Marina Soledad Monjes de 34 años apareció muerta en la banquina de una zona conocida como Colonia Brambilla, al norte de la ciudad de Chajarí, departamento Federación, en un lugar cercano al río Mocoretá. El crimen todavía es un misterio para los investigadores, al igual que la actitud que tuvo previamente, de dejar abandonada a su pequeña hija en un kiosco.

Los dueños de la despensa que recibieron a la niña contaron cómo vivieron esa situación, que generó un desconcierto en las primeras horas hasta que se encontró el cuerpo de la madre. "La nenita lloraba mucho. La cacé de la manito y temblaba. Estaba bien, limpita, una ropita linda. Sólo que lloraba mucho", contó al Nueve la comerciante.

En este sentido, el propietario del comercio también detalló cómo llegó. "Tipo 8.30 o 9 de la noche, ingresa una nenita llorando. No sabíamos qué pasaba. Llamo a mi señora, la contuvimos un ratito hasta que dejó de llorar. Le dimos una golosina para calmarla un poco. Estaba muy asustada. Hasta que la pudimos contener", relató.

En esta línea, señaló cómo fueron las horas en las que desconocían quién era y de dónde había venido. "Después mi señora salió a preguntar en el barrio y nadie la conocía. Después llegaron otros chicos de más lejos y nadie la conocía", indicó, a lo cual su esposa acotó: "No la conocíamos realmente. Los clientes que venían tampoco".

"Se entendía que la mamá se subió a un auto. Nosotros sólo escuchamos el portazo de una puerta. Pero no sabemos si llegó caminando o cómo", señaló.

Finalmente, revelaron que la niña había sido enseñada a que debía esperar a que estuvieran los uniformados. "La madre le dijo que la iba a cuidar la Policía. Justo entró un chico que andaba de civil y llamamos a la Policía. La nenita se fue de la mano, muy contenta con la Policía", manifestó la mujer.

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