Leandro Busatto tiene 41 años y está transitando su décimo aniversario ininterrumpido como diputado provincial de Santa Fe. Es la consecuencia de un intenso trabajo territorial de "Kiko", como lo conocen en su provincia: desde adolescente, cuando se fue de misionero jesuita a Santiago del Estero y en el Impenetrable chaqueño, hasta su etapa universitaria, afiliándose a la Juventud Peronista seducido por un Néstor Kirchner al que le atribuye el haber terminado con el "peronismo vergonzante" de los '90.

Recibido de abogado, continuó en el sendero político como delegado del Comité Federal de Radiodifusión (Comfer) y en 2011 llegó a la legislatura provincial, encabezando la lista del Frente para la Victoria bajo la mirada aprobatoria de Agustín Rossi. Hoy, cree que la pandemia ofrece un momento ideal para definir un proyecto de país. Un proyecto que según su mirada requiere de "muchos nombres propios y de mucha militancia", pero que tiene una cabeza ineludible: Máximo Kirchner.

-¿Cómo ve la respuesta política a la pandemia?

-Creo que el Estado argentino tuvo una respuesta contundente. Alberto Fernández recibió un país prácticamente en bancarrota, con una deuda externa muy compleja. Pese a eso, y sin desligarse de la mochila, hubo un Estado presente que brindó ATP's para 307 mil empresas, IFE's para nueve millones de personas, aumentó las jubilaciones y la AUH, y logró que dos millones y medio de jubilados vuelvan a tener medicamentos gratuitos. También hizo crecer en más del 50 por ciento la estructura sanitaria del país.

Sin embargo, la mayoría de la oposición argentina, particularmente la vinculada a Juntos por el Cambio (JxC), empeoró su visión de entender la política. Se manifestó como una derecha dura, políticamente incorrecta y con afán de bloquear cada iniciativa que pudiese redundar en beneficio de los argentinos.

Entienden a la pandemia como un tema de disputa política, sin dimensionar el drama que se vive. Y creo que un buen sector de la sociedad, minoritario en número pero de gran influencia y peso económico, se ha vuelto más egoísta y con menos solidaridad de la que se debiera tener.

La pandemia no logró que los poderosos cambiasen su visión del mundo en sociedad.

Juntos por el Cambio empeoró su capacidad de entender la política. Se manifiestan como una derecha dura y políticamente incorrecta, que entienden la pandemia como un terreno de disputa, sin dimensionar el drama que se vive.

-Menciona a la oposición de JxC, pero en Santa Fe está también el Frente Progresista que lidera el socialismo: ¿Los ubicaría en la misma línea?

-Creo que la oposición de Santa Fe tiene un escenario más diverso, con tres actores bien definidos. El Frente Progresista es la oposición con mayoría, compuesta por un arco complejo y variado en términos ideológicos. Pero el problema más grande que tuvo el Frente Progresista fue el de no darse cuenta de que no gobernaba más.

Y con un agravante: cuando no entendés que ya no estás gobernando y conservás a la vez un poder institucional, como es el de la presidencia de la Cámara de Diputados, con una mayoría para bloquear iniciativas parlamentarias, se empieza a transitar el peligroso juego de hacer que el gobierno no avance en situaciones que redundan en favor de la sociedad.

-¿Qué es lo que más le preocupa de los proyectos trabados en Diputados?

-Hay dos iniciativas que me parecen centrales por su repercusión directa en la sociedad: la que busca modificar las leyes de seguridad para generar un nuevo marco jurídico, y aquella referida a la conectividad digital.

La pandemia puso de relieve que la Argentina es un país extremadamente injusto en cuanto al acceso a la tecnología y Santa Fe no es la excepción. Somos la segunda provincia económicamente importante pero la decimoprimera en niveles de conectividad. Necesitamos que el Estado genere un proceso de inclusión digital para que los pibes puedan tener educación virtual, para que la gente pueda acceder al teletrabajo y para que la provincia esté conectada de punta a punta.

Por eso la importancia de todas estas propuestas, y creo que debemos tender más puentes para que el oficialismo y la oposición generen un proceso de convivencia más tolerable y pacífico.

El problema más grande que tuvo el socialismo fue no darse cuenta de que no gobernaba más. Como conservan una mayoría para bloquear iniciativas parlamentarias, empiezan a transitar el peligroso juego de hacer que el Gobierno no avance en situaciones que redundan en favor de la sociedad.

-¿Lo ve posible?

-Sí. El diálogo ha ido de menor a mayor. Este año es complejo, porque además de la pandemia hay elecciones, algo que siempre genera mayor tensión. Pero la verdad es que estamos acortando las distancias. Me parece algo bueno, porque sino la política se vuelve un ámbito demasiado alejado de la gente, que se mira el ombligo y discute pequeñeces.

-Pero las elecciones de medio término son una realidad. ¿Cómo las están encarando?

-Como una instancia a ganar para contribuir en el desarrollo iniciado por Alberto Fernández. Se trata de un proyecto de país en el que las provincias tienen un rol central. Por eso es importante resaltar con votos la gestión de Omar Perotti.

El peronismo tiene que abrir los brazos y salir a la calle poniendo todo lo necesario para ganar.

-Más allá de los nombres...

-Es que primero está la estrategia y después los nombres. Si hay alguien que tiene en claro eso es la propia Cristina y Máximo Kirchner. Son los dirigentes más importantes de nuestro espacio político y ambos se corrieron de los puestos más codiciados, pese a que fueron quienes iniciaron todo este proceso.

-¿Qué opinión tiene de Máximo Kirchner?

-Máximo es un dirigente que no tiene techo y está llamado a conducir nuestra generación. Tiene todo por delante y demostró que usó su tiempo, no para jugar a la play, como muchos ridiculizaron, sino para pensar a la Argentina de los próximos 20 o 30 años.

Máximo encarna la continuidad de un proyecto político que nació con Néstor y con Cristina, y además tiene una visión de país a largo plazo. Lo conocí hace un par de años y quedé sorprendido. Creo que tiene la visión del país que se debe construir.

Es paradójico, pero aquellos que lo acusaban de estar jugando a la play eran quienes en realidad estaban timbeando.

-¿Cómo es ese país que imagina?

-Parte desde el peronismo, pero con una visión de apertura total para que la Argentina crezca desde afuera hacia adentro y desde abajo hacia arriba.

Un país mucho más federal, reconstruido sobre la base de las economías regionales y de las pymes. Un país que discuta más allá de la General Paz y de los tres millones de porteños. Implica pensar un país distinto y Máximo encarna esa discusión.

Atrás de él hay además toda una generación de compañeros referenciados en Néstor y en Cristina. Y eso es interesante, porque yo formo parte de una generación que llegó al peronismo cuando era vergonzante. El PJ de los '90 estaba alineado con los intereses neoconservadores que se debatían en el mundo, mientras que el peronismo posterior a Néstor y Cristina genera orgullo, con sus aciertos y sus errores.

Máximo es un dirigente que no tiene techo y está llamado a conducir nuestra generación. Tiene todo por delante y demostró que usó su tiempo, no para jugar a la play como muchos ridiculizaron, sino para pensar a la Argentina de los próximos 20 o 30 años. Es la continuidad del proyecto de Néstor y Cristina

Por eso Máximo tiene una oportunidad histórica, porque logró emerger en un peronismo con un anclaje ideológico mucho más consecuente con su historia. Y con todo un capital político construido nada menos que por sus padres. No tiene ni siquiera que conformar una fuerza propia. Máximo le dio nuevo oxígeno a la fuerza política que inició Néstor.

Y en Santa Fe somos muchos que lo acompañamos: diputados nacionales y diputados provinciales, intendentes y presidentes comunales, concejales, ministros... pero fundamentalmente hay mucha militancia.

-Pensando en el modelo de país que mencioná, ¿cómo ve las decisiones que se tomaron sobre Vicentín y la Hidrovía?

-Vicentín es el símbolo de un modelo económico que no puede funcionar más. Muestra el modelo de la timba, de la estafa y de la connivencia entre funcionarios públicos y empresarios inescrupulosos. Fue una estafa con un nivel de inmoralidad tremendo, con un perjuicio enorme de la economía santafesina y argentina, y sin embargo terminó visto como un simple botín de disputa política entre sectores.

Recuperar la Hidrovía también es central. Estamos ante el fin de una era de mucho perjuicio para la Argentina. No por casualidad están terminando muchas leyes y concesiones importantes.

Por eso hay que tomar todas estas situaciones para repartir y dar de nuevo. Para construir un país con un basamento fuerte en lo productivo y bajo nuevas lógicas. Es fundamental hacer leyes para que la economía pyme sea la que termine progresando. Eso es lo que hay que volver a discutir.

-¿Qué opinión te merece la salida de Marcelo Saín del gobierno y su situación actual en el MPA?

-Es un tema complejo. Hay que evaluar cómo llega Sain a ser ministro de Seguridad. La provincia de Santa Fe vive desde hace 15 años en una aparente calma institucional, bondadosa y democrática. Pero creo que bajo esa aparente "convivencia democrática" hubo una relación de promiscuidad entre política, poder judicial y policía que llevó a un escenario de ingobernabilidad de la seguridad en la provincia de Santa Fe.

En algunos lugares y en algunas épocas pasadas, cuando gobernó el peronismo, ese acuerdo de convivencia estaba institucionalizado. El peronismo, el radicalismo y el socialismo, en menor medida, tenían pautada la convivencia con el poder judicial. Sin embargo, cuando entró en vigencia el nuevo sistema procesal penal, implementado en 2014 por el Frente Progresista, se profundizaron los acuerdos políticos partidarios con la justicia.

La provincia de Santa Fe vive desde hace 15 años en una aparente calma institucional, bondadosa y democrática. Pero creo que bajo esa aparente "convivencia democrática" hubo una relación de promiscuidad entre política, poder judicial y policía que llevó a un escenario de ingobernabilidad de la seguridad.

La llegada de Saín tuvo que ver con frenar todo eso. Era una persona disruptiva para tensionar la "calma" institucional. Para terminar con un mal no solo inmoral, sino también de resultados. Porque Santa Fe se consolidó como la provincia más insegura de la Argentina y con no menos de 50 funcionarios del poder político, todos ellos profundamente vinculados con el socialismo, enquistados en lugares claves de la Justicia.

Quizá Sain fue muy disruptivo y no lo haya hecho del mejor modo, pero está claro que tensionó la calma. Y con Lagna esto va a seguir, porque es un camino del que no se puede volver atrás. Probablemente tenga que mejorar la forma y la comunicación, con mejores acuerdos políticos. Pero si no se vuelve a un real escenario de separación de poderes, vamos a seguir cayendo en los mismos problemas de siempre.

-¿Qué hace falta para disminuir los niveles de violencia y crimen organizado?

-Santa Fe tiene un problema mucho más profundo de lo que parece. No es una cuestión de separar a un fiscal o a un policía corrupto. Es un proceso que creció sobre la base de acuerdos que consolidaron a la corrupción como parte del propio sistema.

Hacer acusaciones infundadas es grave. Pero también lo es desconocer los hechos. No puedo acusar al gobierno anterior de complicidad con el delito, pero es la primera vez en la historia de la provincia que se puso a un jefe de drogas peligrosas a cargo de la policía. ¿Cómo terminó? Con Tognoli preso y el tráfico de estupefaciente liberado en la provincia de Santa Fe.

Hacer acusaciones infundadas es grave. Pero también lo es desconocer los hechos. No puedo acusar al gobierno anterior de complicidad con el delito, pero es la primera vez en la historia de la provincia que se puso a un jefe de drogas peligrosas a cargo de la policía. ¿Cómo terminó? Con (Hugo) Tognoli preso y con el tráfico de estupefaciente liberado en la provincia de Santa Fe.

¿Esto implica que Bonfatti sea el responsable? No. La decisión política puede haberse tomado pensando que era la mejor, pero queda claro que cuando le das cierta autonomía a la policía, o cuando gobernás creyendo que la policía es aliada tuya, y que un pacto de gobernabilidad se genera sobre la base de concesiones recíprocas, te estás equivocando.

Supongamos que no fueron corruptos, pero entonces fueron muy malos y permitieron que todo esto ocurriera.

Fuente: Gustavo Schnidrig

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