La destreza de Stephen Curry, los triples letales de Klay Thompson, la efectividad de Kevin Durant, la aguerrida defensa de Draymond Green y el notable aporte de los suplentes de los Warriors. Fueron muchos los enemigos contra los que tuvo que pelear LeBron James para mantener a su equipo con posibilidades de llevarse algún partido en las finales de la NBA. Sin embargo, el principal obstáculo que tuvo que sortear el Rey fue el nivel mediocre de sus propios compañeros, situación que le generó más de un dolor de cabeza y también le provocó una fuerte lesión.

Anoche, tras la victoria definitiva de Golden State, varias fuentes periodísticas hicieron circular un rumor que indicaba que el astro se había lesionado su mano derecha luego de darle un puñetazo a una pizarra después de que su equipo perdiera en la prórroga el primer partido por 124-114, encuentro que pudo haber ganado de no ser por el fallo desde la línea de libres de George Hill, la ridícula marcha atrás de JR Smith al capturar el rebote final o la falta de reacción de su entrenador Tyronn Lue para pedir un tiempo muerto.

"Me autolesioné. Después de ese primer partido sentí que habíamos perdido una gran oportunidad. La manera en la que habíamos jugado, los fallos arbitrales... tuve la sensación de que nos habían quitado el partido. Los otros tres juegos los disputé prácticamente con la mano rota", confirmó el astro en conferencia de prensa.

De acuerdo a la cadena de televisión ESPN, el diagnóstico fue una fuerte contusión y James, quien tuvo que someterse a dos resonancias magnéticas, debió usar protección ortopédica cuando no estaba practicando, jugando o en presencia de los periodistas.

Además de evitar utilizar el golpe como excusa, la estrategia estaba orientada principalmente a no darle ninguna pista a los Warriors sobre su condición física, publicó Clarín.

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