Por estos días se cumple el 70 ° aniversario de la fundación de la República Popular China, luego de la revolución de 1949 liderada por Mao Tse Tung. El de La Larga Marcha y aquél que entre otras frases había dicho “¿Quiénes son tus enemigos? ¿Quiénes son tus amigos? Esta es la pregunta más importante para la revolución”.

Como principal líder político de ese proceso, Mao impulsó el crecimiento demográfico. Así la población casi se duplicó, pasando de 550 a más de 900 millones durante el período de su liderazgo y alcanzando los casi 1400 millones en la actualidad. En 1966, Mao y sus aliados lanzaron la llamada Revolución Cultural, que supuso que miles de científicos, profesionales y educadores fueran compulsivamente enviados al campo a fin de ser reeducados en la ideología revolucionario y antiburguesa.

Desde 1978, de la mano del entonces todopoderoso Deng Xiaoping este país emprendió una serie de reformas económicas, sintetizadas en la idea de un “socialismo con características chinas”, pasando de una economía planificada a una economía mixta.

Hoy, gobernada por Xi Jinping, China es un país que asombra al mundo ya que se ha transformado en la segunda economía mundial (aunque hay algunas proyecciones estadísticas que sostienen que en no más de 30 años será la primera, superando a los EEUU). China también va a la cabeza en otras cuestiones, en algunos casos incluso ocupando el primer lugar: reservas de divisas, kilómetros de vías de trenes de alta velocidad y la cantidad de teléfonos móviles en uso.

Pero también es cierto que desde principios de la década de los años 90, cientos de millones de chinos han dejado de ser pobres, mediante largos días laborales con bajos salarios, sin protección sindical o legal por parte de tribunales independientes (un contexto empresarial muy atractivo para las empresas multinacionales) y, al mismo tiempo, han hecho más ricos a la élite comunista. En 2018, la fortuna de los 153 chinos más ricos a nivel nacional ascendió a unos 650 mil millones de dólares, casi igual al PIB de Suiza.

Particularmente, para la provincia de Entre Ríos la relación con China es muy importante, en términos económicos, políticos y culturales. Así, el gigante asiático se ha transformado en el principal socio comercial de Entre Ríos, ya que alrededor del 30% de las exportaciones de nuestra provincia (apícolas, avícolas y agrícolas) tienen como destino el mercado chino.

Más allá de los números y de las estadísticas, es innegable que hoy el mundo entero presta cada vez más atención a este gigante del Asia.

Gustavo Patricio Tarragona

Politólogo

gptarragona@gmail.com

Comentá y expresate