La recesión que atraviesa la Argentina, en medio de un proceso inflacionario y devaluatorio, afecta de lleno a los sectores productivos. La construcción es uno de los rubros donde impacta fuerte la crisis y queda en evidencia ante la contracción del ritmo de obras, no sólo por el recorte del sector público, sino también por parte del privado que, básicamente, no tiene financiamiento para afrontar una millonaria inversión. En este sentido, los propios actores de la cadena hablan de 2019 como el “peor año” de la última década.

Miguel Pérez, vicepresidente segundo de la Delegación Entre Ríos de la Cámara Argentina de la Construcción (CAC), dialogó con Dos Florines y advirtió que la actividad privada en las provincias mermó más de la mitad y que a nivel local se siente significativamente. “En el interior del país las obras públicas representan un 65% del total de la construcción, mientras que un 35% son privadas. Hoy esta actividad privada cayó por lo menos un 50%”, consideró.

Según señaló, muchas obras se paralizaron y otras continúan sólo gracias al financiamiento propio de unos pocos emprendedores. “En Paraná debe haber unas 30 obras en ejecución de edificios de altura de más de tres pisos. En 2014 había unas 130 obras”, comparó. En este sentido, reconoció que hace cinco años había inflación, pero “los poderes adquisitivos eran diferentes a lo que es hoy”. “Podías hacer un complejo de cinco o seis duplex en un terreno y tenías mercado para venderlo porque la gente hacía el esfuerzo y le alcanzaba", analizó.

Inversiones

De los emprendimientos privados en ejecución en la capital provincial y alrededores, el empresario destacó que se trata de la construcción de pequeños departamentos. Recordó que ante la prohibición de levantar barrios privados por disposiciones legales, la alternativa es encarar este tipo de proyectos de edificios en altura de más de cuatro pisos para el sector ABC1, con una o dos habitaciones.

"Generalmente son inversores locales", indicó respecto de quiénes llevan adelante los proyectos, y negó que lleguen masivamente inversiones de afuera. "Santa Fe tiene un mercado de alquiler para 100 mil estudiantes en el año. Paraná tiene una plantilla estudiantil de 10 mil. Por eso Santa Fe tiene el desarrollo que tiene. De hecho, tiene más construcciones nuevas para estudiantes Oro Verde", comparó.

En este contexto difícil, Pérez analizó las incertidumbres que se presentan para encarar una obra. Por un lado, que el financiamiento sea suficiente. “En un plazo normal de dos años para un edificio, lo caro de la obra está al final. Después del 30% de la estructura, el 70% se pone en el último año de la ejecución. Si no tenés ese colchón necesario para hacerla, se hace esperar”, contó.

En esta misma línea, planteó que una incógnita para el inversor actual es “terminarlo para qué si no tenés quién te lo compre". "Lo terminás porque no podés tener una estructura parada, pero lo hacen con tranquilidad porque hoy el mercado no es nada claro y las propiedades no tienen precio", sostuvo.

Falta de financiamiento

La problemática del financiamiento es central en la contracción de la industria del ladrillo. “Ha sido el peor año en los últimos 10 en lo que es venta y escritura de departamentos. Hoy a la obra privada la puede hacer aquel que tenga financiamiento propio para seguir avanzando en los términos que se hacen. La obra privada, cuando más rápido se hace, mejor”, apuntó Pérez.

Al respecto, cuestionó que las altas tasas bancarias superiores al 70%, sumado a la escasez de oferta. “No hay préstamos que le sirvan al comprador ni al emprendedor para financiar”, manifestó. Asimismo, lamentó que quedaron inutilizados los programas de créditos hipotecarios UVA que impulsó el Gobierno nacional durante los dos primeros años de su gestión. La brecha con los salarios atrasados terminó por afectar la demanda.

“Cambió la relación de los ingresos con respecto al costo de la vivienda. Los sueldos subieron por la escalera y los precios subieron por ascensor. Hoy el sector que puede comprar una vivienda es el ABC1. No hay otro sector que tenga posibilidades ni económicas ni a través de préstamos para acceder a una vivienda”, sintetizó a Dos Florines.

Altos costos

A los graves problemas macroeconómicos del país, que quitan previsibilidad para iniciar un proyecto, se suman altos costos, sobre todo de insumos básicos, que dejan afuera a los pequeños inversores. “Tenés materiales que acompañan directamente el dólar y hasta lo superaron, como el caso del hierro o aluminio y sus derivados. Hay otros que tienen un valor como la bolsa de cemento que siempre va a oscilar entre 7 u 8 dólares”, indicó.

Sin embargo, para Pérez “el aumento de la construcción todavía no se notó, porque tampoco se definieron los precios; no tenés precios seguros”. “Va a llegar un momento en que la oferta va a superar a la demanda y los precios van a tener que bajar. La dolarización de los precios en la construcción siempre existió, pero con la suba del dólar ha bajado”, reflexionó.

Finalmente, consultado sobre la incidencia en el costo final de la mano de obra respecto de los materiales, aseguró que en 2015 era en promedio del 55% para el primero y del 45% para el otro. "Hoy debe ser 60% insumos y mano de obra 40%", afirmó. En este sentido, lamentó: "Siempre el hilo se corta por lo más delgado. El ajuste más grande se vio en los salarios. La gente que trabaja en la construcción es la que más ha sufrido en relación a los insumos".

Fuente: Dos Florines

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