Son muchas las agresiones que tu musculatura recibe a diario sin que te des cuenta. Si está tonificado, será capaz de adaptarse y soportará estos sobreesfuerzos sin lesionarse.

Pero si tus músculos están flácidos y les falta tono, sobrellevar esta sobrecarga puede resultar un problema y es fácil que aparezcan contracturas (e incluso otros problemas más importantes).

CUANDO EL MÚSCULO NO LOGRA RELAJARSE

En una situación normal, los músculos se contraen y se relajan para que podamos realizar diferentes movimientos. Pero a veces las fibras musculares se contraen... y después no pueden distenderse. Entonces aparece una contractura.

El cuello, los hombros y la zona alta de la espalda son los puntos donde suelen formarse estos nudos, sobre todo por la elevación casi constante e inconsciente a la que sometemos a nuestros hombros. Pero lo cierto es que pueden afectar a cualquier parte del cuerpo.

Ante los síntomas inciales es prioritario encontrar el origen del problema

En función de la cantidad de fibras contraídas involuntariamente, la contractura es mayor o menor .

Si tienes una contractura, no te la tomes a la ligera. Trata de ponerle remedio y corrige la causa que la ha provocado. De lo contrario, es posible que la lesión se convierta en crónica.

LO PRIMERO, IDENTIFICAR LA CAUSA

Repasa si alguna de estas circunstancias puede estar detrás de esos nudos que resultan tan molestos.

*Una mala postura. Mantener una posición forzada durante mucho tiempo puede desencadenar una contractura. Sentarse en la silla o el sofá sin apoyar bien la espalda, hablar por teléfono mucho rato sujetando el aparato entre el hombro y la cabeza, mirar la pantalla de la pc adelantando mucho el cuello...

*Pasar frío: En general, los músculos son sensibles a la temperatura. Cuando nos vemos expuestos al frío se contraen más y, muchas veces, sin ser conscientes de ello adoptamos una postura forzada y tensa.

*El estrés. Las contracturas más comunes son las denominadas tensionales, que se localizan en la parte alta de la espalda. Habitualmente aparecen porque, sin darnos cuenta, encogemos los hombros (es algo muy típico cuando tenemos problemas o preocupaciones).

Ante una situación de nerviosismo o ansiedad nuestro cuerpo genera sustancias químicas que favorecen que el músculo se contracture.

*Realizar un esfuerzo sin calentar previamente. En ocasiones exigimos a la musculatura un esfuerzo superior al que puede realizar o en un momento en el que no está preparado para asumirlo. Ante esta situación se genera una fatiga muscular que, de rebote, provoca la aparición de la contractura.

*Deshidratación o una mala alimentación. La falta de hidratación o la carencia de ciertos nutrientes, como por ejemplo magnesio o potasio, pueden hacer que una persona sea más proclive a desarrollar contracturas.

En ciertos casos, sobre todo si la contractura está en la zona cervical, puede provocar incluso mareos

Por cada tensión, un estiramiento. Seguir una rutina regular puede ser de gran ayuda para combatir las contracturas. Es importante que los realices correctamente (cada músculo se estira de una forma diferente) y siempre sin forzar.

Fíjate en qué postura duermes. Si lo haces en una posición forzada, es posible que acabe apareciendo una contractura.

¿ME APLICO FRÍO O CALOR?

Puede que en el momento de detectar una contractura dudes si debes aplicarte frío o calor. Los dos pueden resultar de ayuda, pero te ofrecen efectos diferentes.

De entrada, el calor actúa solo a nivel muy superficial, es decir, no llega a traspasar la piel.

En cambio, el frío es capaz de llegar mucho más lejos y puede alcanzar capas más profundas, hasta actuar sobre la musculatura.

Si solo buscas aliviar un dolor que está llegando a ser insoportable o que te limita la movilidad, te irá bien aplicarte alguna fuente de calor. En cambio, si buscas tratar la contractura para lograr que desaparezca, el frío te será de más ayuda.

EL CALOR ALIVIA MOMENTÁNEAMENTE

La mejora que notamos al aplicar calor se debe al efecto sedante que produce sobre las terminaciones nerviosas que transmiten la sensación de dolor. Por eso, al retirar la fuente de calor enseguida reaparecen las molestias en la zona contracturada.

Puedes aplicártelo con un saquito de semillas, una bolsa de agua caliente, una manta eléctrica, Si empleas una bolsa de agua caliente, comprueba que la temperatura sea soportable y evita que el plástico toque la piel. El tiempo de aplicación varía en función de con qué rapidez se enfría la bolsa.

EL FRÍO ACTÚA SOBRE EL MÚSCULO

El frío actúa sobre los receptores sensoriales del músculo. Se conocen como husos neuromusculares y, ante un estímulo, desencadenan un reflejo que hace que la musculatura se contraiga. Así se evita que aparezca una lesión cuando se da una tensión importante.

Si los husos neuromusculares están sobreexcitados, es más fácil que la contractura se mantenga. Como el frío "frena" su acción, el problema puede llegar a desaparecer.

Puedes usar una bolsa de gel, una bolsa con cubitos de hielo.Se recomienda aplicarlo 20 minutos o hasta notar mejoría.

EL AUTOMASAJE TAMBIÉN TE PUEDE AYUDAR

PONTE EN MANOS DE UN PROFESIONAL

Si con las medidas que tomes en casa no es suficiente,debes consultar a un kinesiologo, ya que somos profesionales capaces de ayudarte a aliviar el dolor y mejorar tu calidad de vida.

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