El miedo es la sensación negativa y desagradable que percibimos ante algo o alguien que puede ser una amenaza para nosotros. Al asimilar que puede provocar algún tipo de peligro para nosotros, entonces de desencadenan en nuestro organismo una serie de reacciones físicas, como la sudoración, la respiración agitada, los escalofríos, el dolor en el pecho… y a todo ello se le añade la mente, ya que los pensamientos que tenemos pasan a estar completamente distorsionados, haciendo la amenaza más grande de lo que quizá es, explicó la periodista Helena Celma, en una nota publicada en Mundo Depotivo.

Sin embargo, hay que diferenciar entre el miedo y la fobia. Mientras que el miedo es una sensación normal ante la percepción de la amenaza, la fobia pasa a ser algo irracional y desproporcionado. Por ejemplo, hay personas que tienen aracnofobia, que es la fobia a las arañas, y quizá se bloquean cuando ven una araña pequeña. Siendo racionales, un bicho del tamaño de una uña no puede hacernos mucho daño, pero es verla y el terror que sentimos es algo completamente irracional.

Pero afortunadamente, hay formas de tratar los miedos y aprender a gestionarlos para que no bloqueen nuestro día a día. Para ello, hay que seguir estos pasos:

  1. Asumí tu miedo: si no aceptamos que hay algo que nos aterra, no seremos capaces de gestionarlo. Por lo tanto, el primer paso es reconocer nuestro miedo y entender de dónde viene.
  2. Afrontá los problemas por vos mismo: si siempre dependés de alguien de tu entorno para enfrentarte a ese miedo, no podrás gestionarlo por vos mismo porque siempre esperarás la ayuda de alguien más.
  3. Ponete en lo peor: nuestra mente a veces puede ser nuestra peor enemiga. Ante una amenaza, ella puede maximizarla y hacernos creer que es mucho más peligrosa de lo que realmente es. Por lo tanto, en este punto lo que debes hacer es ponerte en lo peor y pensar en situaciones catastróficas que pueden ocurrir… y cuando veas que nada de eso sucede, te darás cuenta de que el problema quizá no es tan grande.
  4. Asumí que no tenés todo bajo control: para las personas más controladoras, acceder a este punto puede ser complicado. Sin embargo, hay que aceptar que no tenemos el control de todo lo que sucede a nuestro alrededor. Por ejemplo, imagina que tienes miedo a las cucarachas y ya pones medios para que en tu casa no haya ni una, pero sales a la calle y te encuentras una en el portal. Es algo que puede suceder porque hay cosas que escapan de tu control, más aún cuando están fuera de tu ámbito.
  5. Llega el momento de enfrentarte al miedo: toca frenar la mente y la mala jugada que nos puede hacer pasar, y enfrentarnos a aquello que nos aterra. Intentá relativizarlo y verás que no es tan grande como tu mente te hace ver.

La ansiedad y el miedo no son lo mismo: la ansiedad puede ser un síntoma del miedo, pero el miedo no siempre aparece en forma de ansiedad. Quizá sientes ansiedad por otro aspecto de tu vida, así que no asimiles ese sentimiento al miedo.

Ya viste que, con estos consejos, podrás racionalizar y entender el miedo para así poder gestionarlo mejor la próxima vez. Y recordá, el miedo es solo una sensación, no va a poder vos.

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