Es de tarde. Desde el horizonte comienza a acercarse una masa de nubes grisáceas, que tienen mucho desarrollo vertical. Todo indica que es una tormenta. De pronto observamos que, dentro de la masa cada vez más espesa de nubes, hay variaciones de tonalidad y en algunos sectores identificamos el color verde. ¿Tormenta severa? ¿Tormenta con granizo?

En general, en estas nubes la parte superior es de color blanquecino-rojizo y la inferior más grisácea. Sin embargo, hay momentos y tormentas en los que estos tonos se ven ensombrecidos por un color verdoso o, en algunos casos, verdoso-amarillento. Con el tiempo el color verde en las nubes de tormentas ganó la reputación de ser una amenaza o una señal que enviaba la naturaleza de que aquel fenómeno que acechaba podría ser peligroso. Pero, ¿es verdad?

Aunque todavía falta mucho por conocer sobre estos eventos, debemos desmentir el mito y asegurar que su reputación no tiene fundamentos científicos. Se han observado tormentas con colores verdes que no han generado ningún fenómeno significativo adverso y también se han observado tormentas con tornados y granizo de gran tamaño que no han pasado por la fase de color verde.

Entonces, ¿Las tormentas realmente son verdes? ¿O nos engaña la vista?

Existen muchas teorías sobre esta adquisición de color. La mayoría confirman que las tormentas verdes son producto de un efecto óptico generado por la interacción de la luz solar que reciben las nubes convectivas (las de tormentas) y los procesos de absorción, dispersión y atenuación que afectan a los rayos luminosas. La interacción de la luz solar con las estructuras de la tormenta, como gotitas de agua y cristales de hielo o granizo, también pueden ser las causas de que las nubes se tiñan de distintas tonalidades.

Algunos autores sugieren que el color verde no proviene de la propia tormenta, sino del aire que se encuentra entre el observador y la tormenta. La nube tormentosa hace de fondo y el color que vemos asociado a la tormenta es simplemente un efecto óptico del aire que existe entre el observador y la tormenta. La base de esta teoría se encuentra en que la atmósfera dispersa mejor las longitudes de onda corta (azul) que las largas (rojo-amarilla). Por este motivo, el cielo es azul durante gran parte del día. O sea que no sería la tormenta la que irradia dichas tonalidades, sino el aire entre ella y nosotros.

Esta teoría está avalada por ciertas tormentas distintas que se vieron verdosas para los observadores en tierra, pero no explica la presencia de tormentas verdes observadas de cerca o desde dentro de ellas.

Aunque se ha avanzado mucho en la investigación de las tormentas verdes, aún queda mucho que descubrir. En general, pueden tener en alguna fase de su ciclo de vida tonalidades muy llamativas, pero hay que estar en el momento correcto y en el sitio exacto para poder verlas. De cualquier forma, si ves una tormenta con tonalidades verdes, azules o de cualquier otro color con actividad eléctrica y acercándose, recordá que podrían ser peligrosas y buscá refugio.

Fuente: SMN.

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