Los huesos hallados en la estancia La Candelaria de Crucesitas Séptima -Nogoyá- podrían comenzar a responder el misterio en torno a la desaparición de la familia Gill en 2002. O no, porque todo depende de lo que se desprenda de las pericias que se practican por estos momentos sobre los restos óseos hallados en las excavaciones durante el lunes y martes.

En contacto con el Nueve, el médico forense Luis Moyano explicó que, en ciertas ocasiones, a simple vista puede distinguirse si un hueso es humano o animal: "Primeramente hacemos un observación situ, a través de la vista. Pero si son pequeños es más difícil y entonces se hace ADN para saber si es animal o humano".

El experto agregó además que la técnica, en caso varía: "También se usa la anatomía patológica, es decir, se hacen cortes histológicos y el anatomopatólogo puede saber si es humano o no".

Los especialistas tienen más posibilidades de distinguir un resto ósea humano si es grande: "Si no se puede se usan los otros recursos. El paso del tiempo no dificulta, excepto que estén muy rotos".

Cada proceso lleva su tiempo. Si bien hay plazos estimados, Moyano no se aventuró a establecer una fecha precisa en la que se podría saber si los restos son o no de algún integrante de la familia Gill.

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