Blas Wilfredo Omar Jaime se lee en la documentación del Registro Civil. Agó Acoé Inó es el nombre que lo identifica en el idioma chaná. Pasó más de 70 años en silencio, guardando en su memoria la cultura ancestral de su pueblo, hasta que, por casualidad, se enteraron que era el reservorio de esas tradiciones y lo "obligaron" a enseñarlas.

Ya superó los 100 años de vida según el calendario chaná -compuesto por 11 lunas, con 308 días por año- y según el registro occidental tiene 84 años. Hace alrededor de 13 años rompió la barrera que lo mantenía oculto y logró recordar más de mil palabras.

Día de la Raza vs. Día del Respeto a la Diversidad Cultural

"Nos enseñaban de niños que no habláramos con nadie. Mi abuela nos decía: 'Tu mejor amigo que hoy juega contigo, mañana es tu enemigo y puede salir a divulgarlo'", contó Blas en diálogo con AHORA. Por aquel entonces se hablaba de descubrimiento de América y no de conquista. De la llegada de la civilización y no de genocidio o culturicidio. Se hablaba de Día de la Raza y no de Día del Respeto a la Diversidad Cultural.

El Día de la Raza o Fiesta de la Raza fue instaurado entre 1912 y 1913, por iniciativa de un español. La celebración propuesta por la asociación Unión Ibero-Americana de Madrid, por inspiración de su presidente, exalcalde de Madrid y exministro Faustino Rodríguez San Pedro, indicaba en una hoja difundida a principios del siglo XX que se buscaba conmemorar "la fecha del descubrimiento de América, en forma que a la vez de homenaje a la memoria del inmortal Cristóbal Colón, sirva para exteriorizar la intimidad espiritual existente entre la Nación descubridora y civilizadora y las formadas en el suelo americano, hoy prósperos Estados".

En Argentina, la efeméride fue instaurada en 1916 a través de un decreto del presidente Hipólito Yrigoyen. En 2010, por medio de un decreto de la presidenta Cristina Fernández, el feriado del 12 de octubre pasó a denominarse Día del Respeto a la Diversidad Cultural, a partir de un proyecto que el Inadi impulsó desde 2007.

"No querían que se supiera que éramos chaná, porque en esa época éramos más discriminados que ahora. Ahora también, en cierta forma, somos discriminados, pero no tanto. Yo no me siento discriminado", manifestó Blas.

El último chaná

Hoy, Blas Jaime ostenta el título de ser el último chaná parlante. No es que no haya más descendientes de ese pueblo; lo que sucede es que él es el último que aún conoce el idioma y, con este, numerosas tradiciones de su pueblo.

"Cuando se enteraron que yo era chaná y que conocía el idioma, me contactaron periodistas y un investigador del Conicet. Entonces me puse a buscar otros descendientes a través de programas de radio y con publicaciones en diarios, pero no apareció nadie", contó.

"Yo pensaba que lo que yo sabía se conservaba en muchas familias, porque la costumbre chaná es transmitir la cultura a una persona, como un reservorio de la cultura y la historia, para que no se perdieran; porque esa persona, que siempre era mujer, hacía de jueza ante posibles problemas". Pero Blas era el único. Su abuela le transmitió el saber a él, tras la muerte de sus hermanas.

Claro que había quienes veían con dudas y cierto descreimiento el conocimiento que albergaba. ¿Cómo comprobar que las palabras que recuerda pertenezcan efectivamente a una lengua de la que prácticamente no hay registros? El lingüista del Conicet José Pedro Viegas Barros entrevistó numerosas veces a Jaime y certificó que su conocimientos son verdaderos.

El licenciado en Letras "hizo investigaciones que aprueban que esa lengua que yo hablo es chaná. Por ejemplo, yo decía que los perros eran mudos -les cortaban las cuerdas vocales, por lo que no emitían ladridos, para utilizarlos en la guerra sin ser descubiertos por los enemigos- y él vio en libros de historia que había pueblos antiguos que también tenían perros mudos. Lo que yo repetía estaba escrito, entonces se demostró que lo que decía era verdad". "Además, yo no podía inventar semejante historia y un diccionario completo sin haber ido a la escuela", aseveró.

"Quiero que se enseñe en las escuelas primarias"

Esparcida la noticia de que conocía la lengua, lo "obligaron, amistosamente", según él mismo narra, a transmitirla. "Como se daba por extinguido al pueblo Chaná y el idioma era casi totalmente desconocido, tenía que hablar y empezar a enseñarlo", señaló.

Gracias a Viegas Barrios "pude hacer un diccionario con la gramática. Porque yo había hecho diccionarios bilingües chaná-español y español-chaná, pero no fui a la escuela primaria", reconoció. El lingüista desarrolló la gramática en base a las palabras y las indicaciones que Blas le contaba.

"En un primer momento recordaba entre 600 y 800 palabras. Actualmente ya superé las mil, porque voy recordando más. Hay vocablos de uso múltiple que combinados con otras palabras forman una nueva". "Lo estoy enseñando para que no se pierda y para que en el futuro se enseñe en las escuelas primarias" de Entre Ríos o de la Argentina. "Lo estoy enseñando para que no se pierda y para que en el futuro se enseñe en las escuelas primarias"

"No somos rencorosos"

"Me siento orgulloso de ser argentino, entrerriano y nogoyaense", aseguró Blas y puntualizó: "He intentado dar la vida por Argentina". Sus palabras llaman la atención y reflejan su sabiduría: "Sería algo muy injusto odiar a un blanco, solo porque desciende de los que nos quitaron la tierra".

Los billetes de 100 pesos aún en circulación muestran el rostro del expresidente Julio Argentino Roca y recuerdan la "Campaña" o "Conquista del desierto" realizada en 1879, con un saldo de al menos 14.000 habitantes originarios muertos o tomados prisioneros. Este es solo un ejemplo, entre tantos.

"Tratamos de acostumbrarnos y no somos rencorosos, porque los que están ahora no tienen la culpa del genocidio y culturicidio que se cometió cuando mataron a entre 60 y 80 millones de americanos. Nosotros no le guardamos rencor a ninguna persona, porque no tiene nada que ver", cerró Blas.

Mirá la entrevista completa

Embed

Aparecen en esta nota:

Comentá y expresate