrece un buen argumento para elegir “nuestro” mejor vino. Por ejemplo, podemos decir cual es el mejor vino para un asado, o cual para acompañar una pasta, o el que sobresale para un pescado a la plancha. Sin dudas que hay un estilo y color de vino para cada plato y su forma de preparación, y una correcta elección hace que ambos se destaquen.

Pero la condición más firme para decir cual es el mejor vino es, sin dudas, la circunstancia en la que lo bebemos. El vino es una bebida social, ideal para acompañar la comida y el diálogo que en ella se genera. Es el vino el que muchas veces crea el momento, en familia, con amigos, con la pareja, y allí tiene un protagonismo único, y si esas circunstancias son emocionalmente fuertes, ese vino que tomamos será el mejor por mucho tiempo, hasta que otra ocasión especial haga que otra botella adquiera ese reinado. Ese vino que fue testigo de un momento inolvidable, ese es el mejor, y no está condicionado por su nivel de calidad, marca, precio o presentación, simplemente es el noble vino que nos acompañó a vivir una emoción única.

Esos vinos que tomamos en algún viaje a zonas vitivinícolas, visitando bodegas, distendidos, con la calma que da una sala de barricas de roble, sin apuro, en una experiencia casi mística, no saben igual cuando intentamos tener esa misma sensación de regreso en casa. El vino es el mismo, nosotros no.

El mejor vino es el que más nos gusta, dicen algunos. Otros opinan que los mejores vinos son aquellos que los expertos juzgan con altos puntajes o medallas, en mi caso me inclino por elegir cada día mi mejor vino, ese que me acompaña a celebrar el milagro de la vida en cada anochecer. El mejor vino es aquel que, al levantar la copa y mirar a los ojos a un ser querido, nos inspira los mejores deseos, y del corazón sale un sincero ¡¡¡¡Salud!!!.

*Para AHORA Mar del Plata

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