La desaparición del avión en el que viajaba Emiliano Sala tuvo en vilo a todo el mundo, desde sus vecinos del pueblo Progreso, en Santa Fe, hasta futbolistas como Mbappe y Lio Messi. Este domingo se confirmó la noticia que nadie deseaba escuchar: la aeronave en la que viajaba fue encontrada en el fondo del Canal de la Mancha.

El 21 de enero, el delantero se embarcó en un avión privado Piper PA-46 Malibu, con capacidad para cinco personas. La aeronave tenía un motor, era manejado por un solo piloto y estaba equipada con turbohélice.

La aeronave, matrícula N264DB, se fabrica desde 1980. Tiene espacio para seis personas (el piloto y cinco pasajeros) y alcanza una velocidad superior a los 400 kilómetros por hora. Por las dimensiones que tiene, los investigadores se habían encontrado con un problema: no tenía caja negra.

El piloto que estuvo a cargo del vuelo no era Dave Henderson, como se habló en una primera instancia, sino que se trataba de David Ibbotson. Tal como lo informaron medios ingleses, el comandante tenía una licencia privada para transportar pasajeros pero no contaba con una cédula comercial.

A la serie de irregularidades se suma que el piloto tampoco estaba habilitado para volar de noche -tal como fue el caso de Sala- y que no contaba con autorización para hacerlo con instrumentos. En otras palabras, Ibbotson solo podía hacer vuelos en los que no perdiera referencia visual con el terreno.

Según publicó The Sun, Ibbotson estaba endeudado por lo que trabajaba además como DJ y plomero para financiar su pasión por los aviones. "Siempre pensé que era mejor plomero que piloto", confió un amigo suyo al diario inglés.

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