jueves 14 de marzo de 2024
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Martín Blettler

Ciudadanos científicos y científicos activistas

CUIDADO DEL AMBIENTE #Ciencia Por Dr. Martín Blettler (Biólogo, Investigador del CONICET)

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Actualmente asistimos al derrumbe de muchas ideologías y dogmas binaristas. Por ejemplo, interpretaciones sobre las diferentes formas identitarias respecto al género ya no encajan con el esquema clásico y dicotómico de masculino o femenino. Apropiadamente, los límites entre ambos se han traspasado y ensanchado, dando origen a una fértil diversidad. En este mismo sentido, el arquetipo básico por excelencia de familia compuesto por mamá, papá e hijos, deja paso, en la sociedad actual a un aumento de familias monoparentales (un progenitor y uno o varios hijos) y homoparentales (cualquiera sea su identidad de género).

Felizmente, en la esfera científica ocurre algo similar: las fronteras entre ciencia, activismo y ciudadanía se desdibujan y expanden día a día.

Dada la globalidad de los problemas ambientales que hoy afrontamos (cambio climático, contaminación por agro-tóxicos, plásticos, etc), la ciencia necesita más ojos, oídos y puntos de vista que los que posee cualquier científico o grupo de éstos. Bajo esta premisa surge el concepto de “ciencia ciudadana”. Propuesto por la sociología, ésta noción hace referencia a una estrecha colaboración entre científicos y ciudadanos altamente motivados que promete expandir las fronteras del conocimiento científico. ¿Cómo se orquesta esta colaboración? En el campo de las ciencias ambientales, cualquier ciudadano puede recopilar datos (mediante fotografías, aplicaciones en teléfonos móviles especialmente diseñadas, notas, etc) y documentar así cambios en la naturaleza. Por ejemplo, nuevas formas o fuentes de contaminación pueden registrarse mediante la valiosa observación directa de un ciudadano, ser compiladas y analizadas por un científico, para luego establecer campañas de monitoreo y saneamiento. Un proyecto de ciencia ciudadana puede involucrar a una persona o millares de ellas que se alinean por un objetivo en común.

Hay básicamente cuatro premisas en la práctica de la ciencia ciudadana: 1) cualquiera puede participar, 2) los participantes usan el mismo protocolo (diseñado por científicos) para que los datos puedan combinarse y ser confiables, 3) los datos ayudan a los científicos a llegar a conclusiones sensiblemente más realistas y amplias que obteniéndolos ellos mismos, y 4) una amplia comunidad de científicos y voluntarios trabajan juntos, compartiendo experiencias y conocimientos teóricos y empíricos.

¿Ha sido el concepto de “ciudadano científico” adoptado en las prácticas de los científicos locales? Definitivamente. Investigadores del laboratorio de Hidro-ecología del Instituto Nacional de Limnología (CONICET-UNL) trabajan codo a codo (expresión muy pertinente en tiempos del Covid) con grupos de voluntarios y ONGs de Santa Fe y Paraná, organizando y ejecutando campañas de limpieza sobre las márgenes del río homónimo y la laguna Setúbal. Estas campañas tienen un doble propósito: remover basuras (fundamentalmente plásticos y otros residuos sólidos urbanos), y también el de obtener información científica relevante en el proceso (densidad de residuos, tipo, distribución, etc.).

También se podría definir aquí la contraparte de ese concepto: el de “científico activista”. Esta nueva idea refiere a aquellos investigadores e investigadoras más estrechamente involucrados con las problemáticas de su comunidad. Este concepto rompe definitivamente con la visión estereotipada del científico como una persona excéntrica de bata blanca, algo despistada, torpe y hasta un poco ingenua moviendo tubos de ensayos frenéticamente de aquí para allá. Para los cinéfilos, un ícono de este preconcepto es el personaje de la saga “Volver al Futuro” donde Christopher Lloyd personifica al Doctor Emmet Brown (“el doc”) con un cliché estético Einsteniano.

De un tiempo a esta parte, con la incorporación de nuevos roles en las prácticas científicas, la ciencia ciudadana ha demostrado ser una herramienta extremadamente útil y necesaria. En tiempos donde la sociedad desdibuja y continuamente modifica sus propias fronteras, roles y alcances, la ciencia demuestra desenvolverse activamente al ritmo de esos cambios.

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