Jésica Minaglia, docente de 30 años oriunda de Rosario del Tala, fue hallada asesinada a golpes en su casa de la localidad Comandante Luis Piedrabuena, Santa Cruz, el miércoles 15 de abril al mediodía. La Justicia caratuló la causa como presunto femicidio -el primero de esa provincia en plena cuarentena- y ordenó la detención de su ex, el cabo primero Pablo Núñez, de 37 años, también entrerriano de origen, si bien ambos se habían conocido en el sur del país.

"La encontró mi madre. Fue a su casa porque la expareja de mi hermana, un policía de acá del pueblo pero que es de Sauce de Luna -departamento Federal- la llamó para decirle que Jésica no contestaba a sus llamados y él tenía que ir a llevarle el hijo que tienen en común -de 2 años y 9 meses-. Cuando llegó, al abrir la puerta, encontró el cuerpo de mi hermana sin vida en el comedor todo ensangrentado", relató a AHORA el hermano de la víctima, Joaquín Minaglia, que encabeza la lucha por justicia junto a su familia en Santa Cruz.

Las pericias revelaron que "ella murió de una fractura de cráneo y hemorragia interna en la cabeza producto de un golpe con un elemento contundente que todavía no han encontrado", señaló.

El hermano también contó que víctima y victimario "estuvieron juntos más de 15 años y se habían separado hacía tres semanas". "Ellos se conocieron y vivían en Santa Cruz, pero como son de allá habitualmente todos los años vacacionaban en Entre Ríos, algunos días en Sauce, otros en Tala, de donde son mis padres; allí nacieron dos de mis hermanos y tenemos familiares", indicó en diálogo con AHORA.

"Nuestro interés es que desde Entre Ríos también nos ayuden a hacer presión social para que los tiempos legales no se vuelvan extensos y el hecho llegue a esclarecerse", concluyó Joaquín Minaglia.

Cuando el hecho se conoció la semana pasada, causó conmoción en Santa Cruz y buena parte de la Argentina. Incluso, el 20 de abril en Comandante Luis Piedrabuena hubo una marcha a pesar del aislamiento social, preventivo y obligatorio que rige en todo el país, en pedido de que el caso no caiga en la impunidad.

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<p>Foto: La Nación</p>

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EL DRAMÁTICO PASO A PASO

La periodista Mariela Arias, corresponsal desde El Calafate, reconstruyó para La Nación cómo fueron los minutos cruciales, antes, durante y después del femicidio.

Nélida González, madre de Jésica, fue quien la encontró muerta el miércoles pasado a la una de la tarde. Ella tuvo que avisarle a la policía, en medio de un escenario atroz. Al intentar entrar en la casa de su hija, la puerta se trabó y a través de una hendija vio una imagen espantosa. "Toqué el picaporte y la puerta se abrió 10 centímetros. Sentí que chocaba contra algo y por la hendija vi su mano extendida, bañada en sangre, y el pelo que colgaba sobre un sillón, que es bien blanco, pero estaba todo rojo", relató a La Nación.

Minutos antes, la expareja de Jésica, Pablo Núñez, cabo 1° de la Policía de Santa Cruz, había llamado por teléfono a Nélida para decirle que su hija no respondía sus llamadas y que él debía llevarle a su casa al hijo que tenían en común. La pareja se había separado recientemente, según detalló la familia. La mujer se ofreció a ir hasta la casa de su hija y lo hizo acompañada por su hijo menor.

Ellas se habían visto el día anterior. La maestra estaba de buen humor y había ido a visitar a su madre porque ella no tenía Internet en su casa y debía enviar la tarea a sus alumnos de segundo grado de la Escuela Provincial Primaria 93, donde daba clases. Pasaron la tarde juntas, y Jésica se ofreció a realizarle las compras. Le comentó que esa noche su hijo iba a quedarse con el padre.

Nélida enviudó de su esposo hace tres meses. La profesión de su marido, que era militar del Ejército, los trajo a esta parte del sur del país desde Entre Ríos. La mujer vive en Piedrabuena con un hijo adolescente y Jésica era su apoyo emocional tras haber quedado viuda.

Esa noche previa al descubrimiento del drama Nélida no podía dormir; recién pudo hacerlo entrada la madrugada. Ahora recuerda que entró varias veces a ver el estado de WhatsApp de su hija para escribirle, pero no la vio conectada.

A la mañana siguiente la llamó, a las 11, pero el teléfono daba apagado. No se preocupó. A las 12.59 recibió la llamada de su exyerno, quien le dijo que Jésica no le respondía los mensajes y que él necesitaba llevar al niño de regreso con la madre.

Ella fue hasta la casa de su hija. Al bajar del auto vio las luces de la casa encendida -inexplicable, en pleno mediodía-, escuchó ladrar fuerte a la caniche toy de Jésica y oía las voces que salían de la transmisión de TV, pues el aparato estaba encendido. La llave estaba colocada del lado de adentro. Al intentar abrir se encontró con el horror.

"Corrí al auto de mi hijo y le grité '¡Jésica está muerta, llamá a la policía!'", recuerda hoy. El patrullero de la policía llegó a los pocos minutos. También lo hizo Núñez. Él intentó entrar, pero sus compañeros lo retuvieron. Minutos después lo llevaron detenido.

La jueza de Puerto Santa Cruz Noelia Ursino, a cargo de la instrucción, caratuló la causa como presunto femicidio y tomó personalmente las declaraciones testimoniales de un caso que en solo cinco días acumula más de dos cuerpos. Fuentes judiciales confirmaron a La Nación que se aplicó al caso el protocolo previsto para los femicidios, en tanto que confirmaron que la hipótesis de un eventual suicidio está totalmente descartada.

Núñez, detenido desde el miércoles pasado, fue llamado a indagatoria, pero se negó a declarar. Le secuestraron su arma reglamentaria. En las últimas horas se ejecutaron múltiples medidas probatorias que incluyeron la utilización de canes rastreadores, que siguieron las huellas de sangre encontradas en el lugar, dentro y fuera de la vivienda, escenario del crimen.

La autopsia, realizada el jueves en Río Gallegos por el médico forense de la Justicia, dio como resultado que la muerte se produjo por traumatismo encefalocraneano. Según fuentes con acceso a la causa, la maestra sufrió más de un golpe en la cabeza. La jueza tiene ahora 10 días para resolver la situación procesal de Núñez, que permanece detenido en una comisaría de la ciudad.

Fuentes judiciales aseguraron a La Nación que la causa se lleva adelante con absoluta dedicación y control, más aun porque un policía está involucrado como sospechoso de un crimen aberrante. Tras la muerte de Minaglia llegaron a Piedrabuena dos hermanos de la joven que viven en General Acha, La Pampa. Uno de ellos es policía y en las próximas horas se presentará como querellante en la causa.

La familia Minaglia expresó que está confiada en la investigación; lanzaron una campaña para que se sumen testigos que puedan brindar información sobre lo ocurrido en las últimas horas que Jésica estuvo con vida y acompañan cada acción que se genera para pedir justicia por la maestra.

A la campaña de grupos feministas locales se sumó el gremio docente -que aportó el abogado para la familia-, en tanto que circulan videos con mensajes de personalidades públicas en los que se pide justicia por Jésica, con el fin de ayudar a visibilizar al primer femicidio durante la cuarentena en Santa Cruz.

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